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sábado, octubre 31, 2020

El Reino del Hombre es el Reino de la Propiedad Privada

El Estado es un nido de privilegios en donde los privilegiados deciden sobre la vida, las libertades y propiedades de los demás, en beneficio de ellos mismos según su propios credos e ideologías sin importar los perjuicios que ello ocasiona a la sociedad toda. Cuando desde la institución del Estado, con el afán de beneficiarse ellos y sus socios, los gobernantes interrumpen las acciones productivas, creativas y pacíficas de las personas mediante imposiciones, prohibiciones, confiscaciones o amenazas, provocan daños no solo sobre las personas directamente afectadas sino en toda la sociedad. El Estado se vuelve socialmente dañino porque es la única entidad que puede instituir e imponer ventajas (o privilegios) que siempre tienen alcance global y siempre perjudican a toda la sociedad.

En general, lo que el Estado toca lo vuelve un privilegio, lo vuelve dañino para todas las personas. Ocurre lo contrario con las instituciones voluntarias de la libertad, las instituciones de ausencia de violencia. Todo lo que las personas libres hacen siempre se vuelve beneficioso para toda la vida en sociedad. Las instituciones del libre mercado como la libre moneda, la propiedad privada y la regla de la ley son los fundamentos de la prosperidad humana. Todo intento por anular estas instituciones por parte del Estado y organizaciones violentas han fracasado porque su abolición es equivalente a destruir la riqueza y aniquilar las posibilidad de prosperidad. A pesar de la opresión ejercida desde el Estado, las libertades siempre persisten porque la prosperidad del hombre en sociedad no es posible sin las instituciones de la libertad.

Los comunismos, socialismos y totalitarismos más intensos y radicalizados como los de China, Rusia, Europa del Este y América Latina siempre fracasaron. Los gobernantes de estos regímenes aceptaron la institución de la propiedad privada, no por convicciones de sus miembros sino porque la propiedad privada es la única institución que garantiza prosperidad y elimina la miseria generada por el estatismo, intervencionismo y totalitarismo de sus gobiernos. Obviamente, la propiedad privada da ventajas y beneficios a sus dueños, pero es la única manera de arreglar un sistema productivo que garantice beneficios para la sociedad en su conjunto. El retraso del desarrollo, el estancamiento económico y social, la miseria y la ausencia de prosperidad, sólo devienen por la insistente resistencia que oponen ciertas sociedades a aceptar e implementar la completa vigencia y predominancia del capitalismo, de la institución de la propiedad privada. Cualquier sociedad que entienda esto, podrá salir del estado de postergación en que viven sus habitantes.

Todos aquellos países que desafían y abandonan la predominancia de la propiedad privada de los medios de producción y atacan constantemente al capitalismo, solo cosechan conflictos, pobreza y miseria distribuida en todo su territorio. Muy evidente es el caso actual de Venezuela, que después de 20 años de socialismo bolivariano llevó a su pueblo a condiciones de vida prehumanas, en donde el hambre, el caos, la desolación y la violencia es la regla social reinante. Algo parecido ocurre en Argentina. Argentina, de ser uno de los países más pujantes y prósperos del mundo al inicio del siglo XIX, y luego de una seguidilla de gobiernos totalitarios y anticapitalistas, como el gobierno de Perón y el gobierno actual de la familia Kirchner, pasó a ser una sociedad invadida por conflictos recurrentes que dejó a los Argentino sumidos en la pobreza y la desesperanza, al borde de una nueva Venezuela.

Las instituciones voluntarias de la libertad, como lo es la propiedad privada, son tan beneficiosas para la sociedad que se vuelven inevitables. Forman parte de la condición social humana. Son como un derivado inmediato de la acción humana misma. La prosperidad humana sólo ocurre en ese reino de la propiedad. Sin propiedad privada la estirpe humana estaría extinta. Por ello la propiedad es algo inmediato, evidente y permanente, es nuestra razón de ser social. Si en este momento, por la razón que fuere, se privara al hombre del ejercicio de sus propiedades, eso sería el fin, la aniquilación de la especie humana. Es por esto que la institución artificial del Estado nunca pudo anular las instituciones de la libertad a pesar de su permanente insistencia por hacerlo. La ley de la acción humana nos enseña que El Reino del Hombre es el Reino de la Propiedad Privada.
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martes, octubre 27, 2020

El Estado: El Único Monopolio Maldito

El Estado, definido como el monopolio de la compulsión y la coerción o monopolio de la violencia, es la única institución, la única entidad socialmente reconocida, que tiene el poder de imponer sus dictados y órdenes sobre todos los miembros de una sociedad. El gobierno, su falange instrumental, provee el sustrato básico para que sus ejecutores, los gobernantes, elaboren esos dictados que posteriormente se traducen en órdenes concretas que recaen sobre las acciones y la vida de cada persona en particular. Siendo ese sustrato manufacturado por los propios gobernantes, es inmediato deducir que la existencia social del ser humano transcurre bajo la hegemonía de sus gobernantes, bajo el yugo de una dictadura estatal.

Ahora, la existencia del Estado -una institución artificial- no es una resultante natural de la acción humana voluntaria. Los gobiernos se imponen sobre una sociedad que los arropa, los alimenta y los acepta como una criatura encargada de realizar la más desagradable de las tareas: aplicar y amenazar con aplicar violencia para alcanzar la paz. No obstante tal aceptación, la artificialidad del Estado hasta suena como un oxímoron: aplicar la violencia para alcanzar la no violencia. El Estado se presenta como una coartada, una respuesta necesaria ante una supuesta amenaza de violencia de todos contra todos. Yo diría que se trata de una concepción mediocre, paternalista, acerca de la paz, acerca de los pilares de la sociedad humana. Se dice que el Estado es nuestro padre, es bueno, es nuestro creador, nos protege y nos mantiene; él hace e impone las reglas de convivencia en el hogar, mientras amenaza con y, eventualmente, aplica los castigos para mantener a raya el desorden familiar..

Pero la verdad es que el Estado no es el padre de nadie. No es bueno, no protege ni mantiene a nadie más que a sus propios ególatras, a aquellos que siempre buscan y logran apoderarse de tal institución para, desde esa posición, aplicar toda violencia exigiendo a sus súbditos todo aquello que llene sus apetitos hegemónicos y totalitarios. Visto así, el Estado es una descarnada entidad monstruosa de la cual nadie escapa, a la cual todos obedecen y se someten al servicio de los gobernantes de turno. Esto es así por la implacable lógica de la acción humana misma.

Por su propia naturaleza, el ser humano actúa de modo que sus actos lo llevan a especializarse y dividir el trabajo. Toda organización y todo orden social se inunda invariablemente de acciones de toda clase, altamente especializadas, dentro de las cuales se encuentra la especialidad en liderazgo. Toda actividad humana tiene especialistas en liderazgo, con uno o varios líderes que los demás siguen, entorno al cual los demás ordenan sus acciones. Esta especialización en liderazgo es muy evidente dentro de las divisiones de una empresa, pues sus líderes son muy visibles. Lo mismo pasa en la actividad de gobierno del Estado, en donde surgen líderes en violencia, en compulsión y coerción, y sobreviven aquellos más especializados en agresión y violencia.

La lógica de la acción humana nos muestra que la institución de la violencia promueve y genera liderazgos violentos. La ley de la acción humana lleva a concluir que no hay gobernantes buenos pues todo gobierno se ordena entorno a líderes especialistas en violencia, especialistas en aplicar y amenazar con aplicar la violencia. Los que llegan a esos puestos son los más malvados y violentos a pesar que se presentan como bondadosos y pacíficos. Pedir gobernantes buenos es como pedir peras al olmo. Simplemente todo gobernante es malo, porque la concepción y administración de la maldad es su especialidad más refinada.

¿Qué destino queda para una sociedad que pone una criatura malvada al custodio de la paz? ¿No es esto lo mismo que poner un zorro en el gallinero? Mientras con esta institución se busca preservar la paz, la especialidad de los hombres de Estado es precisamente aplastar libertades aplicando su violencia. La libertad, la ausencia de violencia sobre la vida y la propiedad de las personas, es deliberadamente destruida por el accionar de los gobernantes. ¿No es fallida y autocontradictoria la institución del Estado.? La evidencia empírica nos muestra permanentemente la voracidad y maldad del Estado bajo todo régimen de gobierno. Observe cuán violentos, cuán destructores de propiedades y vidas humanas, cuán hegemónicos y totalitarios se comportan los gobernantes bajo la actual situación de confinamiento compulsivo coercitivo en todo el mundo, en donde cada democracia se ha vuelto una dictadura representativa, una confinadura permanente.!

A la larga, los más violentos toman el control del Estado y cuando eso sucede, los hombres de Estado no son garantes de la paz; por el contrario, son destructores de la paz porque desde esa posición aplican toda clase de violencias sobre los demás. No es la naturaleza monopólica de esta clase de liderazgos lo que vuelve efectivamente dañino a los violentos. Pues al final de cuentas, toda sociedad contiene una miríada de monopolios voluntarios atomizados -in extremis- de los que esencialmente consiste todo orden social avanzado formando la base de la prosperidad humana mientras ningún monopolio maligno se afianza atomizadamente. Los violentos del gobierno se vuelven efectivos sólo por la naturaleza institucional que adquiere su especialidad, institución ésta que los cobija, los arropa, los mantiene y empodera. Esa institución es El Estado: El Único Monopolio Maldito.
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domingo, octubre 18, 2020

El Desastre de los Bloqueos

Incluso los Funcionarios de la OMS Admiten Ahora que los Bloqueos son Políticas Extremas con Resultados Desastrosos
Por Ryan McMaken

La semana pasada, el Dr. David Nabarro de la Organización Mundial de la Salud admitió que los encierros han sido devastadores para gran parte del mundo, y señaló que “los encierros solo tienen una consecuencia que nunca, nunca debes menospreciar, y que está haciendo que la gente pobre sea muchísimo más pobre." Nabarro pasó a enumerar varios ejemplos del daño económico causado por los bloqueos:
Mire lo que les ha sucedido a los pequeños agricultores de todo el mundo. Mire lo que está pasando con los niveles de pobreza. Parece que bien podríamos duplicar la pobreza mundial para el próximo año. Bien podríamos tener al menos una duplicación de la desnutrición infantil.
Nabarro también le recordó a su audiencia que los bloqueos no harán desaparecer al covid-19, empleando la lógica del bloqueo que se usó en los primeros días del pánico del covid-19. En otras palabras, los bloqueos no hacen que las enfermedades desaparezcan:
La única vez que creemos que un bloqueo está justificado es para ganar tiempo para reorganizar, reagrupar, reequilibrar sus recursos, proteger a sus trabajadores de la salud que están agotados, pero en general, preferimos no hacerlo.
Estos comentarios fueron seguidos esta semana por comentarios adicionales del Dr. Hans Kluge de la OMS, quien afirmó que los encierros solo deberían ser un "muy, muy último recurso" debido a los efectos en poblaciones más vulnerables. Según Kluge (resumido por CNBC):
Cualquier bloqueo nacional debe considerar los riesgos directos y los “daños colaterales” asociados con la pandemia, como el impacto en la salud mental, la violencia doméstica de género y el impacto en los estudiantes.
Kluge y Nabarro ciertamente no son los primeros funcionarios de organizaciones gubernamentales de salud que han llamado la atención sobre los efectos económicos y mortales desastrosos de los cierres. Gerd Müller, que supervisa los problemas de pobreza global para el gobierno alemán, dijo el mes pasado al Handelsblatt, un periódico alemán, que "muchas más personas morirán por las consecuencias del cierre que por el virus". Continuó prediciendo el próximo número de muertos: "Solo en el continente africano, esperamos 400.000 muertes adicionales por malaria y VIH este año, así como medio millón más que morirán de tuberculosis".

Como suele ocurrir, a las partes más pobres del mundo les va peor que a las más ricas. Por lo tanto, la devastación económica cosechada por los cierres de empresas y los cierres forzosos pondrá en peligro aún más vidas en África, América Latina y el sur de Asia que en el caso de los países ricos de Occidente.

Pero, como hemos señalado aquí en mises.org, Occidente no es inmune a los efectos negativos. Incluso antes de la recesión actual, sabíamos que el empobrecimiento y el desempleo conducen a una mayor mortalidad por una variedad de causas, incluidas las enfermedades cardíacas y los accidentes cerebrovasculares. Con el aislamiento impuesto, además de la carnicería económica, se producen muertes por suicidios, sobredosis de drogas y afecciones médicas no tratadas.

Estas últimas admisiones del personal de la OMS representan una admisión a regañadientes de que los funcionarios de salud actuaron sin pruebas ni una consideración de los costos cuando exigieron cierres con poca consideración por los efectos. Sin embargo, estas admisiones no deben interpretarse como un cambio radical. No debemos esperar que ningún funcionario entregue realmente sus prerrogativas para cerrar coercitivamente las economías y obligar a la gente a entrar en sus hogares utilizando personal policial y militar. Los burócratas, por supuesto, disfrutan de este tipo de poder.

Pero ahora se ha vuelto tan obvio que los efectos secundarios de los bloqueos son tan peligrosos y tan destructivos que el no admitir al menos esto haría que los funcionarios parecieran completamente desconectados de la realidad.

Pero el reciente cambio de tono representa, no obstante, un cambio en la retórica.

De "15 días", al bloqueo "indefinidamente"

En marzo y abril, los gobiernos de los Estados Unidos y de todo el mundo se apoderaron de nuevos e importantes poderes de emergencia e impusieron "cierres" a nivel nacional y órdenes de quedarse en casa. El estribillo fue "15 días para frenar la propagación". Pero, por supuesto, los bloqueos no se detuvieron allí.

Poco a poco, la idea de que los bloqueos podrían evitar que los hospitales se vean abrumados se transformó en la falsa noción de que los bloqueos pueden hacer que las enfermedades desaparezcan de alguna manera. La prensa usaba titulares que decían que los encierros "derrotaban" la enfermedad, y los reporteros afirmaban que el distanciamiento social "detendría este virus". Otros "expertos" y expertos del gobierno afirmaban que los bloqueos nunca podrían levantarse hasta que haya una vacuna disponible.

Anthony Fauci, por ejemplo, afirmó que no se podría permitir una reducción de los encierros hasta que "esencialmente no haya casos nuevos, ni muertes durante un período de tiempo". Dado el problema generalizado de los falsos positivos, lo que esto realmente significa es que los bloqueos nunca se pueden reducir.

Hay pocas dudas de que los gobiernos que escucharon a personas como Fauci hubieran preferido imponer bloqueos indefinidos. Hemos visto el ideal, desde la perspectiva de los políticos, en el trabajo en Australia, donde los ciudadanos sufren bajo las estrictas reglas de encierro, la policía arresta a los ciudadanos por expresar su oposición a los encierros y hostiga a las ancianas por sentarse en los bancos del parque. La policía también rompe las ventanas de automóviles y arrastra a los conductores a la calle por no poder presentar documentación especial que les permita salir de sus hogares.

Afortunadamente, pocos gobiernos han podido lograr estas atrocidades cometidas en Australia. En muchos países, esta incapacidad de obligar a todos a entrar en sus hogares se debe a una simple necesidad económica. En las economías más pobres, gran parte de la población vive al día y sin programas de bienestar sustanciales. Simplemente no es plausible esperar que un comerciante de nivel de subsistencia en México se siente en casa y literalmente muera de hambre para cumplir con una orden de quedarse en casa. En Argentina, por ejemplo, los bloqueos no han logrado nada más que un empobrecimiento masivo a medida que aumentan las muertes. Perú enfrenta un destino similar a pesar de que el gobierno de la nación fue elogiado por sus tempranas y severas medidas de bloqueo. Perú tiene ahora uno de los peores registros de muertes totales per cápita.

Al menos, la experiencia ilustra los peligros de permitir que los médicos y epidemiólogos controlen las políticas públicas. Estos "expertos", que aparentemente tienen poco o ningún conocimiento sobre cómo funcionan las economías o cómo se hacen cumplir las leyes, se obsesionaron con la idea de abordar una sola enfermedad ignorando prácticamente todas las demás consideraciones. Estos científicos exigieron que sociedades enteras adopten tácticas radicales, extrañas y experimentales que no estaban probadas y que los investigadores anteriores habían descartado durante mucho tiempo como demasiado costosas. Desafortunadamente, muchos políticos escucharon y el costo en vidas humanas y pobreza continuará aumentando.
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domingo, octubre 11, 2020

Los Principios de Justicia Rawlsianos son Falsos

Según John Rawls, al elaborar una teoría de justicia social, emergen dos principios de justicia. Para derivar estos principios, Rawls apela a la construcción imaginaria de un grupo social integrado por personas invariablemente egoístas e igualmente ignorantes. Dado este punto de partida, los principios rawlsianos dicen: 1) principio de igual libertad (igualdad): cada persona tiene igual derecho a las más extensas libertades compatibles con similares libertades para todos; 2) principio de diferencia (maximin): las desigualdades sociales y económicas deben organizarse de modo que (a) beneficien al máximo a las personas menos favorecidas, y (b) estén adscritas a los cargos y puestos abiertos a todos en condiciones de igualdad de oportunidades. Un lector ingenuo, puede adherir de un solo vistazo a estos principios. Pero un observador sofisticado se ve obligado a contrastarlos con los hechos y la lógica estricta.

Cuando se examina la veracidad de una teoría -un complejo de enunciados que describen o predicen hechos o concepciones- lo primero es verificar la consistencia o coherencia interna de sus enunciados fundamentales, o sea si ellos mismo no son autocontradictorios. Un enunciado resulta autocontradictorio si no se cumple cuando se aplica a sí mismo. Este es precisamente el test no superado por el primer principio de Rawls. Es decir, al verificar la consistencia interna, uno se lleva la sorpresa de que el primer principio de justicia es injusto en sí mismo. ¿Es justo el primer principio de justicia?.

¿Qué ocurre si alguien del grupo rawlsiano, formado por personas invariablemente egoístas e igualmente ignorantes, intenta no adherir al primer principio?

En primer lugar, si esa persona no tiene tal derecho (el de adherir o no hacerlo) pues entonces ninguna persona lo tiene porque se supone similaridad de derechos entre todos. Pero para las personas que adhieren es irrelevante el derecho a no adherir por lo que las libertades de los que adhieren y de los que no adhieren son distintas. La similaridad solo se alcanza al incorporar la libertad de adhesión, pero como esta libertad no está se concluye que tal complejo de libertades no es el más amplio. Lo cual se contradice con el principio. Esta contradicción viene de negar la libertad de adhesión. Observe que, por definición, la posibilidad de no adherir a este principio nunca puede ser incompatible con similar libertad para todos ya que los que adhieren preservan la libertad a no hacerlo. La persona que no adhiere al principio tiene dos posibilidades: o queda fuera de la totalidad -queda excluida de la sociedad- lo cual no puede ser un acto de justicia para todos; o es obligada a aceptarlo en contra de su voluntad con lo cual las supuestas libertades no son similares para todos. En ambos casos el principio es injusto si la exclusión o la desigualdad de libertades son indicadores de injusticia. Entonces se puede concluir que la negación de la libertad de adhesión es un cercenamiento que en todo caso presupone limitación de libertades, lo cual contradice la supuesta amplitud e igualdad postuladas por el principio mismo.

En segundo lugar, si la persona sí tiene ese derecho -con lo cual todos lo tienen- pues entonces, cumpliendo así con el supuesto de amplitud e igualdad, las personas que no adhieren no lo reconocen como un principio de justicia, por lo cual no puede ser un principio para todos los miembros igualmente egoístas e ignorantes que integran esa sociedad rawlsiana. Lo cual se contradice con el principio. Esta contradicción surge al reconocer la libertad de adhesión. Resulta entonces que se trata de un principio sólo para los que adhieren al mismo. Se puede concluir que una aceptación de la libertad de adhesión, termina desintegrando esa supuesta totalidad postulada por el principio mismo.

Las ambigüedades contenidas en el primer principio dispersan el germen de la contradicción. Las nociones rawlsianas de amplitud y similaridad de libertades son tan arbitrarias que chocan con esa supuesta totalidad de personas en donde el principio se aplica. Arbitrarias quiere decir que no hay razones contundentes definitivas sobre su importancia y significancia dentro del enunciado; lo que importa y significa no queda completamente especificado. Y por esto, la relevancia del principio exige un acuerdo previo de su aceptación entre los miembros del grupo donde se pretende aplicar; así se degrada su categoría epistemológica y se abren las puertas para que ingresen contradicciones al ser considerado como un principio universal.

El primer principio de justicia de Rawls, no supera la prueba de consistencia interna. Es inconsistente, genera una paradoja cuando se intenta verificar su estatus de justicia. Entonces, ningún sistema de justicia social derivado de los principios de Rawls constituye garantía de justicia para esa sociedad embriagada de egoísmos y enceguecida por ignorancias. Dada esta inconsistencia, no vale la pena analizar la consistencia del segundo principio, aunque es trivial demostrar que contradice al primero. El primer principio de justicia de Rawls sobrevive sólo como un mero experimento mental paradójico.

Por lógica, y sentido común, una sociedad justa no surge cuando sus miembros reconocen y aplican los principios rawlsianos sino cuando ellos aceptan el hecho, innegable, de que las civilizaciones pacíficas -regidas por la no agresión- emergen en aquellas circunstancias en donde las personas viven en libertad absoluta. Las libertades son las libertades, no son ni más ni menos amplias, ni más ni menos similares. Las libertades son o no son agredidas. Cualquier noción de amplitud o similaridad de libertades es ambigua y arbitraria, porque tal noción nunca puede ser precisa y universal a la vez. Un principio de justicia no puede ser innegablemente justo si se funda en nociones ambiguas y arbitrarias sobre la libertad. Se sabe que existe un dominio dentro del cual cada ser humano es absolutamente libre y ese dominio es el de no agresión de las libertades de los demás; resulta innegable que cualquier agresión a las libertades dentro de tal dominio es injusto, bajo la certeza de que dicha agresión es observable y concreta.

Las agresiones a la libertad son el indicador de injusticias. Mientras un indicador de justicia se vuelve una quimera, un indicador de injusticias es observable y concreto si se mide por las pérdidas de libertades. Cualquier violación a las libertades que son de dominio estricto de una persona como lo son su cuerpo, su vida, sus dones o virtudes, sus bienes, sus relaciones con los demás, sus creencias, sus valores, sus ideas, sus expresiones, su proyecto de vida en general- constituye el incio de injusticias observables y evidentes para todos los miembros que viven en sociedad; ellos deben lidiar para prevenir y corregir estos actos de injusticia, de agresiones a las libertades, ellos deben acotar estas agresiones sabiendo que tal sociedad es un siempre cambiante reino de desiguldades y un continuo fluir de información y oportunidades, en donde las igualdades e ignorancias rawlsianas son irrelevantes. La prosperidad y las riquezas se desparraman autónomamente entre los integrantes que conviven bajo esta máxima libertaria, y este resultado nunca puede ser inferior al alcanzado bajo los principios rawlsianos sobre la libertad y la justicia.

La justicia rawlsiana es un ejercicio mental defectuoso. Parte de su defecto se debe a que “Los Principios de Justicia rawlsianos son Falsos”.
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