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lunes, octubre 04, 2021

El Método

Uno de los rasgos distintivos de la economía es el método desarrollado para el estudio del problema económico, el problema de elegir entre diversas alternativas de forma tal que ninguna necesidad que se considera más urgente quede insatisfecha porque los medios para hacerlo se destinaron a la satisfacción de necesidades menos urgentes. El método empleado para abordar el estudio de este formidable problema es el mismo método de la praxeología: las construcciones imaginarias. Veamos algunos detalles de este exclusivo método praxeológico.

Siguiendo a von Mises, "...una construcción imaginaria es una imagen conceptual de una secuencia lógica de eventos que evolucionan a partir de elementos de acción empleados en su formación. Es un resultado1, un producto deductivo últimamente derivado de la categoría fundamental de acción: el acto de preferir-descartar, aceptar-rechazar1, incluir, excluir1..." Según esta definición, al pensar un problema económico se debe recurrir a una imagen puramente mental (llena de abstracciones) de la acción real para de dicha imágen obtener deductivamente alguna enseñanza sobre la acción humana.

Este detalle metodológico da cuenta del carácter estrictamente lógico de la ciencia económica, carácter que se hereda de la cualidad invariable de la conducta humana: la intención, el propósito de sus actos capturado por la categoría fundamental de acción. La certeza cognitiva del punto de partida es la fuente de verdades apodícticas implícitas en la construcción imaginaria. El conocimiento que ella genera es absoluto, de validez universal; no es tentativo o circunstancial como el obtenido del método de las ciencias naturales.

von Mises sostiene: "...La praxeología, la economía en particular1, a diferencia de las ciencias naturales, no puede basar sus enseñanzas en experimentos de laboratorio y la percepción sensorial de objetos externos; la praxeología tuvo que desarrollar métodos totalmente distintos a los de la física y la biología. Es una enorme torpeza buscar analogías de construcciones imaginarias en el campo de las ciencias naturales. Las construcciones imaginarias no se pueden confrontar con la experiencia de cosas externas, ni pueden ser evaluadas en base a la experiencia. Su función es servir al hombre en un escrutinio que no puede depender de sus sentidos..." Concretamente, esta noción ratifica de qué no está hecha una construcción imaginaria: no contiene representaciones de objetos externos ni colecciones de datos empíricos.

Sabiendo que estas imágenes son productos deductivos derivados de la categoría fundamental de acción y que no representan objetos ni datos empíricos, es posible distinguir si un estudio particular es praxeológico o no, es económico o no. Una investigación que se basa en observaciones de eventos externos, un registro de los mismos, la elaboración de datos con experimentos estadísticas y el postulado de modelos que los expresa y describe, no es un estudio praxeológico ni económico. En último caso este sería un estudio histórico, un registro de lo que pasó a la vista de los sentidos y el interés de un observador particular. Si se dice ser económico, sería un intento esteril para conocer el verdadero problema económico.

von Mises agrega: "...La fórmula principal para diseñar una construcción imaginaria es abstraerse del funcionamiento de algunas condiciones presentes en la acción real. Así se está en posición de capturar las consecuencias hipotéticas de la ausencia de estas condiciones, para luego concebir los efectos de su existencia. Así se concibe la categoría de acción construyendo una imágen de un estado de cosas en el cual no hay acción, ya sea porque el individuo está completamente satisfecho o porque él desconoce una forma de proceder de la cual se espera una mejora en el estado de satisfacción..."

Otros ejemplos de construcción imaginaria son: el sistema de mercado puro que permite concebir los efectos de la compulsión y coerción, el socialismo que permite concebir la operación de una sociedad con libre mercado, el individuo totalmente aislado que permite concebir la acción como intercambio puro, el intercambio directo puro que permite concebir el intercambio indirecto, la indiferencia temporal del momento de la acción sobre la satisfacción que permite concebir el interés originario, el estado de equilibrio económico que permite concebir el estado permanente de insatisfacción, entre otros. Cada uno de ellos se elabora y sirve de la misma manera: abstrayendo la operación (el funcionamiento) de condiciones en la situación estudiada para de ahí inferir lo que ocurre en esa situación.

De la base conceptual del método se desprende que los estudios cuantitativos (matemáticos y estadísticos) no pueden ser estudios económicos. Las matemáticas y estadísticas no sirven para derivar enseñanzas económicas porque la categoría fundamental de acción es no matematizable y no medible. Ninguna expresión matemática o fórmula diferencial podrá expresar esa secuencia lógica de eventos derivados de aquella categoría fundamental de acción; ni tampoco lo hará una pila de datos estadísticos o históricos sofisticadamente ensamblados. Para las leyes de la economía, la causalidad emana del interior del ser humano y no puede establecerse desde el análisis numérico, cuantitativo. Así, el enfoque keynesiano, y sus variantes, no contribuye al conocimiento científico del fenómeno económico. Como tampoco lo hace cualquier otro enfoque distinto al praxeológico porque sus modelos no son construcciones imaginarias propiamente dichas.

Pero cuidado, el empleo de las construcciones imaginarias no es gratis ni neutral. Su aplicación puede tener elevados costos en términos de significancia y utilidad de sus conclusiones. von Mises lo advierte de esta manera: "...El es, por cierto, un método difícil de manejar porque puede fácilmente conducir a silogismos falaces. El se mueve por el filo de un doble desfiladero; sobre ambos lados yacen abismos de lo absurdo y lo ridículo. Sólo la despiadada autocrítica puede prevenir al hombre de una abrupta caída en estas profundidades abismales..." Hecha la salvedad, es atinado considerar El Método.


1 El contenido del énfasis está ausente en la fuente original y fue agregado por el autor de esta nota.
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viernes, septiembre 17, 2021

Enemigo de la Libertad

El hombre "libre" vive bajo el acecho de dos amenazas reconocidas. La primera proviene del interior de cada persona y se expresa como su predisposición natural a hacer daño a los demás para así obtener algún beneficio propio. La segunda, es mucho más sofisticada, formidable e implacable y proviene del poder monopólico de una criatura paradójicamente creada con la idea de evitar los daños entre las personas viviendo en sociedad; esta criatura es el estado, con su tentáculo operativo, el gobierno. El daño que un ser humano independiente puede hacer al resto, está siempre acotado por la capacidad humana para organizar autodefensa; un vándalo solitario sufrirá todos los castigos en su propio cuerpo si es atrapado cometiendo actos violentos. En contraste, la capacidad que tiene el estado, y los gobiernos, para hacer el mal es ilimitada pues es el monopolio de la violencia; si los vándalos se hacen del control del gobierno, podrán aplicar su violencia a discreción. Y esto es lo que finalmente ocurre. Pero, si los gobiernos son socialmente tan riesgosos y dañinos, cómo es que perduran en las sociedades contemporáneas.?

Un ser humano es libre, dice von Mises, si puede ejecutar su plan de vida, si puede elegir sus fines y arbitrar los medios para alcanzarlos, sin ser arbitrariamente interferido por los demás. Pero la libertad no es algo con lo que el hombre nace, no es un derecho natural a ser garantizado de alguna manera; no existe el hombre libre en el sentido metafísico del término. La libertad, dice von Mises, es una noción, un concepto, que puede aplicarse a la vida del hombre sólo en un contexto social. El ser humano se libera y es libre sólo viviendo en sociedad, creando un orden social bajo la división del trabajo que promueva y genere cooperación. La noción clave aquí es que no cualquier sistema de cooperación social produce libertad como subproducto necesario. Sólo el mercado, el capitalismo -la división del trabajo bajo propiedad privada de medios de producción- genera libertad. Cada persona se vuelve libre, actúa sin ser interferida por sus pares, vive sin ser violentada, vive para servir y ser servida para beneficiar y beneficiarse, es el disparador de prosperidad, sólo bajo el sistema social de mercado. Es esta libertad la que suele ser atacada por otros hombres ya sea actuando aisladamente u organizados a través del estado.

En contraste al sistema de mercado, un hombre actuando solitariamente o sirviendo bajo un sistema socialista, es un hombre no libre, porque vive bajo el yugo de violencia y amenazas permanente. La libertad de un humano solitario, autosuficiente, se acaba cuando su camino se cruza con el de otro humano más fuerte que él, quien lo somete y sólo le deja la rendición o la muerte como alternativas de acción. Además, a un peon que vive bajo un régimen socialista sólo le queda el suicidio como alterativa de acción; en un régimen socialista siempre se hace la voluntad del director; el resto, los súbditos, sólo reciben y obedecen órdenes e instrucciones. El mercado es el único sistema social que produce libertad.

Ahora bien, un hombre libre es un hombre próspero porque la libertad producida bajo el mercado es la condición esencial para generar excedentes de satisfacción, es lo que permite a cada persona servir y ser servido, permite establecer un complejo de relaciones humanas voluntarias mutuamente beneficiosas. Los compromisos y coordinaciones del accionar de las personas bajo la división del trabajo en el mercado permiten llevar al límite las posibilidades de prosperidad precisamente porque cada persona produce la dosis de libertad que requiere para actuar en consonancia con esa prosperidad adicional. Ese hombre libre puede extender y exprimir al extremo sus posibilidades de contribución social porque al hacer esto, se beneficia él mismo.

Entonces, si el mercado es el santo grial de la libertad y la libertad es un insumo básico de la prosperidad ¿Por qué las personas eligen alimentar una bestia que oprime sus libertades y destruye el mercado? ¿Por qué se busca en los gobiernos lo opuesto a lo que los gobiernos producen y ofrecen?.

La justificación minarquista de la existencia del estado, y sus gobiernos, supone que la propensión a la violencia innata en cada persona, se extiende en violencia generalizada ante cualquier manifestación de prosperidad derivada de la libertad. Mises sostiene que "...la paz, la ausencia de violencia de todos contra todos, sólo puede ser alcanzada si se establece un sistema en el cual el poder para ejercer violencia se monopoliza, se recluye, en un aparato de compulsión y coerción el cual aplica violencia en cada caso particular según leyes o reglas específicas creadas por el hombre, a diferencia de las leyes naturales y praxeológicas". Mises concluye que "...el implemento esencial de cualquier sociedad es la operación de este aparato que se llama gobierno".

De esta noción de Mises, surge que la única entidad habilitada para usar violencia en la sociedad es el estado. Es más, si el estado sigue estrictamente esas leyes creadas al aplicar violencia en cada caso que lo requiera, pues entonces se alcanza la paz como un derivado necesario de la libertad que cada persona produce en el mercado.

El problema con esta receta para alcanzar la paz y la prosperidad es que supone al gobierno, ese implemento esencial de la sociedad, integrado por máquinas, sin voluntad propia, que operan bajo el estricto cumplimiento de leyes creadas por el hombre a modo similar en que un autómata cumple y ejecuta las sentencias de un programa de ordenador.

Aún suponiendo que esas leyes hechas por el hombre son inmutables y autoevidentes, aun suponiendo que quien aplica la violencia es independiente de quien verifica el estricto cumplimiento de esas leyes, pues eso no anula el hecho de que los gobernantes son personas, imperfectas y falibles, con todas las bondades y calamidades de cualquier ser humano y, por ende, con toda la propensión para hacer el mal y actuar con violencia arbitraria como cualquier ser humano.

Ocurre que cuando los hombres de estado se encuentran al mando del estado, timoneando ese monopolio de compulsión y coerción, cuando se descubren en posición inmejorable para aplicar esa violencia que llevan consigo mismo pues ellos son ese monopolio -ninguna otra entidad social tiene ese poder-, ahí entienden que no hay incentivos para no aplicar violencia a discreción en vista a las recompensas que esa violencia les genera. El paso de ser un gobernante cuya conducta es neutral ante la ley a ser un violento indiscriminado amparado por un monopolio de la violencia, es simplemente la toma de conciencia. Apenas el gobernante se da cuenta que puede cosechar infinitos beneficios desde esa posición, se vuelve violento, destruye el mercado y aplasta las libertades. Este es el accionar cotidiano de cada gobernante demócrata contemporáneo. Lo vemos a diario. Las democracias se transformaron en la autopista hacia el comunismo, hacia la servidumbre socialista. El estado y sus gobiernos son los que dirigen la nave hacia ese destino. El resto, los ciudadanos, son los pasajeros, las víctimas involuntarias de esta tragedia?.

Es claro que los ciudadanos no son ni ignorantes ni inocentes. Hoy en día nadie ignora los riesgos y peligros asociados al estado y sus gobiernos; cada persona sufre en carne propia los daños por la destrucción de libertades, por las confiscaciones de ingresos y riquezas impuestas por los gobiernos. Nadie ignora que el accionar del hombre de estado sirve al único propósito de enriquecer a gobernantes y aliados. Además, cada ciudadano decide a diario continuar o no en este viaje que proponen los gobernantes; las democracias no son centros de concentración en donde cada persona queda atrapada sin posibilidades de fuga. Al final, la decisión última es rebelarse o no contra las imposiciones derivadas del estado; cada persona puede decidir abandonar al estado a su propia suerte. Los ciudadanos no son víctimas sino pasajeros voluntarios de este viaje de terror. De nuevo me hago la pregunta inicial: por qué?.

Simplemente porque, para la valoración de los ciudadanos, los beneficios por permanecer superan las pérdidas derivadas de las violaciones permanentes a las libertades. No hay un motivo de subsistencia para la rebelión y la movilización hacia un orden social que vuelva inevitable la ausencia de los gobernantes del mismo modo a como ocurrió durante el surgimiento del capitalismo. Al inicio del capitalismo, cada persona enfrentaba problemas de subsistencia que los gobernantes no podían resolver. Fue precisamente lo contrario a la hegemonía estatal, fue el orden espontáneo del accionar de las personas como la única alternativa posible para producir alimentos y protección, lo que permitió superar ese problema de subsistencia. Con el estado dominando y controlando la producción, eso no era posible. Así fue que la ausencia del estado resultó prácticamente inevitable.

Los beneficios del capitalismo, de ese nuevo orden social que surgió, fueron tan evidentes y significativos que desde entonces, desde finales del siglo XVIII, casi toda la humanidad acepta al capitalismo como su único estándar que produce satisfacción y prosperidad. Cada régimen totalitario fue capitulando, uno por uno, ante la superioridad económica del capitalismo, al ser éste el único sistema social que no sólo resuelve el problema económico de subsistencia sino que genera prosperidad perpetua. Hoy en día, la sociedad es económicamente inviable sin capitalismo. Incluso, los engendros, las abominaciones socialistas actuales, como Rusia, China, Cuba, Norcorea, Venezuela, Nicaragua, Bolivia y Argentina, subsisten gracias a sus vínculos íntimos con el capitalismo.

Hoy en día, después de los encierros y atropellos a los que fueron sometidas las sociedades en el mundo, con la irrupción de las tiranías sanitarias aplicadas por los gobiernos, se dieron las condiciones sociales para la capitalización de la paz. Hoy en día hay libertades, anuladas por los gobiernos, que son vitales para la subsistencia de la complejidad social. La sociedad actual es inviable sin esas libertades. La gran movilización remanente, el paso trascendente que a la humanidad, a la acción humana en sociedad, le resta dar, es el ordenamiento espontáneo de la paz, es el avance hacia la ausencia inevitable del gobierno en la producción de libertad. No hay una posición intermedia cuando los gobiernos son en sí mismos destructores de libertades esenciales para la supervivencia. Aquella sociedad en la cual no es posible producir libertades indispensables bajo la tutoría del estado pues es una sociedad en donde la ausencia del gobierno se vuelve inevitable, es una sociedad que está en condiciones de abandonar ese único enemigo de la libertad.
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domingo, marzo 28, 2021

Los Confinamientos son un Ataque a Occidente

La sociedad humana actual se divide en dos grandes ramas culturales: la cultura occidental y la cultura oriental. Geopolítica y culturalmente, todo el continente Americano, el sur de África, toda Europa Occidental, parte de Medio Oriente, Australia y Nueva Zelanda forman la civilización occidental. Europa Oriental, casi toda Asia y gran parte de África forman la cultura oriental. Estas culturas se desarrollan y sostienen sobre principios que resultan antagónicos entre sí. Los intentos de penetración cultural desde una civilización a la otra generan roces y colisiones inevitables derivados, todos, de la incompatibilidad irreconciliable entre ambos principios.

La cultura occidental se desarrolla y sustenta sobre principios Libertarios. La libertad de las personas es la base de esta civilización; las personas son libres, predomina el libre albedrío, la voluntad propia. Si bien sus sistemas de gobierno son intrusivos en lo social e intervencionistas en lo económico, las libertades individuales siempre constituyen un freno, una barrera, de última instancia a las pretensiones abusivas de los gobiernos en cualquier sociedad occidental. Hay un límite que los gobernantes no pueden pasar, hay un abismo donde cae toda pretensión totalitaria de la política: el completo repudio al comando-control, el completo repudio a la orden-obediencia.

Por lo contrario, la cultura oriental se sustenta y desarrolla sobre el flagelo del sometimiento humano, sobre la base del dominio-control, de la orden-obediencia. En esta cultura siempre hay alguien que lo controla todo y somete al resto, siendo esta situación ampliamente aceptada por los súbditos. No hay resistencia. Es una sociedad de amos y súbditos voluntarios; los amos dan las órdenes y los súbditos asienten incondicionalmente. Claramente, la cultura oriental rechaza los principios libertarios; el desprecio de la orden, el rechazo a la obediencia, no tiene cabida en la mente, el corazón y el espíritu oriental.

Tales sistemas culturales son esencialmente incompatibles entre sí; su convivencia es imposible: la persona es o no libre, acepta o no la obediencia. Esto lleva a concluir que los rasgos sobresalientes de ambas culturas no pueden convivir. El libre mercado de la economía occidental es inviable bajo un régimen totalitario oriental; la centralización política oriental es inviable bajo la exigencia libertaria occidental. El gobierno oriental no tolera una sociedad occidental y la sociedad occidental no tolera un gobierno oriental. Es un choque entre la economía y la política, entre la sociedad y la política. Las libertades occidentales no sobreviven bajo la política oriental; las políticas orientales son repudiadas por la libertad occidental.

Aunque su modelo político continúa hoy en día, el modelo económico oriental fracasó. El colapso económico de oriente tiene su expresión cúlmine en la caída del muro de Berlín y el fin de la guerra fría a principios de los 1990 's y con la penetración del capitalismo en la economía China desde principios de los 2000 ’s. La prosperidad económica y social es posible sólo bajo las premisas libertarias de occidente; la economía del dominio-control no funciona, es incapaz de producir satisfacción y atender las crecientes demandas impuestas por una civilización cada vez más compleja y exigente. La calamidad económica y el desorden social bajo el modelo oriental colapsó ante el riesgo de aniquilación total por la falta de alimentos. A oriente no le queda alternativa más que adoptar el modelo económico capitalista occidental. Una exigencia praxeológica para la supervivencia.

Esa penetración del capitalismo económico occidental en oriente puso en alerta a los políticos totalitarios de los países orientales. El capitalismo económico requiere libertades internas mientras que el totalitarismo político exige sometimiento y obediencia. Eso es un problema. El capitalismo bajo presiones totalitarias sobrevive en oriente sólo si mantiene firmes vínculos con el sistema occidental vía libre comercio y libre inversión. De lo contrario colapsa. Esto representa un doble desafío para la política totalitaria oriental pues recibe presiones y amenazas no solo desde los capitalistas que hacen negocios en oriente sino también por las exigencias liberales impuestas desde occidente que deja a oriente sin el control político de sus economías.

Es aquí donde aparece la geoestrategia de oriente. La doble amenaza, económica y política, percibida por los gobernantes orientales, los obliga a reaccionar por el único canal que hoy tienen disponible: la inducción política. Es inviable una guerra, es inviable la invasión, es inviable por su magro desempeño económico; sólo queda inducir un cambio político en occidente. Y no hay muchas posibilidades aquí. Su estrategia implica trasladar el esquema político desde oriente a occidente. Los gobiernos de los países orientales (como Rusia y China) en su afán por aprovechar las mieles del capitalismo occidental y evitar la caída de sus regímenes políticos totalitarios, casi con desesperación, pretenden instalar su sistema político en países occidentales. Algo que está destinado a fracasar desde su génesis, simplemente porque el totalitarismo oriental es socialmente inviable en occidente.

Oriente intenta implementar una estrategia de colonización blanda de las democracias de occidente: la colonización se logra haciendo inevitable el totalitarismo político, afirman. Si se socavan las bases más fundamentales de la sociedad occidental, entonces se podrá derrocar el imperio derivado de la iniciativa individual y así implantar el dominio y control emanado desde las élites políticas más totalitarias. Aquí una pandemia, y sus confinamientos, resultan ser el instrumento indispensable. El reino de la libertad puede ser destronado sólo si se atacan las bases de la sociedad libre: la estabilidad psicológica de las personas. Esa es la lógica geoestratégica de oriente.

Las leyes praxeológicas nos dicen que existe un ordenamiento jerárquico de requerimientos y necesidades. El bienestar derivado de la riqueza material y el confort es un prerrequisito para alcanzar la satisfacción psicológica y espiritual. El ser humano no puede pretender satisfacer sus necesidades más profundas y elevadas sin antes satisfacer sus necesidades más básicas de alimentación, vestimenta y vivienda. El capitalismo permite resolver el problema de las necesidades más básicas. Con los beneficios del capitalismo las personas pueden aspirar a atender sus demandas interiores que hacen a la psicología y la espiritualidad, en donde ni la política ni la economía tienen algo para ofrecer. Esto es lo que falla en las sociedades orientales, pues ellos pretenden abordar el problema interior sin antes resolver el problema exterior de índole estrictamente material. Este último problema es resuelto sólo por el capitalismo, en donde la economía y la política sí que son relevantes.

Como se dijo, el capitalismo es liberador en la sociedad occidental precisamente porque permite al hombre libre resolver satisfactoriamente el problema económico, exterior, lo cual habilita la atención de necesidades interiores sin mayores sobresaltos. Esta satisfacción interior retroalimenta los sentimientos de éxito que las personas le atribuyen a la libertad y así se consolida el fundamento libertario en estas sociedades. Los líderes orientales totalitarios suponen que un golpe sobre la psicología social en la sociedad occidental puede socavar los fundamentos de la libertad, afectar la autoestima de las personas y así allanar el camino para la aplicación de políticas totalitarias que contaminan y deterioran el sistema occidental.

El sentimiento de autorrealización (AR) depende de la autoestima (AE), la autoestima depende del sentido de pertenencia (SP), el sentido de pertenencia depende de la seguridad (S) y la seguridad depende del estatus psicológico (EP) de las personas en la sociedad. Esta satisfacción extramaterial (SE) depende de la satisfacción material (SM). Finalmente, todo queda amalgamado por la libertad; la libertad, como un derivado de la cooperación voluntaria, retroalimenta el esquema virtuoso de satisfacción. Así:

[(AR sóĺo si AE sólo si SP sólo si S sólo si EP) sólo si SM] sólo si LIBERTAD.

En cualquier sociedad humana, la libertad es causa, implicancia necesaria, de satisfacción. Este esquema lógico de satisfacción nos dice, por ejemplo, que un ataque al status psicológico deteriora, por efecto cascada, la autorrealización de las personas. Del mismo modo, cualquier ataque o deterioro de las libertades tendrá efectos devastadores, por retroalimentación circular, sobre la satisfacción.

La lógica geopolítica de los totalitarios orientales presupone que un desbalance psicológico en la sociedad occidental genera una pérdida de confianza en el sistema capitalista, lo cual afecta la autoestima y provoca una menor valoración de las libertades individuales. Así justifican cualquier intervención política totalitaria que destruya la satisfacción, pues las personas insatisfechas y decepcionadas pierden su interés por las libertades individuales abriendo paso a la intervención y sometimiento. Por esta vía surgen y florecen los esporádicos regímenes totalitarios autóctonos en occidente: se provoca la insatisfacción mediante pobreza e inseguridad para luego justificar la mayor intervención totalitaria en la vida económica y social de las personas. Así persisten las autocracias en Cuba, Venezuela, Nicaragua, El Salvador, Bolivia y Argentina: servidumbres programadas.

Los encierros son completamente funcionales a la lógica totalitaria. Los confinamientos son una acción directa contra las libertades individuales, pues las personas son literalmente privadas compulsiva y coercitivamente de su libertad. Los confinamientos paralizan la principal fortaleza de la sociedad occidental que es su exitoso capitalismo económico. Un deterioro sistemático de la economía, impacta directamente sobre la psicología, el estado de ánimo y el sentido de pertenencia social de las personas lo cual, a la larga, afecta la autoestima y la autorrealización. Los encierros tienen efectos psicológicos devastadores inmediatos. He aquí la gran apuesta totalitaria de Rusia y China: su guerra psicológica contra la libertad. Si ellos logran doblegar el sentimiento libertario, entonces podrán aplicar y afianzar sus políticas de dominio-control, su lógica de orden-obediencia.

No hay invasiones armadas. No hay guerras con armas, ni una guerra fría (amenaza de guerras con armas), ni mucho menos una invasión económica de oriente sobre occidente. La élite totalitaria de oriente sabe que no tiene ni potencia militar, ni potencia intelectual, ni potencia económica para doblegar las libertades de las personas en la cultura occidental. A los totalitarios de oriente, arrinconados por el capitalismo de occidente y las exigencias materiales de sus propias sociedades, sólo les queda la batalla psicológica, un manotazo a ciegas, un intento desesperado por prolongar un rato más su último aliento.

Ocurre que esta batalla psicológica es muy asimétrica. Los totalitarios, que sí están abroquelados con el monopolio compulsivo coercitivo del poder político, enfrentan un escurridizo enemigo atomizado en miles de millones de individuos que nunca dejarán de ser libres bajo presión psicológica por el simple hecho de que ni la economía ni la política tienen algo para aportar en la satisfacción de la libertad. La demanda de libertad se deriva de una necesidad interna y externa a la vez, es algo que vive, se ejerce y se alimenta desde el interior porque tiene el suficiente poder externo de constituir civilizaciones exitosas y pacíficas; ningún encierro, total o parcial, puede anular algo invariante, inmutable y absoluto, que vive en lo más profundo de millones de occidentales. Por esto, el orden social occidental es un ferviente productor de libertades. Entonces, el resultado es inmediato. Pero, más allá del previsible desenlace final, debemos recordar que, en esta batalla de la tercera guerra mundial, Los Confinamientos son un Ataque a Occidente.
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viernes, marzo 19, 2021

Economía vs. Política

Capítulo I del Libro
Ascenso y Caída de la Sociedad
Por: Frank Chodorov

Hace un tiempo tuve la suerte de leer el libro: The Rise and Fall of Society, de Frank Chodorov. La versión en inglés es de lectura recomendable para todo Economista. En esta nota se reproduce el primer capítulo “Economics vs. Politics” traducido al castellano, con el énfasis agregado por mi propia cuenta. Espero que lo sepan disfrutar tanto o más de lo que yo lo hice.

Puede ser que las bestias cautelosas del bosque acepten la trampa del cazador como un concomitante necesario al obtener alimentos. En cualquier caso, el animal humano, presumiblemente racional, se ha habituado a las intervenciones políticas a tal punto que no puede pensar en la realización de una vida sin ellas; En todos sus cálculos económicos, su primera consideración es, ¿cuál es la ley en cuestión? O, más probable, ¿cómo puedo hacer uso de la ley para mejorar mi propia vida? Esto puede ser descrito como un reflejo condicionado. Difícilmente se nos ocurre que podríamos estar mejor si operamos por cuenta propia, dentro de los límites que nos pone la naturaleza y sin restricciones, controles o subvenciones políticas. Nunca entra en nuestras mentes que estas medidas de intervención se colocan en nuestro camino, como una trampa, para fines diametralmente opuestos a nuestra búsqueda de una vida mejor. Aceptamos estas interferencias políticas automáticamente como necesarias para este propósito.

Y así sucede que aquellos que escriben sobre economía comienzan con el supuesto de que la economía es una rama de la ciencia política. Nuestros libros de texto actuales, casi sin excepción, se acercan a la economía desde un punto de vista legal: ¿Cómo se ganan la vida los hombres bajo la legislación prevalecientes? Se deduce, y algunos de los libros lo admiten, que si la legislación cambia, la economía debe seguir estos cambios. Es por esa razón que la currícula universitaria se carga con una serie de cursos en economía, cada uno haciendo homenaje a la legislación que impera sobre las actividades humanas; Por lo tanto, tenemos la economía del comercio, la economía de las operaciones inmobiliarias, la economía de la banca, la economía agrícola, etc. Apenas se considera que existe una ciencia de la economía que cubre principios básicos que operan en todas nuestras ocupaciones y no tienen nada que ver con la legislación. Desde este punto de vista, sería apropiado, si la legislación sanciona la práctica, que los planes de estudio incluyan un curso sobre "la economía de la esclavitud."

Pero la economía no es política. Una es una ciencia, preocupada por las leyes inmutables y constantes de la naturaleza que determinan la producción y distribución de las riquezas; la otra es el arte de gobernar. Una es amoral, la otra es moral. Las leyes económicas son autónomas y tienen sus propias sanciones, al igual que todas las leyes naturales, mientras que la política, la legislación, trata con convenciones hechas por el hombre y manipuladas por el hombre. Como ciencia, la economía busca la comprensión de principios invariantes; mientras que la política es efímera, su tema es la relación diaria de los hombres en sociedad, sabiendo que tal relación cambia permanentemente. La economía, como la química, no tiene nada que ver con la política.

La intrusión de la política en el campo de la economía es simplemente una evidencia de ignorancia o arrogancia humana, y es tan fatua como un intento de controlar el ascenso y descenso de las mareas o ignorar la curvatura del espacio. Desde el inicio de las instituciones políticas ha habido intentos de arreglar los salarios, controlar los precios y crear capital, lo que invariablemente resulta en fracaso. Tales intervenciones deben fallar porque la única competencia de la política es obligar a los hombres a hacer lo que no quieren hacer e impedir que hagan lo que están dispuestos a hacer, mientras las leyes de la economía están fuera de su alcance. Estas leyes son impermeables a la coerción. Los salarios, los precios y la acumulación de riquezas tienen leyes propias, leyes que están más allá del alcance de la política.

El supuesto de que la economía está subordinada a la política se deriva de una falacia lógica. El hecho de que el Estado (la maquinaria de la política) puede controlar, y en efecto lo hace, el comportamiento humano, y dado que los hombres siempre están involucrados en ganarse la vida, en donde operan las leyes de la economía, parece sugerir que controlando a los hombres, el Estado también puede moldear estas leyes a su voluntad. El razonamiento es erróneo porque ignora las consecuencias. Es un principio invariable que los hombres trabajan para satisfacer sus deseos, o que el motivo para producir son las perspectivas de consumo; de hecho, una cosa no se produce hasta que llega al consumidor. Por lo tanto, cuando el estado interviene en la economía, lo cual siempre hace a modo de confiscación, dificulta (o anula) el consumo y, por lo tanto, la producción. La producción del productor está en proporción a su apropiación o ingesta. No es la obstinación lo que genera este resultado sino la operación de una ley natural inmutable. El esclavo inconscientemente se duerme trabajando; es un productor pobre porque es un consumidor pobre.

La evidencia es que la economía influye en el carácter de la política, en lugar de al revés. Un Estado comunista (que se compromete a ignorar las leyes de la economía, como si no existieran) se caracteriza por su preocupación por la fuerza; Es un Estado de miedo. La aristocrática Ciudad-Estado Griega tomó su forma de la institución de la esclavitud. En el siglo XIX, cuando el Estado, a los efectos propios, entró en asociación con la clase industrial creciente, se generó el Estado mercantilista. El Estado de Bienestar es, de hecho, una oligarquía de burócratas quienes, a cambio de gratificaciones y prestigios de la oficina, se comprometen a confiscar y redistribuir la producción de acuerdo con las fórmulas de su propia imaginación, con total desprecio del principio de que la producción debe caer en la cantidad de la confiscación. La caída en la producción es igual al tamaño de la confiscación; una sociedad donde el Estado confisca el 50% de la producción, sólo produce el 50% de su riqueza potencial. Es interesante observar que todo bienestarismo comienza con un programa de confiscación/distribución -intervención del mercado con su técnica de control de precios- y termina con intentos de gestionar toda la producción; eso es porque, contrariamente a sus expectativas, las leyes de la economía no son suspendidas por su interferencia política, los precios no responden a sus dictados, a su legislación, y en un esfuerzo por hacer que sus nociones preconcebidas funcionen, se dedican a la producción, y también ahí fallan, porque las leyes económicas que rigen la producción no son leyes legislables.

La impermeabilidad de la ley económica a la legislación política se muestra en este hecho histórico: a largo plazo, cada Estado se derrumba, con frecuencia desaparece por completo y se convierte en una curiosidad arqueológica. Cada colapso de los cuales tenemos pruebas suficientes fue precedida por el mismo curso de eventos. El Estado, en su insaciable lujuria por el poder, intensificó cada vez más sus invasiones a la economía de la nación, causando una consecuente disminución de los intereses en la producción, hasta que, a largo plazo, se alcanzó el nivel de subsistencia sin llegar a producir lo suficiente para mantener al Estado en las condiciones que estaba acostumbrado. Así el Estado no fue económicamente capaz de enfrentar ciertas circunstancias inmediatas, como las guerras, y sucumbió. Precedente a ese evento, la economía de la sociedad, sobre la cual descansa el poder estatal, se había deteriorado, y con ese deterioro devino la decepción en los valores morales y culturales; a los hombres "no les importaba" ya esos valores. Así la sociedad se derrumbó y se cargó al Estado con ella. No hay forma de que el estado evite esta consecuencia, excepto, por supuesto, abandonar sus intervenciones en la vida económica de las personas que controla, lo cual su avaricia inherente por el poder no lo dejará hacer. No hay manera de que la política se proteja de la política. El final es siempre el mismo: el Estado autodestruye su imperio y sólo deja los cadáveres arqueológicos de la civilización.

La historia del Estado Estadounidense es instructiva. Su nacimiento fue más propicio, siendo engendrado por un grupo de hombres inusualmente sabios en la historia de las instituciones políticas y especialmente comprometidos con la salvaguardia del bebé de los errores de sus predecesores. Aparentemente, ninguna de las manchas de la tradición marcó al nuevo Estado. No se cargó con la herencia de un sistema feudal o de castas -precedente. No tenía que vivir bajo la doctrina del "derecho divino", ni estaba marcado con las cicatrices de la conquista que había dificultado la infancia de otros estados. El Estado bebé fue alimentado con cosas fuertes: la doctrina de Rousseau que el gobierno deriva sus poderes del consentimiento de sus gobernados, la doctrina de la libertad de expresión y pensamiento de Voltaire, la justificación de la revolución de Locke y, sobre todo, la doctrina de los derechos inherentes. No había régimen de estatus que frenara su crecimiento. De hecho, todo fue de Novo.

Cada medida de precaución conocida por la ciencia política se tomó para evitar que el nuevo Estado Estadounidense adquiera el hábito autodestructivo de todos los estados conocidos por la historia, la de interferir con la búsqueda de la felicidad del hombre. La gente fue dejada sola, para resolver sus destinos individuales cualquiera sean las capacidades que la naturaleza les hubiera dotado. Hacia ese fin, el Estado estaba rodeado de una serie de prohibiciones y limitaciones ingeniosas. No solo sus funciones fueron claramente definidas, sino que cualquier inclinación a ir más allá de los límites fue presumiblemente restringida por una división tripartita de autoridad (federal, estatal y local), mientras que la mayoría de los poderes intervencionistas que emplea el Estado se reservaron para las autoridades más cercanas a los gobernados y, por lo tanto, más amables a la voluntad de estos. Por el principio divisivo del imperio en el imperio (o el poder en el poder o el Estado en el Estado), fue imposibilitado, presumiblemente, para siempre la posición monopólica necesaria para un Estado hegemónico. Mejor aún, el Estado fue condenado a subsistir con recursos magros; sus poderes de imposición quedaron cuidadosamente circunscritos. No parecía posible, en 1789, que el Estado Estadounidense pudiera hacer algo para interferir con la economía de la nación; estaba constitucionalmente débil y desbalanceado.

La tinta estaba apenas seca en la constitución antes de que sus autores, ahora en posición de autoridad, comenzaron a reescribirla por interpretación, hasta aflojar los nudos que ataban al Estado. La levadura del poder que está incorporada en el Estado estaba en fermentación. El proceso de interpretación judicial, permanente hasta hoy en día, fue complementado posteriormente por las enmiendas constitucionales; El efecto de casi todas las enmiendas, desde las primeras diez (que se escribieron en la constitución por presión social), fue debilitar la posición de los varios gobiernos estatales y extender el poder del gobierno central. Dado que el poder del Estado crece solo a expensas del poder social, la centralización que estuvo ocurriendo desde 1789 ha presionado a la Sociedad Estadounidense a esa condición de servidumbre que la constitución estaba destinada a prevenir.

En 1913 surgió la enmienda (decimosexta) que liberó completamente al Estado Estadounidense, ya que con los ingresos derivados de los impuestos ilimitados de la renta, él podría hacer incursiones ilimitadas en la economía de la gente. La decimosexta enmienda no solo violó el derecho del individuo al producto de sus esfuerzos, el ingrediente esencial de la libertad, sino que también le dio al Estado Estadounidense los medios para convertirse en el mayor consumidor, empleador, banquero, fabricante y dueño del capital de la nación. Ahora no hay fase de la vida económica en la que el Estado no sea un factor, no hay ninguna empresa u ocupación libre de su intervención.

La metamorfosis del Estado Estadounidense desde un Estado aparentemente inofensivo a una máquina intervencionista tan poderosa como la Roma en su momento, tuvo lugar en el siguiente siglo y medio a su creación; Los historiadores estiman que la gestación del mayor Estado de la antigüedad cubrió cuatro siglos; viajamos más rápido en estos días. Cuando la grandeza de Roma estaba en su máximo esplendor, la principal preocupación del Estado fue la confiscación de la riqueza producida por sus ciudadanos y gobernados; la confiscación se formalizó legalmente, como hoy en Estados Unidos, y aunque no estaba endulzada con moralismos o racionalizada ideológicamente, se pusieron en práctica algunas características del bienestar moderno. Roma tenía sus programas de trabajo, sus planes para desempleados y sus subsidios a la industria. Estas cosas son necesarias para hacer que la confiscación sea palatable y posible.

A los romanos de aquellos tiempos, este orden de las cosas probablemente parecía normal y adecuado como lo es hoy para los Estadounidenses. Los vivos están condenados a vivir en el presente, bajo las condiciones prevalecientes, y su preocupación por esas condiciones hace que cualquier evaluación de la tendencia histórica sea difícil y sólo académica. Los romanos apenas conocían o se preocupaban por el "declive" en el que vivían y ciertamente no se preocupaban por la "caída" al que estaba condenado su mundo. Solo desde el punto de vista histórico es posible tamizar la evidencia y encontrar una relación de causa-efecto, para hacer una estimación significativa de lo que estaba sucediendo.

Ahora sabemos que a pesar de la arrogancia del Estado, arrogancia de los hombres de Estado, estaban operando las fuerzas económicas que soportan las tendencias sociales. La producción de riqueza, las cosas y servicios de los cuales viven los hombres, disminuyeron en proporción a las confiscaciones e interferencias del Estado; junto con el deterioro económico, la preocupación general por la mera existencia sumergió cualquier interés latente en los valores culturales y morales, y el carácter de la sociedad cambió gradualmente al de una manada. Los molinos de los dioses muelen lentamente pero seguro; Dentro de un par de siglos, el deterioro de la sociedad romana fue seguido por la desintegración del Estado, de modo que éste no tuvo ni los medios ni la voluntad de soportar los vientos de la chance histórica. Cabe señalar que la sociedad, que floreció sólo bajo condiciones de libertad, se derrumbó primero; No hubo disposición para resistir las hordas invasoras.

La analogía sugiere una profecía y un jeremías. Pero eso no está dentro del alcance de este ensayo, cuya hipótesis es que la Sociedad, el Gobierno y el Estado son básicamente fenómenos económicos, que se encontrará una comprensión aceptable de estas instituciones en economía, no en la política. Esto no quiere decir que la economía pueda explicar todas las facetas de estas instituciones, más que el estudio de su anatomía revelará todos los secretos del ser humano; pero, así como no puede haber ser humano sin esqueleto, es que cualquier indagación sobre los detalles de la integración social "no" puede ignorar las leyes económicas.
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lunes, marzo 01, 2021

Lógica de la Libertad

Siempre me pregunto ¿por qué es tan importante la libertad en la vida humana? ¿Es un derecho inalienable con el cual nace cada persona? ¿Es algo inherente a la naturaleza misma del ser humano? ¿Es lo que calma y, en cierta forma, enaltece el espíritu? ¿Es la libertad una causa última de la existencia, algo que trasciende la vida tal cual es? ¿Es un bien superior? ¿Es un atajo por donde la luz escapa del olvido, de la fría oscuridad del cosmos? ¿Es un orden evolutivo de la información? Hasta ahora, sólo encuentro respuestas observando algo muy terrenal e inmediato del hombre: su libertad es el mejor medio para la supervivencia humana. ¿Por qué?

El ser humano para sobrevivir debe atender sus requerimientos, satisfacer sus necesidades. Para ello debe producir, porque con lo que le viene dado por naturaleza no alcanza. Producir insume tiempo, esfuerzo y otros recursos previamente producidos; primero se debe ahorrar e invertir en producción indirecta. Es así como -requerimientos, necesidades, recursos, aptitudes, producción, ahorro, inversión, satisfacción, necesidades y requerimientos- se encierran en el ciclo interminable de la dinámica humana.

Se puede ver este ciclo como el ciclo de la civilización humana. Es lo que uno observa al estudiar y describir lo que ocurre en cualquier orden social avanzado, un orden consistente con las leyes económicas. Este ciclo funciona bien, se vuelve efectivo y exitoso, cuando las personas involucradas son libres, cuando sus acciones se enfilan detrás del libre albedrío, de la voluntad propia. Sólo bajo condiciones de libertad cada persona identifica sus necesidades más urgentes, establece y elige los fines inmediatos y luego aplica recursos y aptitudes para producir, ahorrar e invertir lo justo y así atender sus requerimientos. La libertad de cada persona, el pleno empleo de su razón, es un prerrequisito de la coordinación social para la satisfacción.

Cada eslabón del ciclo es relevante. El ciclo se rompe si se interfiere la libertad de las personas, porque la libertad da entidad al ciclo. Cada persona conoce en rigor sus necesidades y requerimientos, cada persona posee su propia escala de valoraciones para satisfacerlas. Cada persona conoce sus aptitudes y destrezas, cada una sabe lo que puede hacer y producir. Cada persona se involucra voluntariamente en el proceso cooperativo de producción indirecta, que le permite generar excedentes para ahorrar, intercambiar, invertir, satisfacer y producir nuevamente. Las ventajas del ciclo se potencian al extremo bajo condiciones de completa libertad: la producción, el ahorro, la inversión, la satisfacción se coordinan y quedan al servicio pleno de la civilización.

Una sociedad sin libertades individuales carece de la información vital para el ciclo virtuoso de la prosperidad. Necesidades, aptitudes, habilidades, inventiva y producción se desacoplan en ausencia de libertad porque sólo el hombre libre expresa y emplea esta información necesaria y suficiente, retroalimentada, al coordinar sus acciones voluntarias. Sin esta información, ningún ciclo puede ser virtuoso. Cualquier totalitarismo, estatismo, intervencionismo, socialismo o comunismo destruye las libertades y así elimina aquella información fundamental para la coordinación productiva.

Si la clave de la prosperidad es tan evidente, entonces ¿por qué la humanidad cae frecuentemente en brotes totalitarios y violentos? Esto ocurre porque cualquier ser humano sabe que tiene dos formas de sobrevivir y avanzar: el camino pacífico (del esfuerzo, la producción y el intercambio) y el camino violento (de la explotación y el saqueo). Cada persona reconoce que puede vivir de lo que produce e intercambia o vivir explotando y saqueando a los demás. Obtener riquezas de la producción y el intercambio es más dificultoso y riesgoso que hacerlo vía explotación y saqueo institucionalizados por el Estado. Explotadores y saqueadores se organizan, copan el Estado para así vivir y prosperar aplicando el monopolio de la violencia desde esa posición. El Estado garantiza el éxito del negocio de la explotación y saqueo, lo cual otorga una ventaja respecto a la producción e intercambio puro: los violentos saben que si se apoderan del Estado, su apuesta será muy jugosa y certera.

Explotadores y saqueadores, apoderados del control Estatal, usan ese monopolio para crear una casta -política- oligárquica con sintonía social y así evitar una guerra incontrolable por el poder del Estado. Un orden precario se alcanza mediante una red de privilegios distribuidos entre quienes se consideran socios de esa casta oligárquica: empresarios, poderes religiosos, organizaciones sociales, sindicatos, medios dominantes, intelectuales, médicos, educadores, universidades y burócratas1 del gobierno. Así se consolidan las sociedades del privilegio, el sometimiento, la explotación y el saqueo. Pero este negocio depredador, de la explotación y el saqueo, siempre termina mal.

Obviamente, estas sociedades depredadoras son económicamente chatas, porque amputan la prosperidad en una magnitud equivalente al tamaño del saqueo y los privilegios; todo aquello que se sustrae sale del circuito de generación de riquezas y, con el paso de las generaciones, tal amputación se vuelve insostenible porque los socios se arruinan, el Estado se queda sin socios y todo colapsa en una desintegración definitiva. Así, el Estado se vuelve un lastre, el enemigo de toda civilización. Ninguna sociedad alcanzará un ciclo de prosperidad perpetua si no puede deshacerse del Estado y sus gobiernos, si no genera un orden independiente del monopolio de la violencia. Este monopolio es la trampa.

La prosperidad perpetua ocurre sólo en ausencia del Estado. Cuando se logra la sincronía, bajo condiciones de libertad plena, en ausencia de estados y gobiernos, ocurre algo que no es mágico, sino una consecuencia de estrictas leyes económicas: esa civilización completamente libre que emerge, se vuelve completamente pacífica. La paz, como derivado del orden económico, viene a completar el papel de la libertad. La libertad le da virtuosidad al ciclo mientras que la paz lo consolida. Por ello las civilizaciones más libres y pacíficas, a pesar del Estado y sus gobernantes, son las más prósperas y fuertes. Casi invencibles. La libertad es el principal aliado de la prosperidad en una civilización.

Cuando se deteriora la libertad, se altera la paz y luego la civilización decae, se degrada y colapsa sobre sí misma. La historia está llena de cadáveres arqueológicos que atestiguan esta tragedia. Con la teoría y la evidencia empírica, es fácil predecir el destino de una sociedad con gobiernos totalitarios, comunistas o socialistas: la producción disminuye, los socios del Estado se funden, los habitantes se empobrecen, se vuelven violentos, hasta que finalmente desaparece todo vestigio de cooperación social y sólo quedan las ruinas de lo que pudo ser una civilización. El éxito de cualquier civilización, la prosperidad pacífica y duradera, requiere, como implicancia necesaria, de la plena libertad. Así es la simple Lógica de la Libertad.

(1) Los burócratas del gobierno incluyen a los empleados públicos civiles, las fuerzas armadas, las fuerzas policiales y los sistemas de inteligencia.
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martes, febrero 02, 2021

Criptomonedas y la Ley de Gresham

Bitcoin, y las criptomonedas, no son reales, no son un commodity ni son redimibles en bienes reales, por lo que, como tal, no tienen usos alternativos más allá de su uso actual como sistema de pago al intercambiar bienes económicos. Esto limita especialmente la capacidad de las criptomonedas para preservar valor. Aunque los usos alternativos no son garantía de valor, sí constituyen una referencia significativa en el imaginario de las valoraciones subjetivas que las personas hacen de los bienes. Pero este escollo, no es un obstáculo a la hora de competir con el sistema fiduciario. Las criptomonedas se pueden plantar como una alternativa seria, muy competitiva, al sistema monetario actual comandado por los bancos centrales y los gobiernos.

Para que un bien se vuelva una moneda debe ser muy demandado, transportable, divisible, transferible, no falsificable, anonimizable y durable. Estas cualidades permiten que el bien se use como unidad de cuenta, medio de pago y reserva de valor y así funcionar como moneda en la economía. El oro y la plata poseen todas las cualidades mencionadas. Entonces, por qué estos bienes no son moneda corriente en la sociedad de hoy? Simplemente, porque la función monetaria fue invadida por los estados para volverla un apéndice más del monopolio de la violencia puesto al servicio de los gobernantes. El pseudo dinero que imprimen los bancos centrales se llama dinero fiduciario (o papel fiduciario) y al ser ficticio, por la Ley de Gresham, termina desplazando a cualquier dinero verdadero.

El papel fiduciario no tiene respaldo real, no tiene reserva de valor, desde el origen. Esto es muy evidente en una economía de mercado pues quien acumula riquezas no lo hace amontonando dólares o papeles en una bóveda sino que mantiene sus riquezas en forma de algún activo real: una propiedad real, la acción de alguna compañía, un título de tierra, oro, plata, etc.

En rigor, ningún instrumento fiduciario, usado como moneda, constituye reserva de valor, sea este instrumento impuesto por el estado o emitido por alguna entidad privada. Por qué? El valor que las personas le asignan a algo está flanqueado por los usos alternativos de ese algo. El valor queda determinado por la pérdida de las renuncias. El oro, por ejemplo, si se usa como moneda no se puede usar como ornamento de un objeto real o en la construcción de circuitos electrónicos. De esta pérdida surge el valor del oro. Lo mismo ocurre con la plata o cualquier otro elemento.

Esto es igual para las criptomonedas: son fiduciarias, no tienen respaldo real, son no redimibles en elemento real alguno. Pero las criptomonedas tienen dos cualidades importantes que no posee el papel emitido por los bancos centrales. En primer lugar su producción y administración es privada no centralizada. En segundo lugar su uso es voluntario no coercitivo. El resto de cualidades son, en general, compartidas en lo referente a instrumento monetario.

Estas cualidades importantes ponen a las criptomonedas en una posición ventajosa respecto al papel fiduciario. Se vuelven un instrumento infinitamente mejor como medio de pago y unidad de cuenta.

Al ser, las criptomonedas, de producción y administración estrictamente privada, entonces se pueden proveer en el mercado siguiendo las leyes de la oferta y la demanda de modo que las valoraciones que se hacen de ellas no están contaminadas por el ejercicio o las amenazas de la compulsión y coerción. Al ser su uso voluntario, cualquier criptomoneda puede ser elegida y adoptada en cualquier parte del mundo lo cual las vuelve arbitrables y universalmente transferibles sin intermediarios. De este modo los pagos son mucho más simples, rápidos y baratos en todo el mundo. La arbitrabilidad, hace a cualquier criptomoneda, una unidad de cuenta.

La intensificación extrema de los medios de pagos es todo lo que el mercado (la producción y los intercambios de bienes económicos) necesita para funcionar fluidamente. El mercado no funciona sin dinero y funciona mal con dinero ficticio, fraudulento. Uno de los problemas del papel fiduciario es que es fraudulento, los bancos centrales lo falsifican mediante la emisión monetaria y las políticas bancarias. En el mercado, dada la tecnología, las criptomonedas son no fraudulentas.

Pero si las criptomonedas pueden alcanzar mayor potencia monetaria que el papel fiduciario, esto no sella su destino por la Ley de Gresham.? Al final, las criptomonedas quedan desplazadas por el papel fiduciario.? En principio pareciera que sí. La Ley de Gresham exige distinto grado de pureza entre las monedas que compiten; pero las criptomonedas son igualmente sucias, igualmente impuras, al papel fiduciario: ambas monedas son fiduciarias, son no redimibles. Esto es lo que cuenta, ya que ambas carecen de reserva de valor. La misma Ley de Gresham puede garantizar el dominio de las criptomonedas dada su superioridad como medio de pago ante igualdad en el resto de condiciones. Hasta ahora, la Ley de Gresham jugó a favor de los gobernantes. Llegó la hora de jugar a favor de las personas, en esta reunión perfecta entre Criptomonedas y la Ley de Gresham.
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jueves, diciembre 24, 2020

Por Qué el Mercado es Supremo?

1. Las Características de la Economía de Mercado
From: Human Action, pag. 258
by: Ludwig v. Mises
La economía de mercado es el sistema social de división del trabajo bajo propiedad privada de los medios de producción. Cada persona actúa en su propio nombre; pero sus acciones apuntan tanto a la satisfacción de las necesidades de los demás como a la satisfacción de las suyas propias. Cada persona al actuar sirve a sus conciudadanos. Cada persona es atendida por sus conciudadanos. Cada persona es a la vez un medio y un fin en sí mismo, un fin último para sí mismo y un medio para los demás en sus esfuerzos por alcanzar sus propios fines.

Este sistema está dirigido por el mercado. El mercado dirige las actividades del individuo hacia los canales en los que mejor atiende las necesidades de sus semejantes. En el funcionamiento del mercado no hay coerción ni compulsión. El estado, el aparato social de coerción y compulsión, jamás debe interferir con el mercado y con las actividades de los ciudadanos dirigidas por el mercado. El estado debe emplear su poder para someter a la gente sólo para prevenir acciones destructivas, para preservar el buen funcionamiento de la economía de mercado. Debe proteger la vida, la salud y la propiedad del individuo contra la agresión violenta o fraudulenta por parte de gángsters domésticos y enemigos externos. Por lo tanto, el estado debe crear y preservar el entorno en el que la economía de mercado puede operar con seguridad. El eslogan marxista "producción anárquica" caracteriza de manera pertinente esta estructura social como un sistema económico que no está dirigido por un dictador, un zar de producción que asigna a cada uno una tarea y lo obliga a obedecer esta orden. En el mercado cada hombre es libre; nadie está sujeto a un déspota. El individuo se integra espontáneamente al sistema cooperativo. El mercado lo dirige y le revela de qué manera puede promover mejor su propio bienestar y el de otras personas. El mercado es supremo. El mercado solo pone en orden todo el sistema social y le da sentido y significado.

El mercado no es un lugar, una cosa o una entidad colectiva. El mercado es un proceso, impulsado por la interacción de las acciones de los diversos individuos que cooperan bajo la división del trabajo. Las fuerzas que determinan el estado --constantemente cambiante-- del mercado son los juicios de valor de estos individuos y sus acciones dirigidas por estos juicios de valor. El estado del mercado en cualquier instante es la estructura de precios, es decir, la totalidad de las relaciones de cambio establecidas por la interacción de los que están ansiosos por comprar y los que están ansiosos por vender. No hay nada inhumano o místico con respecto al mercado. El proceso de mercado es completamente el resultado de acciones humanas. Cada fenómeno de mercado se remonta a elecciones definidas de los miembros de la sociedad de mercado.

El proceso de mercado es el ajuste de las acciones individuales de los diversos miembros de la sociedad de mercado a los requisitos de la cooperación mutua. Los precios del mercado les dicen a los productores qué producir, cómo producir y en qué cantidad. Los precios les dicen a las personas qué hacer, cómo y en qué medida hacerlo. El mercado es el punto focal al que convergen las actividades de los individuos. Es el centro desde donde irradian las actividades de los individuos.

La economía de mercado debe diferenciarse estrictamente del segundo sistema concebible, aunque no realizable, de cooperación social bajo la división del trabajo: el sistema de propiedad social o gubernamental de los medios de producción. Este segundo sistema se llama comúnmente socialismo, comunismo, economía planificada o capitalismo de estado. La economía de mercado o capitalismo, como se le suele llamar, y la economía socialista se excluyen mutuamente. No hay mezcla posible o pensable de los dos sistemas; no existe una economía mixta, un sistema que sería en parte capitalista y en parte socialista. La producción está dirigida por el mercado o por los decretos de un zar de producción o un comité de zares de producción.

Si dentro de una sociedad basada en la propiedad privada de los medios de producción, algunos de estos medios son de propiedad pública y están operados por el gobierno, es decir, son propiedad del gobierno o una de sus agencias y están operados por él, esto no significa un sistema mixto que combina socialismo y capitalismo. El hecho de que el estado o los municipios posean y operen algunas plantas no altera los rasgos característicos de la economía de mercado. Las empresas de propiedad y gestión públicas están sujetas a la soberanía del mercado. Deben encajar ellos mismos, como compradores de materias primas, equipos y mano de obra, y como vendedores de bienes y servicios, en el esquema de la economía de mercado. Están sujetos a las leyes del mercado y, por lo tanto, dependen de los consumidores que pueden o no patrocinarlos. Deben esforzarse por obtener ganancias o, al menos, evitar pérdidas. El gobierno puede cubrir las pérdidas de sus plantas o tiendas recurriendo a fondos públicos. Pero esto no elimina ni mitiga la supremacía del mercado; simplemente lo traslada a otro sector. Porque los medios para cubrir las pérdidas deben aumentar mediante la creación de impuestos. Pero este impuesto tiene sus efectos en el mercado e influye en la estructura económica de acuerdo con las leyes del mercado. Es el funcionamiento del mercado, y no el gobierno que recauda los impuestos, lo que decide sobre quién cae la incidencia de los impuestos y cómo afectan la producción y el consumo. Por tanto, el mercado, no la oficina del gobierno, determina el funcionamiento de estas empresas públicas.

Nada que esté relacionado de alguna manera con el funcionamiento de un mercado puede llamarse socialismo en el sentido praxeológico o económico. La noción de socialismo tal como la conciben y definen todos los socialistas implica la ausencia de un mercado para los factores de producción y la ausencia de precios de dichos factores. La "socialización" de las plantas, las tiendas y las granjas individuales, es decir, su transferencia de la propiedad privada a la pública, es un método para lograr el socialismo mediante medidas sucesivas. Es un paso en el camino hacia el socialismo, pero no el socialismo en sí mismo. (Marx y los marxistas ortodoxos niegan rotundamente la posibilidad de un enfoque tan gradual del socialismo. Según su doctrina, la evolución del capitalismo llegará un día a un punto en el que de un plumazo el capitalismo se transforme en socialismo).

Las empresas operadas por el gobierno en las economías rusa, china, norcoreana, venezolana, cubana o argentina están, por el mero hecho de que compran y venden en los mercados, conectadas con el sistema capitalista. Ellos mismos dan testimonio de esta conexión calculando en términos de dinero. Por tanto, utilizan los métodos intelectuales del sistema capitalista que condenan fanaticamente.

¿Por qué el cálculo económico monetario es la base intelectual de la economía de mercado? Las tareas destinadas a actuar dentro de cualquier sistema de división del trabajo no pueden lograrse sin cálculo económico. La economía de mercado calcula en términos de precios monetarios. Que sea capaz de tal cálculo fue fundamental en su evolución y condiciona su funcionamiento actual. La economía de mercado es real porque permite el cálculo monetario, haciendo así posible el único sistema de cooperación social duradero.



El énfasis y las negritas no corresponden a la nota original.
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domingo, noviembre 08, 2020

Atrocidades del Igualitarismo

La acción humana en sociedad no es una competencia para llegar primero a la meta. No es una carrera por el primer puesto que parte del mismo lugar. Las personas constituyen sociedades no porque son iguales ni para llegar primero sino porque son distintas y por el beneficio mutuo que ello genera. Cada humano, único e irrepetible, ingresa y permanece en sociedad con otros hombres, ajusta su conducta y coordina sus acciones, con el único propósito del beneficio propio y, al hacerlo, beneficiar a los demás. Él administra y aprovecha sus diferencias para generar satisfacción y recibir retribución al mismo tiempo. Así, las diferencias hacen del hombre un ser social. Si las personas fueran iguales, no existirían civilizaciones sino personas amontonadas como hormigas en un hormiguero. Afortunadamente, cada ser humano es distinto por naturaleza y así ocurrirá por siempre. Esa es la permanente condición humana.

Los igualitaristas han buscado, y buscan, aplicar sus doctrinas igualitarias desde varias perspectivas. Se sugiere: la igualdad de destrezas y aptitudes a través del adoctrinamiento educativo, la igualdad de condiciones físicas a través del entrenamiento compulsivo coercitivo, la igualdad del ingreso y riquezas con políticas redistributivas y de empleo, la igualdad de oportunidades con intervención coercitiva del Estado y distribución del ingreso y la muy conocida igualdad en las condiciones de partida a través de las nociones de bien público e interés común. Pero ninguna de sus propuestas pasaron el filtro de la argumentación. Los argumentos indican que toda la filosofía igualitaria es una torpe doctrina absurda. Por ejemplo, Murray N. Rothbard, argumentando en contra de la igualdad del punto de partida, señala que:
“La vida humana no es una clase de carrera o juego en el cual cada persona debería partir del mismo lugar. La vida es un intento de cada persona por ser feliz, por vivir lo mejor posible. El punto de partida nunca es el mismo porque el mundo no acaba de nacer. Las personas y el mundo son, en cada momento, diversos e infinitamente variados en sus partes. El hecho de que cada persona nace de un origen y lugar distinto eso asegura que sus oportunidades heredadas sean distintas a cualquier vecino, por más cerca que se encuentren. La igualdad de oportunidades implicaría la abolición de la maternidad, la abolición de la familia, la abolición de la evolución y del linaje genético a sabienda que los ancestros siempre tienen habilidades y linajes desiguales. Pero además, tal igualdad requeriría la crianza comunitaria de los niños, lo cual no garantiza nada porque cada estado, cada agencia de gobierno, es manejada por personas distintas, que viven en lugares diferentes…”
La igualdad entre humanos no solo es naturalmente imposible, sino que contradice la constitución misma de la sociedad. Cada sociedad requiere de humanos con habilidades, destrezas, aptitudes y recursos distintos que al ser coordinados, voluntariamente reunidos, generan resultados de beneficio mutuo, donde cada persona gana porque al ser distinto puede hacer su aporte, contribuir dadas sus diferencias y ser retribuido en consecuencia. Una sociedad con humanos iguales es una sociedad condenada a un pantano, a un pozo, de estancamiento, a una eterna y uniforme pobreza, un techo que jamás podría superarse, condenada a una situación atroz.

De reinar las igualdades, si tuviéramos los mismos talentos, aptitudes y virtudes, si cada uno dispusiera de los mismos recursos, pues entonces no tendría sentido formar sociedades, nunca podría superarse la miseria y pobreza preexistentes en condiciones prehumanas. En un mundo igualitario el hombre no podría prosperar ni construir civilizaciones, cada persona haría lo mismo que los demás por la ausencia de especialización y división del trabajo. La reunión de esfuerzos sería para hacer siempre lo mismo en una seguidilla de acciones idénticas y repetitivas destinadas a producir siempre lo mismo. Por el contrario, la permanente desigualdad interna y externa entre los seres humanos es la fuente del cambio y la prosperidad, es lo que le da un horizonte de vida al ser humano. Es por la diversidad, desigualdad y dispersión de talentos y recursos que cada ser humano puede aspirar a vivir cada día mejor.

En el mundo real, en este mundo de infinita diversidad y variedad de sus partes, los esfuerzos no vuelven iguales a los hombres sino por el contrario, los hace más y más especialistas, más y más productivos, más y más beneficiosos entre sus pares, pero sobre todo más y más distintos unos de otros. Es el más amplio ejercicio de las libertades para coordinar sus acciones, distintas y diversas, lo que hace posible el logro de objetivos de otro modo inalcanzables. Los beneficios de las diferencias entre personas vuelve absurda a la autarquía pero también vuelve absurda a la igualdad. La sociedad adquiere sentido y significancia sólo si se juntan personas con destrezas y recursos distintos. De lo contrario la sociedad se vuelve imposible y absurda.

La igualdad no tiene sentido por dos motivos principales, porque no existe y porque es inalcanzable:
1) El reino humano es un reino de la más completa DIVERSIDAD de personas. La naturaleza no produce hombres en masa, idénticos, sino que cada uno de ellos sale del vientre materno con el sello de unicidad: eres único e irrepetible. Desde el momento del nacimiento cada ser humano es distinto y a partir de ahí su peregrinar por la vida -sus acciones- esculpe todo lo que esa diferencia permite desarrollar. Cualquier postulado de igualdad es incompatible con la diversidad natural del ser humano. Por ello cualquier objetivo de igualdad es absurdo, siendo también absurdo el esfuerzo para alcanzarlo.
2) Las personas y los bienes que disfrutan se encuentran completamente DISPERSOS en el espacio y el tiempo. La única posibilidad de generar igualdad de disfrute de bienes y uso de talentos y recursos es que los hombres, sus bienes y recursos converjan al mismo lugar del espacio y al mismo momento de tiempo. Lo cual es un sinsentido, un absurdo. Las personas, sus talentos, recursos y bienes se encuentran dispersos, se localizan en distintos lugares y momentos siendo esta una condición general, una barrera infranqueable, impuesta por la naturaleza de la propia existencia.

Así, cualquier ideal de igualdad carece de sentido y todos sus mitos caen uno por uno. Las personas no pueden ser iguales porque cada una es única por naturaleza. La igualdad de ingreso es absurda dada la diversidad humana y la completa dispersión de los bienes y las personas en el espacio-tiempo. Lo mismo ocurre con la igualdad de oportunidades. Como la igualdad de ingreso y de oportunidades son absurdas, también lo es cualquier esfuerzo por alcanzarlos. La igualdad en las condiciones de partida es un absurdo porque el mundo es ya infinitamente diverso, el mundo no acaba de empezar sino que empezó hace billones de años. Las condiciones de partida entre las personas son siempre distintas dada la inevitable diversidad humana.

La noción de igualdad ni siquiera cabe al postular la libertad. El enunciado de igual libertad: cada persona es libre de hacer lo que desea siempre que no infrinja igual libertad de los demás, es un enunciado ambiguo y contradictorio, por lo que es sustituido por el enunciado de total libertad: cada persona es libre de hacer todo lo que desea. Esta noción implica que su libertad no ha sido infringida por nadie. El concepto de igualdad ante la ley también es ambiguo y sirve como una doctrina para justificar atrocidades totalitarias. Con el postulado de total libertad alcanza pues de ahí se derivan las consecuencias lógicas necesarias para la regla de la ley, de lo que no está permitido hacer, y de la jurisprudencia, el registro de conflictos y resoluciones del accionar humano. La regla de la ley y la jurisprudencia surgen del ejercicio de la total libertad. Ambas conforman los constituyentes principales de la paz, de la ausencia de violencia de todos contra todos. Es el ejercicio de la total libertad y no la compulsión y la coerción aplicada por el Estado, lo que permite constituir la paz.

Infinita diversidad , diferencias entre personas, dispersión de persona, bienes y recursos, desigualdad de habilidades, destrezas y recursos, total libertad de los individuos y ausencia de violencia, son las razones fundamentales que explican la vida social y la prosperidad humana. Entonces para qué sirve el credo igualitario? hacia dónde apuntan sus impulsores? Cualquier noción de igualdad es un absurdo que sólo sirve a los totalitarios para justificar las Atrocidades del Igualitarismo.
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martes, noviembre 03, 2020

Confinadura

Los países de la Unión Europea, y otros del hemisferio norte, enfrentan actualmente la segunda ola o rebrote del virus Sars-Cov-2, el cual viene mutado como la variante Cov-20A.EU1. Esta nueva cepa parece más agresiva, más virulenta y letal, que la original. Estupefactos ante su anterior fracaso, todos los gobernantes de las zonas afectadas responden a lo bestia aplicando, nuevamente, las mismas políticas fracasadas de fuerza bruta y convirtiendo a sus democracias en una confinadura: verdaderos confinamientos dictatoriales -compulsivos coercitivos. Para forzar el confinamiento, los gobiernos emplean sus fuerzas policiales y fuerzas armadas, quienes se encargan de reprimir bloqueando la circulación de las personas, persiguiendo, multando y encarcelando a aquellos ciudadanos que intentan continuar con las actividades pacíficas de su vida cotidiana. ¿Es la confinadura la mejor respuesta posible?.

Los confinamientos aplicados desde el inicio de la pandemia, no lograron detener la enfermedad, ni mucho menos evitar las muertes informadas por causas del virus. La evidencia es contundente ya que no hay diferencias entre regiones confinadas y no confinadas, con el agravante de que todos los países confinados destruyeron sus economías y potenciaron los efectos negativos de la enfermedad.

En su administración de distintas dosis de confinamiento, las autoridades sanitarias y los gobernantes se apoyan en el análisis numérico de la enfermedad, adoptando una filosofía numerológica al momento de definir y aplicar política económica y sanitaria sobre toda la población: si los contagios suben se confina, si bajan se libera. Obviamente, la enfermedad es un fenómeno biológico, al cual se lo pretende abordar como un fenómeno numérico. Algo está mal con este enfoque!.

El virus es el virus que es y tarde o temprano llega a cada persona, por la vía que fuere: por otras personas contagiadas, por el aire, por medio de animales o mediante elementos que la persona toca, bebe o ingiere. No hay manera de evitar que esto ocurra. Además, la enfermedad evoluciona a un caso grave cuando la persona adquiere alta carga viral siendo, en otro caso, un trastorno leve y superado fácilmente por cada paciente. Por todo esto la enfermedad, aunque muy contagiosa, tiene baja letalidad -menor al 2%- lo cual parece sugerir una mejor respuesta política que se podría aplicar para intentar superar el problema: confinamiento voluntario del grupo de riesgo, precaución social y libertad plena para circular y producir dentro del país.

La libertad para circular y producir tiene dos ventajas principales: la primera es evitar el colapso económico durante la crisis y el segundo es fortalecer el sistema inmunológico de las personas que toman contacto con pequeñas cargas del virus.

Por el contrario, el confinamiento draconiano tiene tres efectos muy dañinos: en primer lugar destroza la economía de las personas confinadas y de todas aquellas actividades en las cuales ellas participan; en segundo lugar deprime el sistema inmunológico de los confinados -por estrés, ansiedad, incertidumbre económica y sanitaria, avance de otras enfermedades y conflictos o violencia doméstica; y en tercer lugar aumenta el riesgo de alta carga viral y contagio letal de los confinados si por algún medio llega el virus al sitio de confinamiento. Así, el confinamiento compulsivo coercitivo genera las condiciones ideales para la explosión y mayor letalidad de la enfermedad dentro del hogar y lugares de encierro.

Pero el efecto más contraproducente de la confinadura, de los encierros compulsivos masivos, es que rompe la misma dinámica biológica encargada de mantener a flote a la especie humana: la coevolución. La humanidad, como especie, ha evolucionado junto a este tipo de virus, contagiosos y poco letales. Estos virus cada tanto se declaran en batalla contra la vida humana. Por estas batallas microbianas permanentes, nuestra especie persiste perfeccionando su sistema inmunológico -su arsenal de defensa- a un ritmo que compensa la letalidad de los virus. Por eso estamos aquí ahora.

La única forma de permanecer en esta lucha, contra este tipo de virus, es que una alta proporción de la población mantenga el contacto natural con pequeñas cargas del patógeno de modo que el sistema inmunológico lo pueda reconocer, enfrentar y finalmente vencer. Llegado este punto, el de la creación de anticuerpos, el sistema inmune de la gran mayoría queda fortalecido y preparado para una nueva embestida del atacante, quien enfrentará nuevas barreras que no podrá atravesar, perderá su virulencia y finalmente desaparecerá porque le será poco probable encontrar un huésped que le permita completar su ciclo y mutar para volver a atacar.

Claramente, el fenómeno coevolutivo es biológico, no numerológico; ignorarlo es una arrogancia fatal que cometen tanto médicos como políticos a la hora de sugerir e implementar sus confinaduras. Las confinaduras impiden que la mayoría de las personas tomen contacto con pequeñas cargas del virus por lo que su sistema inmunológico no se prepara para futuras embestidas del patógeno. Cuando el patógeno de primera generación finalmente completa su infección de primera ola, del primer brote, logra generar una nueva generación de atacantes, mucho más robustos y fortalecidos por superar su prueba de explorar e infectar exitosamente el cuerpo humano. Cuando los atacantes de la nueva cepa se ponen en contacto con las potenciales víctimas previamente confinadas, tienen mucha más probabilidad de infección ya que sus huéspedes están desprotegidos y su poder infeccioso es mayor, con lo cual aumenta su virulencia y letalidad. Es decir, las confinaduras vuelven a las personas más vulnerables y al virus más fuerte y mortal. Un resultado opuesto al que se obtiene por coevolución.

La sociedad debe saber que tanto políticos como sanitaristas están haciendo mal su trabajo. Están llevando a la población humana a un callejón de la muerte, una situación que nunca ocurre en condiciones naturales y que casi con seguridad se llevará millones y millones de vidas humanas que la coevolución puede salvar. La sociedad debe saber que existen alternativas políticas las cuales son opuestas a las confinaduras. La sociedad debe saber que la mejor respuesta es, siempre, la libertad. La sociedad debe saber que los virus son peligrosos y mortales pero también debe saber que el mejor aliado de esa letalidad son los políticos y sanitaristas que aplican su confinadura.
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sábado, octubre 31, 2020

El Reino del Hombre es el Reino de la Propiedad Privada

El Estado es un nido de privilegios en donde los privilegiados deciden sobre la vida, las libertades y propiedades de los demás, en beneficio de ellos mismos según su propios credos e ideologías sin importar los perjuicios que ello ocasiona a la sociedad toda. Cuando desde la institución del Estado, con el afán de beneficiarse ellos y sus socios, los gobernantes interrumpen las acciones productivas, creativas y pacíficas de las personas mediante imposiciones, prohibiciones, confiscaciones o amenazas, provocan daños no solo sobre las personas directamente afectadas sino en toda la sociedad. El Estado se vuelve socialmente dañino porque es la única entidad que puede instituir e imponer ventajas (o privilegios) que siempre tienen alcance global y siempre perjudican a toda la sociedad.

En general, lo que el Estado toca lo vuelve un privilegio, lo vuelve dañino para todas las personas. Ocurre lo contrario con las instituciones voluntarias de la libertad, las instituciones de ausencia de violencia. Todo lo que las personas libres hacen siempre se vuelve beneficioso para toda la vida en sociedad. Las instituciones del libre mercado como la libre moneda, la propiedad privada y la regla de la ley son los fundamentos de la prosperidad humana. Todo intento por anular estas instituciones por parte del Estado y organizaciones violentas han fracasado porque su abolición es equivalente a destruir la riqueza y aniquilar las posibilidad de prosperidad. A pesar de la opresión ejercida desde el Estado, las libertades siempre persisten porque la prosperidad del hombre en sociedad no es posible sin las instituciones de la libertad.

Los comunismos, socialismos y totalitarismos más intensos y radicalizados como los de China, Rusia, Europa del Este y América Latina siempre fracasaron. Los gobernantes de estos regímenes aceptaron la institución de la propiedad privada, no por convicciones de sus miembros sino porque la propiedad privada es la única institución que garantiza prosperidad y elimina la miseria generada por el estatismo, intervencionismo y totalitarismo de sus gobiernos. Obviamente, la propiedad privada da ventajas y beneficios a sus dueños, pero es la única manera de arreglar un sistema productivo que garantice beneficios para la sociedad en su conjunto. El retraso del desarrollo, el estancamiento económico y social, la miseria y la ausencia de prosperidad, sólo devienen por la insistente resistencia que oponen ciertas sociedades a aceptar e implementar la completa vigencia y predominancia del capitalismo, de la institución de la propiedad privada. Cualquier sociedad que entienda esto, podrá salir del estado de postergación en que viven sus habitantes.

Todos aquellos países que desafían y abandonan la predominancia de la propiedad privada de los medios de producción y atacan constantemente al capitalismo, solo cosechan conflictos, pobreza y miseria distribuida en todo su territorio. Muy evidente es el caso actual de Venezuela, que después de 20 años de socialismo bolivariano llevó a su pueblo a condiciones de vida prehumanas, en donde el hambre, el caos, la desolación y la violencia es la regla social reinante. Algo parecido ocurre en Argentina. Argentina, de ser uno de los países más pujantes y prósperos del mundo al inicio del siglo XIX, y luego de una seguidilla de gobiernos totalitarios y anticapitalistas, como el gobierno de Perón y el gobierno actual de la familia Kirchner, pasó a ser una sociedad invadida por conflictos recurrentes que dejó a los Argentino sumidos en la pobreza y la desesperanza, al borde de una nueva Venezuela.

Las instituciones voluntarias de la libertad, como lo es la propiedad privada, son tan beneficiosas para la sociedad que se vuelven inevitables. Forman parte de la condición social humana. Son como un derivado inmediato de la acción humana misma. La prosperidad humana sólo ocurre en ese reino de la propiedad. Sin propiedad privada la estirpe humana estaría extinta. Por ello la propiedad es algo inmediato, evidente y permanente, es nuestra razón de ser social. Si en este momento, por la razón que fuere, se privara al hombre del ejercicio de sus propiedades, eso sería el fin, la aniquilación de la especie humana. Es por esto que la institución artificial del Estado nunca pudo anular las instituciones de la libertad a pesar de su permanente insistencia por hacerlo. La ley de la acción humana nos enseña que El Reino del Hombre es el Reino de la Propiedad Privada.
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martes, octubre 27, 2020

El Estado: El Único Monopolio Maldito

El Estado, definido como el monopolio de la compulsión y la coerción o monopolio de la violencia, es la única institución, la única entidad socialmente reconocida, que tiene el poder de imponer sus dictados y órdenes sobre todos los miembros de una sociedad. El gobierno, su falange instrumental, provee el sustrato básico para que sus ejecutores, los gobernantes, elaboren esos dictados que posteriormente se traducen en órdenes concretas que recaen sobre las acciones y la vida de cada persona en particular. Siendo ese sustrato manufacturado por los propios gobernantes, es inmediato deducir que la existencia social del ser humano transcurre bajo la hegemonía de sus gobernantes, bajo el yugo de una dictadura estatal.

Ahora, la existencia del Estado -una institución artificial- no es una resultante natural de la acción humana voluntaria. Los gobiernos se imponen sobre una sociedad que los arropa, los alimenta y los acepta como una criatura encargada de realizar la más desagradable de las tareas: aplicar y amenazar con aplicar violencia para alcanzar la paz. No obstante tal aceptación, la artificialidad del Estado hasta suena como un oxímoron: aplicar la violencia para alcanzar la no violencia. El Estado se presenta como una coartada, una respuesta necesaria ante una supuesta amenaza de violencia de todos contra todos. Yo diría que se trata de una concepción mediocre, paternalista, acerca de la paz, acerca de los pilares de la sociedad humana. Se dice que el Estado es nuestro padre, es bueno, es nuestro creador, nos protege y nos mantiene; él hace e impone las reglas de convivencia en el hogar, mientras amenaza con y, eventualmente, aplica los castigos para mantener a raya el desorden familiar..

Pero la verdad es que el Estado no es el padre de nadie. No es bueno, no protege ni mantiene a nadie más que a sus propios ególatras, a aquellos que siempre buscan y logran apoderarse de tal institución para, desde esa posición, aplicar toda violencia exigiendo a sus súbditos todo aquello que llene sus apetitos hegemónicos y totalitarios. Visto así, el Estado es una descarnada entidad monstruosa de la cual nadie escapa, a la cual todos obedecen y se someten al servicio de los gobernantes de turno. Esto es así por la implacable lógica de la acción humana misma.

Por su propia naturaleza, el ser humano actúa de modo que sus actos lo llevan a especializarse y dividir el trabajo. Toda organización y todo orden social se inunda invariablemente de acciones de toda clase, altamente especializadas, dentro de las cuales se encuentra la especialidad en liderazgo. Toda actividad humana tiene especialistas en liderazgo, con uno o varios líderes que los demás siguen, entorno al cual los demás ordenan sus acciones. Esta especialización en liderazgo es muy evidente dentro de las divisiones de una empresa, pues sus líderes son muy visibles. Lo mismo pasa en la actividad de gobierno del Estado, en donde surgen líderes en violencia, en compulsión y coerción, y sobreviven aquellos más especializados en agresión y violencia.

La lógica de la acción humana nos muestra que la institución de la violencia promueve y genera liderazgos violentos. La ley de la acción humana lleva a concluir que no hay gobernantes buenos pues todo gobierno se ordena entorno a líderes especialistas en violencia, especialistas en aplicar y amenazar con aplicar la violencia. Los que llegan a esos puestos son los más malvados y violentos a pesar que se presentan como bondadosos y pacíficos. Pedir gobernantes buenos es como pedir peras al olmo. Simplemente todo gobernante es malo, porque la concepción y administración de la maldad es su especialidad más refinada.

¿Qué destino queda para una sociedad que pone una criatura malvada al custodio de la paz? ¿No es esto lo mismo que poner un zorro en el gallinero? Mientras con esta institución se busca preservar la paz, la especialidad de los hombres de Estado es precisamente aplastar libertades aplicando su violencia. La libertad, la ausencia de violencia sobre la vida y la propiedad de las personas, es deliberadamente destruida por el accionar de los gobernantes. ¿No es fallida y autocontradictoria la institución del Estado.? La evidencia empírica nos muestra permanentemente la voracidad y maldad del Estado bajo todo régimen de gobierno. Observe cuán violentos, cuán destructores de propiedades y vidas humanas, cuán hegemónicos y totalitarios se comportan los gobernantes bajo la actual situación de confinamiento compulsivo coercitivo en todo el mundo, en donde cada democracia se ha vuelto una dictadura representativa, una confinadura permanente.!

A la larga, los más violentos toman el control del Estado y cuando eso sucede, los hombres de Estado no son garantes de la paz; por el contrario, son destructores de la paz porque desde esa posición aplican toda clase de violencias sobre los demás. No es la naturaleza monopólica de esta clase de liderazgos lo que vuelve efectivamente dañino a los violentos. Pues al final de cuentas, toda sociedad contiene una miríada de monopolios voluntarios atomizados -in extremis- de los que esencialmente consiste todo orden social avanzado formando la base de la prosperidad humana mientras ningún monopolio maligno se afianza atomizadamente. Los violentos del gobierno se vuelven efectivos sólo por la naturaleza institucional que adquiere su especialidad, institución ésta que los cobija, los arropa, los mantiene y empodera. Esa institución es El Estado: El Único Monopolio Maldito.
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