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lunes, diciembre 26, 2022

AntiHumanos

Las organizaciones ambientalistas del mundo son un nuevo instrumento no gubernamental empleado por comunistas y socialistas (neototalitarios) para determinar la agenda de políticas públicas aplicada desde los gobiernos. Estas organizaciones obtienen beneficios y aportes económicos otorgados por los gobernantes y cumplen la implacable tarea de fijar aquellas medidas políticas que ellos predeterminan arbitrariamente y que el poder político está obligado a aplicar sobre tablas para someter a toda la sociedad.

Con esta estratégia, el comunismo/socialismo agrega un tentáculo más en su gobierno desde las sombras; en la mayoría de los casos estos tentáculos no se integran oficialmente al gobierno pero adquieren el suficiente poder de influencia como para fijar los ataques hacia el capitalismo, hacia la libertad, y redirigir cuantiosas cantidades de recursos hacia las arcas de este neototalitarismo. El ambientalismo, junto con la ideología de género, son nuevas ideologías instrumentales a esta estrategia totalitaria.

El ambientalismo tiene diferentes frentes de ataque. El primero y más resonante es el cambio climático y calentamiento global, el segundo es la contaminación y biodiversidad y el tercero es la superpoblación humana. Para los ambientalistas, estos problemas tienen un origen común: el accionar humano. Ellos suponen que el ser humano es la causa de todo mal y, en este contexto, el mercado, el capitalismo y la libertad conforman el eje del mal.

Pero a no confundirse. Los ambientalistas, como cualquier totalitario, viven carcomidos por la envidia y el resentimiento. Ellos no son competitivos dentro del único sistema social exitoso que es el mercado capitalista, por lo que dirigen sus ataques buscando desviar y apropiarse de recursos generados por el mismo sistema de cooperación social que ellos atacan. El comunismo/socialismo es esencialmente un sistema de explotación social sea institucionalizado o camuflado como entidades supuestamente beneficiosas. Entre estas entidades están los ambientalistas.

Claro que la actividad humana afecta al ambiente. Eso es innegable pues el humano forma parte del ambiente. Pero es precisamente el comunismo/socialismo (el extremo intervencionismo) la principal causante de los efectos negativos sobre el ambiente, al impedir que el mercado capitalista incorpore al ambiente como una componente más, como un elemento más del mercado. El intervencionismo gubernamental, exagerado por el neototalitarismo, es el principal obstáculo para resolver los problemas ambientales en el mercado, que es el legítimo ámbito donde una sociedad de mercado debe resolver sus problemas de cooperación voluntaria.

El fenómeno de cambio climático y calentamiento global no está estrictamente demostrado. Hay varios estudios que así lo afirman. Pero aún suponiendo que tal fenómeno ocurre actualmente, no hay forma de probar que este se debe a causas antrópicas. Los efectos ambientales de la acción humana pacífica son insignificantes cuando se comparan con otras causas de un supuesto calentamiento global como pueden ser la dinámica interna del planeta tierra, los efectos externos por interacciones gravitatorias o la dinámica propia del sol.

Las fuerzas terrestres, las fuerzas gravitatorias o las fuerzas solares son infinitamente más poderosas que cualquier fuerza humana, por lo que es casi improbable un cataclismo climático terrestre de origen antrópico. Aunque los ambientalistas se lo atribuyen, maliciosamente, al hombre y así fundan sus ataques al uso de combustibles fósiles, a la agricultura y a la cría de ganado. Obviamente, al impulsar esta agenda, los ambientalistas son financiados por pseudo emprendedores socios del gobierno que obtienen condiciones de privilegio para montar sus negocios sustitutos.

Los efectos contaminantes y sobre la biodiversidad son también fácilmente abordables en el mercado. Pero los gobiernos se encargan de impedir que la iniciativa privada desarrolle las respectivas soluciones privadas. La iniciativa privada posee la habilidad y capacidad que permite obtener las respuestas biotecnológicas oportunas para controlar la contaminación y preservar la biodiversidad terrestre. Ninguna respuesta intervencionista puede superar las soluciones obtenidas en el mercado de la contaminación precisamente porque el valor de la contaminación puede obtenerse sólo en el mercado. Igualmente, el verdadero valor de la biodiversidad aflora sólo en el mercado. Es improbable que la contaminación y la biodiversidad valgan según el valor asignado por políticos, todos ellos corruptos, mercenarios delincuentes que responden a sus propios objetivos totalitarios de explotación social.

Otro tanto ocurre con la supuesta superpoblación humana. La población humana hoy araña los 8 billones (8.000.000.000) de personas. Los ambientalistas sostienen que al ritmo de crecimiento actual, en el 2050 destruiremos el planeta. Esta afirmación expresa una brutalidad sin igual. Hace 200 años, casi el 95% de la población era pobre. Hoy en día sólo el 5% de la población mundial es pobre, con el agregado de que el nivel de vida de un pobre actual sería la envidia de un rico medieval. El capitalismo, el libre mercado, hizo posible este logro; Si hoy en día desaparecieran los gobiernos, la raza humana eliminaría por completo el hambre y la pobreza del mundo en pocas décadas. Por este efecto exponencial de mejora en la calidad de vida, la población lejos de aumentar tendería a disminuir y desaparecería la supuesta amenaza por superpoblación.

En rigor, la verdadera amenaza que hoy enfrenta el planeta y la raza humana es precisamente la que proviene del comunismo/socialismo y sus socios neototalitarios. Por ejemplo la utilización de virus de diseño, como el coronavirus, están programados no sólo para mutar sistemáticamente y provocar enfermedades adicionales como afecciones pulmonares, renales o el desarrollo de diabetes y disfunción del sistema reproductivo, sino también pueden modificar el genoma humano conforme un plan de control poblacional y aniquilación humana.

La gestación de pandemias es una estrategia del neototalitarismo para confinar y someter a la población mientras se desarrollan vacunas de inoculación obligatoria como instrumentos para asesinar personas, para desviar recursos públicos y generar enormes ganancias compulsivas obtenidas por otros socios neototalitarios dígase laboratorios, farmacéuticas, universidades, institutos de investigación y medios propagandísticos. Las pandemias, al igual que los conflictos y las guerras, se utilizan para conquistar territorios, someter a la población y tomar el control político y económico en la sociedad.

El mayor peligro de aniquilación que actualmente enfrenta la humanidad entera proviene del comunismo/socialismo aplicado por los gobiernos. Observe las amenazas de aniquilación nuclear provenientes de los regímenes totalitarios Ruso, Chino, Norcoreano e Iraní. Súmele a esto las amenazas incipientes provenientes desde los regímenes totalitarios de Venezuela, Cuba, Nicaragua, Argentina y ahora Chile y Brasil, todos países que se han vuelto un caldo de cultivo del comunismo/socialismo neototalitario.

Los creadores, impulsores y operadores de ideologías como la ambientalista, el feminismo, de género, etc., son los únicos beneficiados por el neototalitarismo. Los gobernantes y las burocracias estatales son títeres operativos de estos poderes en las sombras. Todos ellos cómplices de la aniquilación humana al perseguir sus objetivos antihumanos.
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domingo, marzo 28, 2021

Los Confinamientos son un Ataque a Occidente

La sociedad humana actual se divide en dos grandes ramas culturales: la cultura occidental y la cultura oriental. Geopolítica y culturalmente, todo el continente Americano, el sur de África, toda Europa Occidental, parte de Medio Oriente, Australia y Nueva Zelanda forman la civilización occidental. Europa Oriental, casi toda Asia y gran parte de África forman la cultura oriental. Estas culturas se desarrollan y sostienen sobre principios que resultan antagónicos entre sí. Los intentos de penetración cultural desde una civilización a la otra generan roces y colisiones inevitables derivados, todos, de la incompatibilidad irreconciliable entre ambos principios.

La cultura occidental se desarrolla y sustenta sobre principios Libertarios. La libertad de las personas es la base de esta civilización; las personas son libres, predomina el libre albedrío, la voluntad propia. Si bien sus sistemas de gobierno son intrusivos en lo social e intervencionistas en lo económico, las libertades individuales siempre constituyen un freno, una barrera, de última instancia a las pretensiones abusivas de los gobiernos en cualquier sociedad occidental. Hay un límite que los gobernantes no pueden pasar, hay un abismo donde cae toda pretensión totalitaria de la política: el completo repudio al comando-control, el completo repudio a la orden-obediencia.

Por lo contrario, la cultura oriental se sustenta y desarrolla sobre el flagelo del sometimiento humano, sobre la base del dominio-control, de la orden-obediencia. En esta cultura siempre hay alguien que lo controla todo y somete al resto, siendo esta situación ampliamente aceptada por los súbditos. No hay resistencia. Es una sociedad de amos y súbditos voluntarios; los amos dan las órdenes y los súbditos asienten incondicionalmente. Claramente, la cultura oriental rechaza los principios libertarios; el desprecio de la orden, el rechazo a la obediencia, no tiene cabida en la mente, el corazón y el espíritu oriental.

Tales sistemas culturales son esencialmente incompatibles entre sí; su convivencia es imposible: la persona es o no libre, acepta o no la obediencia. Esto lleva a concluir que los rasgos sobresalientes de ambas culturas no pueden convivir. El libre mercado de la economía occidental es inviable bajo un régimen totalitario oriental; la centralización política oriental es inviable bajo la exigencia libertaria occidental. El gobierno oriental no tolera una sociedad occidental y la sociedad occidental no tolera un gobierno oriental. Es un choque entre la economía y la política, entre la sociedad y la política. Las libertades occidentales no sobreviven bajo la política oriental; las políticas orientales son repudiadas por la libertad occidental.

Aunque su modelo político continúa hoy en día, el modelo económico oriental fracasó. El colapso económico de oriente tiene su expresión cúlmine en la caída del muro de Berlín y el fin de la guerra fría a principios de los 1990 's y con la penetración del capitalismo en la economía China desde principios de los 2000 ’s. La prosperidad económica y social es posible sólo bajo las premisas libertarias de occidente; la economía del dominio-control no funciona, es incapaz de producir satisfacción y atender las crecientes demandas impuestas por una civilización cada vez más compleja y exigente. La calamidad económica y el desorden social bajo el modelo oriental colapsó ante el riesgo de aniquilación total por la falta de alimentos. A oriente no le queda alternativa más que adoptar el modelo económico capitalista occidental. Una exigencia praxeológica para la supervivencia.

Esa penetración del capitalismo económico occidental en oriente puso en alerta a los políticos totalitarios de los países orientales. El capitalismo económico requiere libertades internas mientras que el totalitarismo político exige sometimiento y obediencia. Eso es un problema. El capitalismo bajo presiones totalitarias sobrevive en oriente sólo si mantiene firmes vínculos con el sistema occidental vía libre comercio y libre inversión. De lo contrario colapsa. Esto representa un doble desafío para la política totalitaria oriental pues recibe presiones y amenazas no solo desde los capitalistas que hacen negocios en oriente sino también por las exigencias liberales impuestas desde occidente que deja a oriente sin el control político de sus economías.

Es aquí donde aparece la geoestrategia de oriente. La doble amenaza, económica y política, percibida por los gobernantes orientales, los obliga a reaccionar por el único canal que hoy tienen disponible: la inducción política. Es inviable una guerra, es inviable la invasión, es inviable por su magro desempeño económico; sólo queda inducir un cambio político en occidente. Y no hay muchas posibilidades aquí. Su estrategia implica trasladar el esquema político desde oriente a occidente. Los gobiernos de los países orientales (como Rusia y China) en su afán por aprovechar las mieles del capitalismo occidental y evitar la caída de sus regímenes políticos totalitarios, casi con desesperación, pretenden instalar su sistema político en países occidentales. Algo que está destinado a fracasar desde su génesis, simplemente porque el totalitarismo oriental es socialmente inviable en occidente.

Oriente intenta implementar una estrategia de colonización blanda de las democracias de occidente: la colonización se logra haciendo inevitable el totalitarismo político, afirman. Si se socavan las bases más fundamentales de la sociedad occidental, entonces se podrá derrocar el imperio derivado de la iniciativa individual y así implantar el dominio y control emanado desde las élites políticas más totalitarias. Aquí una pandemia, y sus confinamientos, resultan ser el instrumento indispensable. El reino de la libertad puede ser destronado sólo si se atacan las bases de la sociedad libre: la estabilidad psicológica de las personas. Esa es la lógica geoestratégica de oriente.

Las leyes praxeológicas nos dicen que existe un ordenamiento jerárquico de requerimientos y necesidades. El bienestar derivado de la riqueza material y el confort es un prerrequisito para alcanzar la satisfacción psicológica y espiritual. El ser humano no puede pretender satisfacer sus necesidades más profundas y elevadas sin antes satisfacer sus necesidades más básicas de alimentación, vestimenta y vivienda. El capitalismo permite resolver el problema de las necesidades más básicas. Con los beneficios del capitalismo las personas pueden aspirar a atender sus demandas interiores que hacen a la psicología y la espiritualidad, en donde ni la política ni la economía tienen algo para ofrecer. Esto es lo que falla en las sociedades orientales, pues ellos pretenden abordar el problema interior sin antes resolver el problema exterior de índole estrictamente material. Este último problema es resuelto sólo por el capitalismo, en donde la economía y la política sí que son relevantes.

Como se dijo, el capitalismo es liberador en la sociedad occidental precisamente porque permite al hombre libre resolver satisfactoriamente el problema económico, exterior, lo cual habilita la atención de necesidades interiores sin mayores sobresaltos. Esta satisfacción interior retroalimenta los sentimientos de éxito que las personas le atribuyen a la libertad y así se consolida el fundamento libertario en estas sociedades. Los líderes orientales totalitarios suponen que un golpe sobre la psicología social en la sociedad occidental puede socavar los fundamentos de la libertad, afectar la autoestima de las personas y así allanar el camino para la aplicación de políticas totalitarias que contaminan y deterioran el sistema occidental.

El sentimiento de autorrealización (AR) depende de la autoestima (AE), la autoestima depende del sentido de pertenencia (SP), el sentido de pertenencia depende de la seguridad (S) y la seguridad depende del estatus psicológico (EP) de las personas en la sociedad. Esta satisfacción extramaterial (SE) depende de la satisfacción material (SM). Finalmente, todo queda amalgamado por la libertad; la libertad, como un derivado de la cooperación voluntaria, retroalimenta el esquema virtuoso de satisfacción. Así:

[(AR sóĺo si AE sólo si SP sólo si S sólo si EP) sólo si SM] sólo si LIBERTAD.

En cualquier sociedad humana, la libertad es causa, implicancia necesaria, de satisfacción. Este esquema lógico de satisfacción nos dice, por ejemplo, que un ataque al status psicológico deteriora, por efecto cascada, la autorrealización de las personas. Del mismo modo, cualquier ataque o deterioro de las libertades tendrá efectos devastadores, por retroalimentación circular, sobre la satisfacción.

La lógica geopolítica de los totalitarios orientales presupone que un desbalance psicológico en la sociedad occidental genera una pérdida de confianza en el sistema capitalista, lo cual afecta la autoestima y provoca una menor valoración de las libertades individuales. Así justifican cualquier intervención política totalitaria que destruya la satisfacción, pues las personas insatisfechas y decepcionadas pierden su interés por las libertades individuales abriendo paso a la intervención y sometimiento. Por esta vía surgen y florecen los esporádicos regímenes totalitarios autóctonos en occidente: se provoca la insatisfacción mediante pobreza e inseguridad para luego justificar la mayor intervención totalitaria en la vida económica y social de las personas. Así persisten las autocracias en Cuba, Venezuela, Nicaragua, El Salvador, Bolivia y Argentina: servidumbres programadas.

Los encierros son completamente funcionales a la lógica totalitaria. Los confinamientos son una acción directa contra las libertades individuales, pues las personas son literalmente privadas compulsiva y coercitivamente de su libertad. Los confinamientos paralizan la principal fortaleza de la sociedad occidental que es su exitoso capitalismo económico. Un deterioro sistemático de la economía, impacta directamente sobre la psicología, el estado de ánimo y el sentido de pertenencia social de las personas lo cual, a la larga, afecta la autoestima y la autorrealización. Los encierros tienen efectos psicológicos devastadores inmediatos. He aquí la gran apuesta totalitaria de Rusia y China: su guerra psicológica contra la libertad. Si ellos logran doblegar el sentimiento libertario, entonces podrán aplicar y afianzar sus políticas de dominio-control, su lógica de orden-obediencia.

No hay invasiones armadas. No hay guerras con armas, ni una guerra fría (amenaza de guerras con armas), ni mucho menos una invasión económica de oriente sobre occidente. La élite totalitaria de oriente sabe que no tiene ni potencia militar, ni potencia intelectual, ni potencia económica para doblegar las libertades de las personas en la cultura occidental. A los totalitarios de oriente, arrinconados por el capitalismo de occidente y las exigencias materiales de sus propias sociedades, sólo les queda la batalla psicológica, un manotazo a ciegas, un intento desesperado por prolongar un rato más su último aliento.

Ocurre que esta batalla psicológica es muy asimétrica. Los totalitarios, que sí están abroquelados con el monopolio compulsivo coercitivo del poder político, enfrentan un escurridizo enemigo atomizado en miles de millones de individuos que nunca dejarán de ser libres bajo presión psicológica por el simple hecho de que ni la economía ni la política tienen algo para aportar en la satisfacción de la libertad. La demanda de libertad se deriva de una necesidad interna y externa a la vez, es algo que vive, se ejerce y se alimenta desde el interior porque tiene el suficiente poder externo de constituir civilizaciones exitosas y pacíficas; ningún encierro, total o parcial, puede anular algo invariante, inmutable y absoluto, que vive en lo más profundo de millones de occidentales. Por esto, el orden social occidental es un ferviente productor de libertades. Entonces, el resultado es inmediato. Pero, más allá del previsible desenlace final, debemos recordar que, en esta batalla de la tercera guerra mundial, Los Confinamientos son un Ataque a Occidente.
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martes, noviembre 03, 2020

Confinadura

Los países de la Unión Europea, y otros del hemisferio norte, enfrentan actualmente la segunda ola o rebrote del virus Sars-Cov-2, el cual viene mutado como la variante Cov-20A.EU1. Esta nueva cepa parece más agresiva, más virulenta y letal, que la original. Estupefactos ante su anterior fracaso, todos los gobernantes de las zonas afectadas responden a lo bestia aplicando, nuevamente, las mismas políticas fracasadas de fuerza bruta y convirtiendo a sus democracias en una confinadura: verdaderos confinamientos dictatoriales -compulsivos coercitivos. Para forzar el confinamiento, los gobiernos emplean sus fuerzas policiales y fuerzas armadas, quienes se encargan de reprimir bloqueando la circulación de las personas, persiguiendo, multando y encarcelando a aquellos ciudadanos que intentan continuar con las actividades pacíficas de su vida cotidiana. ¿Es la confinadura la mejor respuesta posible?.

Los confinamientos aplicados desde el inicio de la pandemia, no lograron detener la enfermedad, ni mucho menos evitar las muertes informadas por causas del virus. La evidencia es contundente ya que no hay diferencias entre regiones confinadas y no confinadas, con el agravante de que todos los países confinados destruyeron sus economías y potenciaron los efectos negativos de la enfermedad.

En su administración de distintas dosis de confinamiento, las autoridades sanitarias y los gobernantes se apoyan en el análisis numérico de la enfermedad, adoptando una filosofía numerológica al momento de definir y aplicar política económica y sanitaria sobre toda la población: si los contagios suben se confina, si bajan se libera. Obviamente, la enfermedad es un fenómeno biológico, al cual se lo pretende abordar como un fenómeno numérico. Algo está mal con este enfoque!.

El virus es el virus que es y tarde o temprano llega a cada persona, por la vía que fuere: por otras personas contagiadas, por el aire, por medio de animales o mediante elementos que la persona toca, bebe o ingiere. No hay manera de evitar que esto ocurra. Además, la enfermedad evoluciona a un caso grave cuando la persona adquiere alta carga viral siendo, en otro caso, un trastorno leve y superado fácilmente por cada paciente. Por todo esto la enfermedad, aunque muy contagiosa, tiene baja letalidad -menor al 2%- lo cual parece sugerir una mejor respuesta política que se podría aplicar para intentar superar el problema: confinamiento voluntario del grupo de riesgo, precaución social y libertad plena para circular y producir dentro del país.

La libertad para circular y producir tiene dos ventajas principales: la primera es evitar el colapso económico durante la crisis y el segundo es fortalecer el sistema inmunológico de las personas que toman contacto con pequeñas cargas del virus.

Por el contrario, el confinamiento draconiano tiene tres efectos muy dañinos: en primer lugar destroza la economía de las personas confinadas y de todas aquellas actividades en las cuales ellas participan; en segundo lugar deprime el sistema inmunológico de los confinados -por estrés, ansiedad, incertidumbre económica y sanitaria, avance de otras enfermedades y conflictos o violencia doméstica; y en tercer lugar aumenta el riesgo de alta carga viral y contagio letal de los confinados si por algún medio llega el virus al sitio de confinamiento. Así, el confinamiento compulsivo coercitivo genera las condiciones ideales para la explosión y mayor letalidad de la enfermedad dentro del hogar y lugares de encierro.

Pero el efecto más contraproducente de la confinadura, de los encierros compulsivos masivos, es que rompe la misma dinámica biológica encargada de mantener a flote a la especie humana: la coevolución. La humanidad, como especie, ha evolucionado junto a este tipo de virus, contagiosos y poco letales. Estos virus cada tanto se declaran en batalla contra la vida humana. Por estas batallas microbianas permanentes, nuestra especie persiste perfeccionando su sistema inmunológico -su arsenal de defensa- a un ritmo que compensa la letalidad de los virus. Por eso estamos aquí ahora.

La única forma de permanecer en esta lucha, contra este tipo de virus, es que una alta proporción de la población mantenga el contacto natural con pequeñas cargas del patógeno de modo que el sistema inmunológico lo pueda reconocer, enfrentar y finalmente vencer. Llegado este punto, el de la creación de anticuerpos, el sistema inmune de la gran mayoría queda fortalecido y preparado para una nueva embestida del atacante, quien enfrentará nuevas barreras que no podrá atravesar, perderá su virulencia y finalmente desaparecerá porque le será poco probable encontrar un huésped que le permita completar su ciclo y mutar para volver a atacar.

Claramente, el fenómeno coevolutivo es biológico, no numerológico; ignorarlo es una arrogancia fatal que cometen tanto médicos como políticos a la hora de sugerir e implementar sus confinaduras. Las confinaduras impiden que la mayoría de las personas tomen contacto con pequeñas cargas del virus por lo que su sistema inmunológico no se prepara para futuras embestidas del patógeno. Cuando el patógeno de primera generación finalmente completa su infección de primera ola, del primer brote, logra generar una nueva generación de atacantes, mucho más robustos y fortalecidos por superar su prueba de explorar e infectar exitosamente el cuerpo humano. Cuando los atacantes de la nueva cepa se ponen en contacto con las potenciales víctimas previamente confinadas, tienen mucha más probabilidad de infección ya que sus huéspedes están desprotegidos y su poder infeccioso es mayor, con lo cual aumenta su virulencia y letalidad. Es decir, las confinaduras vuelven a las personas más vulnerables y al virus más fuerte y mortal. Un resultado opuesto al que se obtiene por coevolución.

La sociedad debe saber que tanto políticos como sanitaristas están haciendo mal su trabajo. Están llevando a la población humana a un callejón de la muerte, una situación que nunca ocurre en condiciones naturales y que casi con seguridad se llevará millones y millones de vidas humanas que la coevolución puede salvar. La sociedad debe saber que existen alternativas políticas las cuales son opuestas a las confinaduras. La sociedad debe saber que la mejor respuesta es, siempre, la libertad. La sociedad debe saber que los virus son peligrosos y mortales pero también debe saber que el mejor aliado de esa letalidad son los políticos y sanitaristas que aplican su confinadura.
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martes, octubre 27, 2020

El Estado: El Único Monopolio Maldito

El Estado, definido como el monopolio de la compulsión y la coerción o monopolio de la violencia, es la única institución, la única entidad socialmente reconocida, que tiene el poder de imponer sus dictados y órdenes sobre todos los miembros de una sociedad. El gobierno, su falange instrumental, provee el sustrato básico para que sus ejecutores, los gobernantes, elaboren esos dictados que posteriormente se traducen en órdenes concretas que recaen sobre las acciones y la vida de cada persona en particular. Siendo ese sustrato manufacturado por los propios gobernantes, es inmediato deducir que la existencia social del ser humano transcurre bajo la hegemonía de sus gobernantes, bajo el yugo de una dictadura estatal.

Ahora, la existencia del Estado -una institución artificial- no es una resultante natural de la acción humana voluntaria. Los gobiernos se imponen sobre una sociedad que los arropa, los alimenta y los acepta como una criatura encargada de realizar la más desagradable de las tareas: aplicar y amenazar con aplicar violencia para alcanzar la paz. No obstante tal aceptación, la artificialidad del Estado hasta suena como un oxímoron: aplicar la violencia para alcanzar la no violencia. El Estado se presenta como una coartada, una respuesta necesaria ante una supuesta amenaza de violencia de todos contra todos. Yo diría que se trata de una concepción mediocre, paternalista, acerca de la paz, acerca de los pilares de la sociedad humana. Se dice que el Estado es nuestro padre, es bueno, es nuestro creador, nos protege y nos mantiene; él hace e impone las reglas de convivencia en el hogar, mientras amenaza con y, eventualmente, aplica los castigos para mantener a raya el desorden familiar..

Pero la verdad es que el Estado no es el padre de nadie. No es bueno, no protege ni mantiene a nadie más que a sus propios ególatras, a aquellos que siempre buscan y logran apoderarse de tal institución para, desde esa posición, aplicar toda violencia exigiendo a sus súbditos todo aquello que llene sus apetitos hegemónicos y totalitarios. Visto así, el Estado es una descarnada entidad monstruosa de la cual nadie escapa, a la cual todos obedecen y se someten al servicio de los gobernantes de turno. Esto es así por la implacable lógica de la acción humana misma.

Por su propia naturaleza, el ser humano actúa de modo que sus actos lo llevan a especializarse y dividir el trabajo. Toda organización y todo orden social se inunda invariablemente de acciones de toda clase, altamente especializadas, dentro de las cuales se encuentra la especialidad en liderazgo. Toda actividad humana tiene especialistas en liderazgo, con uno o varios líderes que los demás siguen, entorno al cual los demás ordenan sus acciones. Esta especialización en liderazgo es muy evidente dentro de las divisiones de una empresa, pues sus líderes son muy visibles. Lo mismo pasa en la actividad de gobierno del Estado, en donde surgen líderes en violencia, en compulsión y coerción, y sobreviven aquellos más especializados en agresión y violencia.

La lógica de la acción humana nos muestra que la institución de la violencia promueve y genera liderazgos violentos. La ley de la acción humana lleva a concluir que no hay gobernantes buenos pues todo gobierno se ordena entorno a líderes especialistas en violencia, especialistas en aplicar y amenazar con aplicar la violencia. Los que llegan a esos puestos son los más malvados y violentos a pesar que se presentan como bondadosos y pacíficos. Pedir gobernantes buenos es como pedir peras al olmo. Simplemente todo gobernante es malo, porque la concepción y administración de la maldad es su especialidad más refinada.

¿Qué destino queda para una sociedad que pone una criatura malvada al custodio de la paz? ¿No es esto lo mismo que poner un zorro en el gallinero? Mientras con esta institución se busca preservar la paz, la especialidad de los hombres de Estado es precisamente aplastar libertades aplicando su violencia. La libertad, la ausencia de violencia sobre la vida y la propiedad de las personas, es deliberadamente destruida por el accionar de los gobernantes. ¿No es fallida y autocontradictoria la institución del Estado.? La evidencia empírica nos muestra permanentemente la voracidad y maldad del Estado bajo todo régimen de gobierno. Observe cuán violentos, cuán destructores de propiedades y vidas humanas, cuán hegemónicos y totalitarios se comportan los gobernantes bajo la actual situación de confinamiento compulsivo coercitivo en todo el mundo, en donde cada democracia se ha vuelto una dictadura representativa, una confinadura permanente.!

A la larga, los más violentos toman el control del Estado y cuando eso sucede, los hombres de Estado no son garantes de la paz; por el contrario, son destructores de la paz porque desde esa posición aplican toda clase de violencias sobre los demás. No es la naturaleza monopólica de esta clase de liderazgos lo que vuelve efectivamente dañino a los violentos. Pues al final de cuentas, toda sociedad contiene una miríada de monopolios voluntarios atomizados -in extremis- de los que esencialmente consiste todo orden social avanzado formando la base de la prosperidad humana mientras ningún monopolio maligno se afianza atomizadamente. Los violentos del gobierno se vuelven efectivos sólo por la naturaleza institucional que adquiere su especialidad, institución ésta que los cobija, los arropa, los mantiene y empodera. Esa institución es El Estado: El Único Monopolio Maldito.
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domingo, octubre 18, 2020

El Desastre de los Bloqueos

Incluso los Funcionarios de la OMS Admiten Ahora que los Bloqueos son Políticas Extremas con Resultados Desastrosos
Por Ryan McMaken

La semana pasada, el Dr. David Nabarro de la Organización Mundial de la Salud admitió que los encierros han sido devastadores para gran parte del mundo, y señaló que “los encierros solo tienen una consecuencia que nunca, nunca debes menospreciar, y que está haciendo que la gente pobre sea muchísimo más pobre." Nabarro pasó a enumerar varios ejemplos del daño económico causado por los bloqueos:
Mire lo que les ha sucedido a los pequeños agricultores de todo el mundo. Mire lo que está pasando con los niveles de pobreza. Parece que bien podríamos duplicar la pobreza mundial para el próximo año. Bien podríamos tener al menos una duplicación de la desnutrición infantil.
Nabarro también le recordó a su audiencia que los bloqueos no harán desaparecer al covid-19, empleando la lógica del bloqueo que se usó en los primeros días del pánico del covid-19. En otras palabras, los bloqueos no hacen que las enfermedades desaparezcan:
La única vez que creemos que un bloqueo está justificado es para ganar tiempo para reorganizar, reagrupar, reequilibrar sus recursos, proteger a sus trabajadores de la salud que están agotados, pero en general, preferimos no hacerlo.
Estos comentarios fueron seguidos esta semana por comentarios adicionales del Dr. Hans Kluge de la OMS, quien afirmó que los encierros solo deberían ser un "muy, muy último recurso" debido a los efectos en poblaciones más vulnerables. Según Kluge (resumido por CNBC):
Cualquier bloqueo nacional debe considerar los riesgos directos y los “daños colaterales” asociados con la pandemia, como el impacto en la salud mental, la violencia doméstica de género y el impacto en los estudiantes.
Kluge y Nabarro ciertamente no son los primeros funcionarios de organizaciones gubernamentales de salud que han llamado la atención sobre los efectos económicos y mortales desastrosos de los cierres. Gerd Müller, que supervisa los problemas de pobreza global para el gobierno alemán, dijo el mes pasado al Handelsblatt, un periódico alemán, que "muchas más personas morirán por las consecuencias del cierre que por el virus". Continuó prediciendo el próximo número de muertos: "Solo en el continente africano, esperamos 400.000 muertes adicionales por malaria y VIH este año, así como medio millón más que morirán de tuberculosis".

Como suele ocurrir, a las partes más pobres del mundo les va peor que a las más ricas. Por lo tanto, la devastación económica cosechada por los cierres de empresas y los cierres forzosos pondrá en peligro aún más vidas en África, América Latina y el sur de Asia que en el caso de los países ricos de Occidente.

Pero, como hemos señalado aquí en mises.org, Occidente no es inmune a los efectos negativos. Incluso antes de la recesión actual, sabíamos que el empobrecimiento y el desempleo conducen a una mayor mortalidad por una variedad de causas, incluidas las enfermedades cardíacas y los accidentes cerebrovasculares. Con el aislamiento impuesto, además de la carnicería económica, se producen muertes por suicidios, sobredosis de drogas y afecciones médicas no tratadas.

Estas últimas admisiones del personal de la OMS representan una admisión a regañadientes de que los funcionarios de salud actuaron sin pruebas ni una consideración de los costos cuando exigieron cierres con poca consideración por los efectos. Sin embargo, estas admisiones no deben interpretarse como un cambio radical. No debemos esperar que ningún funcionario entregue realmente sus prerrogativas para cerrar coercitivamente las economías y obligar a la gente a entrar en sus hogares utilizando personal policial y militar. Los burócratas, por supuesto, disfrutan de este tipo de poder.

Pero ahora se ha vuelto tan obvio que los efectos secundarios de los bloqueos son tan peligrosos y tan destructivos que el no admitir al menos esto haría que los funcionarios parecieran completamente desconectados de la realidad.

Pero el reciente cambio de tono representa, no obstante, un cambio en la retórica.

De "15 días", al bloqueo "indefinidamente"

En marzo y abril, los gobiernos de los Estados Unidos y de todo el mundo se apoderaron de nuevos e importantes poderes de emergencia e impusieron "cierres" a nivel nacional y órdenes de quedarse en casa. El estribillo fue "15 días para frenar la propagación". Pero, por supuesto, los bloqueos no se detuvieron allí.

Poco a poco, la idea de que los bloqueos podrían evitar que los hospitales se vean abrumados se transformó en la falsa noción de que los bloqueos pueden hacer que las enfermedades desaparezcan de alguna manera. La prensa usaba titulares que decían que los encierros "derrotaban" la enfermedad, y los reporteros afirmaban que el distanciamiento social "detendría este virus". Otros "expertos" y expertos del gobierno afirmaban que los bloqueos nunca podrían levantarse hasta que haya una vacuna disponible.

Anthony Fauci, por ejemplo, afirmó que no se podría permitir una reducción de los encierros hasta que "esencialmente no haya casos nuevos, ni muertes durante un período de tiempo". Dado el problema generalizado de los falsos positivos, lo que esto realmente significa es que los bloqueos nunca se pueden reducir.

Hay pocas dudas de que los gobiernos que escucharon a personas como Fauci hubieran preferido imponer bloqueos indefinidos. Hemos visto el ideal, desde la perspectiva de los políticos, en el trabajo en Australia, donde los ciudadanos sufren bajo las estrictas reglas de encierro, la policía arresta a los ciudadanos por expresar su oposición a los encierros y hostiga a las ancianas por sentarse en los bancos del parque. La policía también rompe las ventanas de automóviles y arrastra a los conductores a la calle por no poder presentar documentación especial que les permita salir de sus hogares.

Afortunadamente, pocos gobiernos han podido lograr estas atrocidades cometidas en Australia. En muchos países, esta incapacidad de obligar a todos a entrar en sus hogares se debe a una simple necesidad económica. En las economías más pobres, gran parte de la población vive al día y sin programas de bienestar sustanciales. Simplemente no es plausible esperar que un comerciante de nivel de subsistencia en México se siente en casa y literalmente muera de hambre para cumplir con una orden de quedarse en casa. En Argentina, por ejemplo, los bloqueos no han logrado nada más que un empobrecimiento masivo a medida que aumentan las muertes. Perú enfrenta un destino similar a pesar de que el gobierno de la nación fue elogiado por sus tempranas y severas medidas de bloqueo. Perú tiene ahora uno de los peores registros de muertes totales per cápita.

Al menos, la experiencia ilustra los peligros de permitir que los médicos y epidemiólogos controlen las políticas públicas. Estos "expertos", que aparentemente tienen poco o ningún conocimiento sobre cómo funcionan las economías o cómo se hacen cumplir las leyes, se obsesionaron con la idea de abordar una sola enfermedad ignorando prácticamente todas las demás consideraciones. Estos científicos exigieron que sociedades enteras adopten tácticas radicales, extrañas y experimentales que no estaban probadas y que los investigadores anteriores habían descartado durante mucho tiempo como demasiado costosas. Desafortunadamente, muchos políticos escucharon y el costo en vidas humanas y pobreza continuará aumentando.
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lunes, junio 08, 2020

Carta Abierta al Poder Judicial de la Nación Argentina

PETICIÓN

Munido de los derechos y obligaciones que competen a todo Ciudadano de la Nación Argentina, se solicita a la Corte Suprema de Justicia de la Nación Argentina su inmediata intervención para exigir a las autoridades del Poder Ejecutivo Nacional y poderes ejecutivos provinciales y locales, a respetar la Constitución Nacional, a suspender de inmediato las medidas de confinamiento coercitivo adoptadas sobre los ciudadanos de La Nación y a levantar los bloqueos arbitrarios impuestos, sobre los mismos, para circular, comerciar, producir e industrializar libre y pacíficamente en cualquier lugar del Territorio Nacional.

FUNDAMENTOS

Actualmente, las autoridades ejecutivas del Gobierno Argentino (Nacional, Provinciales y Locales) decretan y aplican medidas de confinamiento compulsivo-coercitivo y bloqueo económico, basándose en recomendaciones políticas plagadas de ignorancias técnicas sobre la infección por el rna-virus SARS-CoV-2 -como lo es la coinfección, la comorbilidad o las causas últimas de muerte- y falacias sociales y económicas -como lo es la supuesta propagación del virus asociada a la circulación de las personas (asintomáticas) y sus actividades productivas y comerciales-. Además, al decretar e implementar esas políticas, no se consideran aspectos epidemiológicos ya conocidos de la enfermedad como lo son la muy baja mortalidad, la rapidez de recuperación de los infectados, la respuesta inmunológica de las personas, la baja mutabilidad del virus, el deterioro de su potencia infecciosa por la barrera de asintomáticos, la inconsistencia entre control de la enfermedad y contagios por tandas, la peligrosa coordinación entre propagación y confinamiento, estado sanitario inicial de las personas que fallecen, y la evidente asociación entre confinamiento y persistencia de la enfermedad, mientras todo el panorama empeora por el estado calamitoso de los sistemas fraudulentos de salud pública que se vuelven centros de contagio y propagación del virus.

La implementación de políticas sanitarias basadas en esta mezcla de ignorancias e inobservancias de la verdad, no sólo impide aplicar las verdaderas medidas preventivas sino que lleva a confundir muerte con coronavirus con muerte por coronavirus, a falsificar las causas de muerte y a generar una situación de incertidumbre y pánico entre la población, mediante lo que podrían llamarse actos de terrorismo sanitario impulsados desde el Estado. Ignorancia e inobservancia de la verdad sumadas a la mala intención dentro de la mente arrogante y perversa de gobernantes aplicando políticas totalitarias, generan las condiciones para un cataclismo de destrucción económica y social sin precedentes. Estos actos de terrorismo aplicados por el Estado podrían llevar a la Argentina a una caída del 30% anual de su producción total, un avance del desempleo a niveles del 50% de la población activa y una explosión de la pobreza por encima del 70% de la población. Todo esto se vuelve desesperante en el muy corto plazo.

En consecuencia, las medidas de confinamiento coercitivo y bloqueo económico arbitrario impuestas, ambas, compulsivamente sobre nuestra población, no sólo expresan un carácter totalitario del proceder ejecutivo de los gobernantes, sino que simultáneamente provocan incalculables daños a la economía y la salud de cada ciudadano y significan violaciones flagrantes al derecho natural que cada habitante Argentino posee a desarrollar su vida y sus actividades de manera libre y pacífica. Adicionalmente, estas medidas no solo perjudican la vida, la salud y las propiedades de cada persona sino que también conducen a la desintegración de la propia sociedad Argentina.

Una persona que transita por la vía pública, con los recaudos pertinentes en todo sentido, con el propósito de desarrollar actividades productivas o recreativas, no representa ninguna amenaza a la vida, la salud o los bienes de los demás. Una persona que viaja en su propio vehículo no conlleva otro peligro para sus compatriotas, más que aquellos inherentes al mismo hecho de circular en vehículo.

Suponer que una persona que circula, produce, compra o vende es portadora de una enfermedad contagiosa, prohibirle circular y bloquear sus acciones mediante decisiones políticas, expresa la más absoluta torpeza de los gobernantes, lo cual es inadmisible en la sociedad contemporánea. La supuesta amenaza a esa ambigua noción de salud pública, por el solo hecho de circular y mantenerse activo, no constituye amenaza real; una supuesta amenaza es sólo eso, una conjetura, algo no basado en prueba alguna, algo que no ocurrió y por lo tanto no existe. La coordinación de la acción humana en la sociedad no se basa en supuestas amenazas de sus miembros; si lo hiciere, no existiría tal sociedad. En un Estado de derecho, los impedimentos a moverse, producir, comerciar y desarrollar la vida con normalidad basados en supuestas amenazas son equivalentes a una condena basada en el juicio arbitrario de un tirano; es un acto de absoluta injusticia. Nuestra Constitución Nacional no permite condena sin delito debidamente probado. El confinamiento coercitivo y el bloqueo arbitrario impuestos sobre las personas equivalen a una condena sin el debido proceso.

Los padres fundadores de la Patria eran conscientes de los peligros derivados de la compulsión y la coerción ejercidas por los gobernantes. En alguna medida ellos buscaron aislar y alejar esos peligros enumerando, literalmente, algunos derechos fundamentales de los ciudadanos y proponiendo una manera de preservarlos. Esto quedó escrito en la Constitución Nacional. Son estos derechos, los que hoy fueron suspendidos por un confinamiento que parece no tener fin.

En el Artículo 14 de nuestra Constitución Nacional se consagran algunos derechos fundamentales que cada ciudadano posee, entre los cuales se encuentra el derecho a peticionar, derecho sobre el cual se inicia esta carta abierta. Artículo 14.- Todos los habitantes de la Nación gozan de los siguientes derechos conforme a las leyes que reglamenten su ejercicio; a saber: de trabajar y ejercer toda industria lícita; de navegar y comerciar; de peticionar a las autoridades; de entrar, permanecer, transitar y salir del territorio argentino; de publicar sus ideas por la prensa sin censura previa; de usar y disponer de su propiedad; de asociarse con fines útiles; de profesar libremente su culto; de enseñar y aprender.

Los sucesivos decretos de confinamiento y bloqueo impuestos por el Poder Ejecutivo Nacional, desde el 20 de marzo 2020, están en evidente contradicción con el derecho a ejercer industria lícita , de transitar, de comerciar y de disponer de la propiedad privada. Una persona no puede disponer de su propiedad si no la puede producir, intercambiar con otras personas o moverse para ejercer su industria.

El Artículo 16 de nuestra Constitución Nacional establece la igualdad ante la ley. Artículo 16.- La Nación Argentina no admite prerrogativas de sangre, ni de nacimiento: no hay en ella fueros personales ni títulos de nobleza. Todos sus habitantes son iguales ante la ley, y admisibles en los empleos sin otra condición que la idoneidad. La igualdad es la base del impuesto y de las cargas públicas.

Los sucesivos decretos de confinamiento y bloqueo impuestos por el Poder Ejecutivo Nacional, desde el 20 de marzo 2020, son claramente discriminatorios y no respetan el criterio canónico de igualdad ante la ley, pues se permite que unas personas puedan salir, desplazarse, producir, comerciar e industrializar mientras otras están obligadas a permanecer en confinamiento y sin posibilidad de ejercer sus legítimos derechos tal como lo hace el grupo designado por las autoridades de gobiernos. Esto, directamente, crea dos categorías de ciudadanos: los de primera con libertad y derechos constitucionales y los de segunda confinados y bloqueados. La desigualdad ante la ley es injusta y crea conflictos y resentimientos entre los ciudadanos.

El Artículo 17 de la Constitución Nacional consagra la inviolabilidad de la propiedad privada. Artículo 17.- La propiedad es inviolable, y ningún habitante de la Nación puede ser privado de ella, sino en virtud de sentencia fundada en ley. La expropiación por causa de utilidad pública, debe ser calificada por ley y previamente indemnizada. Sólo el Congreso impone las contribuciones que se expresan en el Artículo 4º. Ningún servicio personal es exigible, sino en virtud de ley o de sentencia fundada en ley. Todo autor o inventor es propietario exclusivo de su obra, invento o descubrimiento, por el término que le acuerde la ley. La confiscación de bienes queda borrada para siempre del Código Penal argentino. Ningún cuerpo armado puede hacer requisiciones, ni exigir auxilios de ninguna especie.

Los sucesivos decretos de confinamiento y bloqueo impuestos por el Poder Ejecutivo Nacional, desde el 20 de marzo 2020, claramente destruyen la disposición de la propiedad privada pues impiden que las personas produzcan, intercambien e industrialicen sus posesiones. Estos decretos son equivalentes a una confiscación encubierta con la excusa de la salud pública, ignorando que la confiscación está expresamente prohibida en Argentina.

El Artículo 18 de la Constitución Nacional establece las garantías del debido proceso. Artículo 18.- Ningún habitante de la Nación puede ser penado sin juicio previo fundado en ley anterior al hecho del proceso, ni juzgado por comisiones especiales, o sacado de los jueces designados por la ley antes del hecho de la causa. Nadie puede ser obligado a declarar contra sí mismo; ni arrestado sino en virtud de orden escrita de autoridad competente. Es inviolable la defensa en juicio de la persona y de los derechos. El domicilio es inviolable, como también la correspondencia epistolar y los papeles privados; y una ley determinará en qué casos y con qué justificativos podrá procederse a su allanamiento y ocupación. Quedan abolidos para siempre la pena de muerte por causas políticas, toda especie de tormento y los azotes. Las cárceles de la Nación serán sanas y limpias, para seguridad y no para castigo de los reos detenidos en ellas, y toda medida que a pretexto de precaución conduzca a mortificarlos más allá de lo que aquélla exija, hará responsable al juez que la autorice.

Los sucesivos decretos de confinamiento y bloqueo impuestos por el Poder Ejecutivo Nacional, desde el 20 de marzo 2020, tienen como efecto inmediato el arresto domiciliario de cada ciudadano Argentino sin juicio previo alguno. El confinamiento coercitivo prolongado indefinidamente constituye no solo un arresto domiciliario indebido sino también una mortificación o tortura psicológica a personas pacíficas que no han cometido crimen o acto delictivo alguno.

El Artículo 28 de la Constitución Nacional resguarda la inmutabilidad de los anteriores artículos de la Constitución Nacional. Artículo 28.- Los principios, garantías y derechos reconocidos en los anteriores artículos, no podrán ser alterados por las leyes que reglamenten su ejercicio.

Los sucesivos decretos de confinamiento y bloqueo impuestos por el Poder Ejecutivo Nacional, desde el 20 de marzo 2020, de hecho se ejercen como si estuvieran fuera del alcance de la Constitución Nacional pues, tal como se mencionó previamente, desconocen y transgreden varios de sus primeros artículos, lo genera una situación legal de inconsistencia constitucional.

El Artículo 29 de la Constitución Nacional viene a ser como un resguardo contra las intenciones totalitarias de los gobernantes, pues califica toda suma de poder público como un delito de traición a la patria. Artículo 29.- El Congreso no puede conceder al Ejecutivo nacional, ni las Legislaturas provinciales a los gobernadores de provincia, facultades extraordinarias, ni la suma del poder público, ni otorgarles sumisiones o supremacías por las que la vida, el honor o las fortunas de los argentinos queden a merced de gobiernos o persona alguna. Actos de esta naturaleza llevan consigo una nulidad insanable, y sujetarán a los que los formulen, consientan o firmen, a la responsabilidad y pena de los infames traidores a la patria.

Los sucesivos decretos de confinamiento y bloqueo impuestos por el Poder Ejecutivo Nacional, desde el 20 de marzo 2020, funcionan como una concesión de facultades extraordinarias y la suma del poder público al Poder Ejecutivo Nacional. La vida, el honor y las fortunas de los ciudadanos argentinos quedan sometidos a las arbitrariedades adoptadas por los gobernantes bajo las amenazas de persecución, multa y encarcelamiento a aquellas personas que, pacíficamente y sin dañar a nadie, ignoren o desoigan las órdenes impartidas desde el Poder Ejecutivo -de todos los niveles de gobierno. Las autoridades ejecutivas del gobierno cometen todo tipo de atropellos bajo esta lógica de supremacía y sumisión. Por ello, en carácter de Ciudadano Argentino vengo a denunciar estos actos de atropello derivados de estos decretos de confinamiento y bloqueo, caso contrario, al consentirlos, estaría obrando como un infame traidor a la patria.

El Artículo 31 de la Constitución Nacional viene a establecer el dominio y alcance de esta Constitución. Artículo 31.- Esta Constitución, las leyes de la Nación que en su consecuencia se dicten por el Congreso y los tratados con las potencias extranjeras son la ley suprema de la Nación; y las autoridades de cada provincia están obligadas a conformarse a ella, no obstante cualquiera disposición en contrario que contengan las leyes o constituciones provinciales, salvo para la provincia de Buenos Aires, los tratados ratificados después del Pacto de 11 de noviembre de 1859.

Los sucesivos decretos de confinamiento y bloqueo impuestos por el Poder Ejecutivo Nacional, desde el 20 de marzo 2020, sistemáticamente se presentan como leyes supremas que están por encima de la Constitución Nacional; los gobernantes, quienes crean y ejecutan estos decretos, claramente ignoran el alcance supremo de la Ley Constitucional e implícitamente postulan y promulgan sus decretos y dictados como si tuvieran un carácter superior al Constitucional, pues en ellos se determina, de modo discriminatorio y arbitrario, quién sale y quién no, quién produce y quién no, quién comercia y quién no, quién se mueve y quién no, además de establecer amenazas de aplicar persecución, multa o encarcelamiento a quien los ignore.

El Artículo 43 de la Constitución Nacional habilita a cualquier ciudadano Argentino a interponer ante la justicia una acción de amparo contra actos que vulneren sus derechos constitucionales. Artículo 43.- Toda persona puede interponer acción expedita y rápida de amparo, siempre que no exista otro medio judicial más idóneo, contra todo acto u omisión de autoridades públicas o de particulares, que en forma actual o inminente lesione, restrinja, altere o amenace, con arbitrariedad o ilegalidad manifiesta, derechos y garantías reconocidos por esta Constitución, un tratado o una ley. En el caso, el juez podrá declarar la inconstitucionalidad de la norma en que se funde el acto u omisión lesiva.

Los sucesivos decretos de confinamiento y bloqueo impuestos por el Poder Ejecutivo Nacional, desde el 20 de marzo 2020, claramente lesionan, restringen, alteran y amenazan los derechos y garantía reconocidos por la Constitución Argentina. Razón por la cual quiero, en este acto, interponer, ante la Corte Suprema de la Nación Argentina, una acción de amparo en contra de los decretos de confinamiento y bloqueo impuestos por el Poder Ejecutivo Nacional y los respectivos poderes provinciales y locales, dado el tremendo daño que estos sucesivos decretos me provocan en particular y provocan en general a todos los ciudadanos que habitan el suelo Argentino. Esta acción de amparo es para solicitar la inmediata declaración de inconstitucionalidad de dichos decretos.

El Artículo 76 de la Constitución Nacional prohíbe la delegación de poderes del Poder Legislativo al Poder Ejecutivo, salvo por plazos definidos. Artículo 76.- Se prohíbe la delegación legislativa en el Poder Ejecutivo, salvo en materias determinadas de administración o de emergencia pública, con plazo fijado para su ejercicio y dentro de las bases de la delegación que el Congreso establezca. La caducidad resultante del transcurso del plazo previsto en el párrafo anterior no importará revisión de las relaciones jurídicas nacidas al amparo de las normas dictadas en consecuencia de la delegación legislativa.

Los sucesivos decretos de confinamiento y bloqueo impuestos por el Poder Ejecutivo Nacional, desde el 20 de marzo 2020, implican ostentación de poderes ilimitados y, dada las sucesivas prórrogas de la cuarentena, esto podría llevar a confinamiento y bloqueo arbitrariamente permanente. Al día de la fecha, 7 de junio del 2020, se completaron 80 días de confinamiento y bloqueo, lo cual no tiene precedentes en ningún otro país del mundo incluso aquellos que vivieron situaciones mucho más calamitosas a las observadas en Argentina, lo cual indica el grado de arbitrariedad y excesos cometidos por las autoridades del Gobierno Argentino. En este caso, es el Poder Judicial de la Nación, la última institución que puede marcarle límites al apetito totalitario de los gobernantes de turno.

Finalmente, el Artículo 99 de la Constitución Nacional le prohíbe exprésamente al Presidente legislar en matería penal. Artículo 99.- El Presidente de la Nación tiene las siguientes atribuciones:
1.
2.
3. Participa de la formación de las leyes con arreglo a la Constitución, las promulga y hace publicar. El Poder Ejecutivo no podrá en ningún caso bajo pena de nulidad absoluta e insanable, emitir disposiciones de carácter legislativo. Solamente cuando circunstancias excepcionales hicieran imposible seguir los trámites ordinarios previstos por esta Constitución para la sanción de las leyes, y no se trate de normas que regulen materia penal, tributaria, electoral o de régimen de los partidos políticos, podrá dictar decretos por razones de necesidad y urgencia, los que serán decididos en acuerdo general de ministros que deberán refrendarlos, conjuntamente con el jefe de gabinete de ministros.
...
4.
5.
...

Los sucesivos decretos de confinamiento y bloqueo impuestos por el Poder Ejecutivo Nacional, desde el 20 de marzo 2020, y sus correspondientes convalidaciones por el Senado de Nación Argentina, implican violaciones flagrantes al inciso 3 del Artículo 99 de la Constitución Nacional dado que en los sucesivos decretos se establecen penas a quienes eventualmente violaren la imposición del confinamiento y el bloqueo estalecidos en los mismos, razón por la cual solicito al Poder Judicial de la Nación declarar la inmediata inconstitucionalidad de dichos decretos.

CONCLUSIÓN

Con todo lo mencionado anteriormente, es que hago pública esta Carta Abierta al Poder Judicial de la Nación Argentina, y dada la enorme asimetría de poder que enfrenta cada Ciudadano ante el Poder Ejecutivo Nacional y los respectivos poderes provinciales y locales, es que ruego a las autoridades de la Honorable Corte Suprema de Justicia intervengan para suspender de inmediato y declarar la Inconstitucionalidad de los decretos de confinamiento y bloqueo impuestos por el Poder Ejecutivo Nacional desde el 20 de marzo del 2020, y que tal intervención de la Corte Suprema de Justicia sea en pos de restablecer y preservar la plena vigencia de nuestra Constitución Nacional.

Atte
Juan Carlos Vera
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sábado, mayo 16, 2020

En Tiempos de Crisis, Necesitamos Libertad Más que Nunca

Edmund Shieh, 15/05/2020

En las últimas semanas, en todo el mundo, los gobiernos han mantenido a sus propios ciudadanos como rehenes en nombre de "proteger a la gente". Lo que no han podido entender es que cada restricción que imponen tiene un costo. Al forzar el bloqueo a sus ciudadanos, el gobierno ha eliminado la capacidad de los particulares para evaluar ese costo por sí mismos.

Las heridas que el coronavirus ha infligido a la sociedad solo se profundizarán por la cantidad no anunciada de intervención gubernamental. Los gobiernos le han dado al pueblo un enemigo más para luchar en esta guerra contra el coronavirus. Quienes argumentan que las medidas tomadas son necesarias para evitar muertes innecesarias no pueden ver que estas mismas medidas sin duda costarán muchas vidas y medios de subsistencia en el futuro. Con demasiada frecuencia parece que solo se toma en consideración un lado de la ecuación durante esta crisis. La ONU publicó recientemente un informe Afirmando que debido a la recesión económica causada por el bloqueo, cientos de miles de niños podrían morir solo este año. También estiman que 42–66 millones de niños podrían caer en la pobreza extrema en los próximos años. Aunque estas cifras son estimaciones, plantea una pregunta para las autoridades: ¿cuánto es demasiado?

El gobierno no tiene un buen historial de respuesta a esta pregunta. Incluso al intentar responderlo, ya se prepararon para fallar. Hemos visto una y otra vez a lo largo de la historia que la planificación central no funciona. Los límites, como treinta personas para un funeral y diez para bodas, son ejemplos de restricciones arbitrarias que resultan de un pequeño número de burócratas que intentan planificar de manera centralizada una solución óptima. Un gobierno que intenta organizar a la sociedad de esta manera, no es diferente de la economía de mando de la Unión Soviética que trata de calcular cuántas papas producir por año. Ambos escenarios tienen consecuencias reverberantes, y las ramificaciones de una reacción subóptima a este virus podrían perseguirnos en las generaciones venideras.La única solución es permitir que las personas decidan libremente sus propias acciones en función de sus propias preferencias de riesgo.

Aunque el coronavirus es de hecho una pandemia, no es diferente de cualquier otro escenario en el que un individuo debe actuar. El individuo debe decidir basándose en su propio cálculo de su costo versus beneficio. Solo cada individuo puede saber por sí mismo qué decisión es óptima para su preferencia de riesgo y su situación personal, no el gobierno.

La preocupación de que la capacidad del sistema médico y su capacidad para manejar la sobrecarga de pacientes se haya elevado al punto de que "aplanar la curva" se ha vuelto elegante. La decisión social óptima puede ser limitar el riesgo hasta el punto en que la curva sea plana. Sin embargo, usar eso como una razón para imponer restricciones no está justificado. Mirando hacia atrás en la historia, el manejo del gobierno de estas llamadas externalidades ha sido pésimo en el mejor de los casos, la razón es que estos burócratas en quienes confiamos para hacer estos cálculos para "optimizar" el beneficio social son, de hecho, humanos como nosotros. Están sujetos a prejuicios, influencia y error humano.

No importa el hecho de que en situaciones como estas, los intereses del gobierno rara vez se alinean con los de la gente. Nuestros intereses duran más que sus mandatos. Cuando haya llegado el momento de pagar las deudas del encierro, los burócratas que nos han mantenido encerrados dentro de nuestras casas ya no estarán. Sus intereses dependen de que sean capaces de engañarlo haciéndole creer que lo mantienen a salvo. Esto implicará su uso del lenguaje orwelliano en un país cargado de emociones con el espíritu de "nunca dejar que una buena crisis se desperdicie". Reclamarán cuántas vidas han salvado a corto plazo sin tener en cuenta ningún daño a largo plazo causado por el bloqueo. No escuchará a ningún líder en televisión hablar sobre el costo económico del bloqueo, porque no es políticamente favorable "poner precio a la vida"."Sin embargo, las personas lo hacen todos los días, en todos los aspectos de sus vidas. Un individuo comprende el riesgo que se pone mientras conduce en la carretera, pero persiste en conducir, porque la compensación riesgo-recompensa lo vale para ellos. Es esta libertad de elección la que debe protegerse, especialmente en momentos como estos. El coronavirus indudablemente tendrá efectos negativos en el bienestar de las personas, por lo que eliminar esta libertad de elección paraliza aún más a una sociedad ya paralizada.

En un artículo reciente publicado en The Lancet, El clínico sueco de enfermedades infecciosas Johan Gieseck escribe que los bloqueos no reducen el total de muertes y afirma que cuando todo termine, las jurisdicciones sin bloqueo probablemente tendrán tasas de mortalidad similares a las áreas de bloqueo. Él cree que es inevitable que toda la población estará expuesta al coronavirus en algún momento y que el bloqueo solo retrasará los casos graves por un tiempo. Hay que ver si esto es cierto, pero muestra que sacrificar ciegamente las libertades de uno en nombre de la seguridad sería ingenuo. Si es cierto que los gobiernos solo han retrasado lo inevitable al convocar un tsunami de dificultades económicas, ¿se levantará el gobierno y asumirá la responsabilidad? Improbable. El coronavirus, si bien es la causa inicial del dolor, se utilizará como chivo expiatorio para la enfermedad resultante causada por el gobierno. Las estrategias forzadas como "aplanar la curva" o "bloquear hasta la vacuna" se justifican según los consejos de expertos en salud, que son inconsistentes. La verdadera estrategia óptima será confirmada por las acciones de los individuos libres, como siempre lo ha hecho.

A la luz de esto, parece imprudente entregar nuestro destino al gobierno y confiar en ellos para calcular cuántas personas pueden asistir a un campamento de entrenamiento o decirnos por qué cuatro razones vale la pena arriesgarse a exponerse. Con la nueva información publicada por la ONU, es obvio que los gobiernos de todo el mundo son incapaces de evaluar las compensaciones en beneficio de la sociedad. Tan tentador como puede ser creer que el gobierno nos está protegiendo con el bloqueo, están perjudicando a la sociedad más de lo que la están ayudando, tal como lo hacen con todas sus otras regulaciones forzadas. En un momento en que un paso en falso por parte del gobierno es más costoso que nunca, mantener nuestras libertades individuales es primordial.

El autor Edmund Shieh es un actuario con sede en Melbourne, Australia. Es estudiante de la escuela de economía austriaca y defensor del libertarismo.
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sábado, abril 04, 2020

Confinamiento Comunista

Con la pandemia del coronavirus, de repente la humanidad toda tuvo la oportunidad de vivir una experiencia directa sobre la significancia y alcances del comunismo: El comunismo es confinamiento compulsivo coercitivo, es pobreza expansiva, es violencia extrema aplicada por los gobernantes, es hambre creciente, es enloquecimiento, es la destrucción de la paz, es enfermedad, es agresión social, es persecución y muerte, es destrucción de civilizaciones enteras. Cada ser humano está viviendo en carne propia esta dosis de comunismo desatada por una infección. Cada persona del mundo está sintiendo lo que significa perder la libertad y someterse al totalitarismo.

El totalitarismo derivado de las imposiciones gubernamentales es, hoy en día, el residuo persistente de la violencia biológica predominante en la humanidad primitiva. El hombre primitivo no era libre, sino que estaba confinado y sometido a los caprichos de su misma naturaleza: el individuo más astuto y físicamente más fuerte siempre eliminaba o sometía a los demás. Ese es el corolario de la cruel competencia biológica. Los avances de la civilización pusieron un freno a esos instintos de dominación y sometimiento, aunque recurrentemente dentro del supuesto orden ideado e impuesto desde los gobiernos, los gobernantes intentan recrear ese dominio instintivo.

Si bien el ser humano se fue liberando de las tiranías sociales con el avance de la civilización, donde libertades y derechos individuales toman importancia y valor, también es cierto que el impulso agresivo sobrevive y siempre se expresa apenas se alcanza una posición de control y dominación: si se tiene el poder de agredir, se agrede. Por esta deriva biológica, la circunstancia actual no podía expresar una excepción. Una pandemia genera las condiciones para la violencia y el totalitarismo gubernamental, porque la mayoría de las personas entran en pánico y se vuelven vulnerables, manipulables y sometibles.

Se sabe que un gobernante -totalitario- nunca desperdicia esta oportunidad y siempre aplica su dosis de agresión y violencia, pues él posee el monopolio de la compulsión y coerción. La máxima autoridad toma el control absoluto y despliega su tiranía biológica: prohibiciones de circulación, control de precios, cierre de negocios, usurpación de propiedades privadas, anulaciones de leyes y constituciones, prohibiciones laborales, amenazas y persecución social, agresión física, encarcelamientos y fusilamientos. Lo aprovecha todo. Lo demás, dado el cimbronazo de pánico, se dá por sí mismo porque se liberan los flancos para que el dictador actúe con impunidad. Así, el dictador actúa y la tragedia ocurre. Con la pandemia, el comunismo se vuelve un evento mundial. Punto.

Ahora ¿es posible escapar de semejante desgracia y servidumbre social? Claro que sí. Precisamente, una manifestación tan extendida del comunismo junto a los daños derivados de su violencia, es la muestra, es el botón, que la sociedad necesitaba para entender de un solo saque los alcances e implicancias del comunismo: muerte y destrucción. Rápidamente todos hicimos un curso intensivo obligatorio que nos muestra y nos enseña sobre las desgracias del totalitarismo/comunismo/socialismo y sobre la importancia de la libertad.

La peste del SARS-CoV-2, que causa la enfermedad del coronavirus, surgió en un reino totalitario/comunista/socialista -en China, se expandió desde ahí por todo el planeta y, para peor de los males, se pretende aplicar en todo el mundo las mismas técnicas totalitarias/comunistas/socialistas -que la engendraron, para intentar controlarla. Casi una ironía de la ingeniería social totalitaria/comunista/socialista. La humanidad toda deberá tomar nota de este evento. Esta es, también, su oportunidad.

La libertad no es un logro frágil de la civilización, sino que es su pilar fundamental. Es irrompible. Es la condición humana misma. La manifestación humana es precisamente un evento de liberación. La humanidad es imposible sin la libertad de sus individuos. Si perdemos las libertades, la especie humana se extingue. ¿Y esto por qué es así? Porque sin la libertad no es posible pensar, no es posible crear, no es posible inventar, no es posible ayudar, no es posible producir, no es posible comer, no es posible sanar, no es posible la reproducción, no es posible la protección, no es posible vivir. Punto.

Con esta pandemia, esta experiencia masiva ya inevitable, la humanidad toda asiste a un curso intensivo sobre totalitarismo/comunismo/socialismo. Esta oportunidad histórica representa el único activo social que deja el SARS-CoV-2 y eso le diremos a las generaciones futuras. Por todo lo demás, las libertades y el libre capitalismo -su sostén económico- harán rápidamente lo necesario para vencer al SARS-CoV-2 y sacarnos del confinamiento comunista.
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