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lunes, octubre 30, 2006

Evitar la Catástrofe

La tasa nominal de cambio del peso respecto al dólar (r) expresa el valor nominal del dólar en pesos: cuanto mayor es esta tasa, mas pesos se requieren para obtener un dólar. Como el valor de los bienes en el mundo generalmente se expresan en dólares, porque es una moneda estable, entonces es razonable usar esta tasa de cambio como un indicador del precio de los bienes disponibles en el mundo que pueden ser adquiridos por los tenedores de pesos y, por extensión al óptimo, como una medida del bienestar de estas personas.

La tasa r se interpreta como una medida del poder adquisitivo de los tenedores de pesos y a mayor r menor es su poder adquisitivo y menor su bienestar. El problema de esta tasa nominal es que no tiene en cuenta el precio de los demás bienes siendo estos el objeto principal del intercambio entre países. Por ello se arma un indicador que exprese una tasa real de cambio, es decir el valor real del dólar considerando el precio del resto de los bienes.

Por ejemplo si el nivel general de precio de los bienes transables fuera PT=1 dólar, y la tasa nominal de cambio es r, entonces se requieren r pesos para comprar una unidad del bien transable T. Pero si PT es distinto de 1 entonces se requieren rPT pesos para comprar esa misma unidad. Además, si el nivel general de precio de los bienes domésticos no transables fuera PN=1, entonces se requerirían rPT unidades de este bien para comprar una unidad del bien T. Pero si el precio del bien N es distinto de 1, se requieren rPT/PN unidades del bien N para comprar una unidad del bien T. Este último indicador es lo que se conoce con el nombre de tasa real de cambio y se nota con la expresión π=rPT/PN.

Esta expresión es un caso particular de otro mas general en el cual PT=P* es el deflactor del GDP del país externo y PN=P es el deflactor del GDP del país doméstico. De este modo la expresión de la tasa real de cambio queda: π=rP*/P. Esta tasa da una idea del valor de bienes externos en términos de bienes domésticos, por ejemplo cuántos kilos de maíz o de aceitunas o de carne debo producir y vender para comprar un automóvil importado, cuántas horas debo trabajar para comprar una computadora de última generación, qué cantidad de un cierto bien debo producir y vender con un proyecto para adquirir una nueva maquinaria, etc. O sea es una medida que expresa el valor de los bienes externos en términos “reales” de bienes domésticos.

Ambas expresiones para la tasa real de cambio indican que cuanto más alto sea π, más bienes domésticos se necesitan para obtener una unidad de un bien global promedio transable entre países, o que más cantidad de un bien doméstico promedio podrá comprar un productor de bienes transables por unidad de bien transable. Al ser π un precio como cualquier otro, no escapa a la ley que gobierna la dinámica de precios en una economía: continuos ajustes naturales hacia un equilibrio.

Estos ajustes siguen una cierta pero desconocida geometría impuesta por los equilibrios económicos. Estos equilibrios son tan escurridizos que cualquier intento para controlarlos fracasan debido a que estas intervenciones rebasan rápidamente la barrera de computabilidad impuesta por la geométrica. Esta ley (la geométrica) agota toda la capacidad de cómputo apenas la economía suma unos pocos bienes. Esta sofisticada idea ha sido bien estudiada en el campo de la computabilidad y la criptografía y entra a tallar apenas se transforma un problema analítico en uno numérico.

Afortunadamente, esta barrera de computabilidad es uno de los sustentos del libre intercambio, haciendo que esta sea la mejor de las formas de administrar aquella búsqueda del equilibrio. De no existir tal imposibilidad estaríamos condenados a una eterna dictadura administrada por tiranos. Y por ello veo en esta fantástica regla uno de los fundamentos primarios de la libertad, pues ha permitido liberarnos del yugo de la tiranía.

Los equilibrios económicos son eso, equilibrios, y no se los puede forzar. Ellos son bichos raros e indomables. Por esto, dado un equilibrio económico la pregunta relevante es cómo se vive en las vecindades de él, que medidas de política tienden a preservarlo y qué otras lo perturban hasta que una situación extrema lo restablece. Esa es la pregunta que uno se debe hacer con la tasa real de cambio en Argentina. Originalmente se tenía un equilibrio caracterizado por π0=PT/PN0. Actualmente la situación es π1=3PT/PN1. Para restablecer el equilibrio se requiere que π0=π1=π.

Una posibilidad es que PN1=3PN0. O sea a causa del manejo arbitrario en la tasa nominal de cambio r se tiene un proceso inflacionario doméstico. Otra posibilidad sería liberar r para alcanzar un equilibrio PN1=r1PN0. O sea, puede haber un reacomodamiento de r o inflación o una mezcla de ambos.

Ahora, es posible mantener, por algún tiempo, artificialmente π0 < π1 usando por ejemplo políticas de control de precios, que es lo que hoy se hace en Argentina. Pero estos controles no hacen otra cosa que acentuar aún más los desequilibrios y forzar al sistema hacia una situación más inestable desde donde el equilibrio se restablecerá de una manera dramática y catastrófica. Eso sucede cuando los movimientos de política para fijar precios se hacen impracticables o inefectivos porque su complejidad numérica ha traspasado la barrera geométrica de la computabilidad. A partir de ese estado el retorno al equilibrio es naturalmente violento e incontrolable, con costos devastadores en términos económicos y sociales.

En Argentina ya hay señales claras que se está alcanzando aquel umbral de complejidad. Se tiene problemas de abastecimiento de ciertos productos claves en varios lugares del país. Por ejemplo hay muchos problemas con el gasoil, con productos lácteos, en el transporte y en el sector energético, por mencionar algunos. Habiendo sobrada evidencia mundial de cómo terminan los controles de precios, las preguntas a responder son: ¿estamos los argentinos dispuesto a pagar aquellos costos devastadores de un final catastrófico?, ¿si la respuesta es no, entonces hay una manera de evitar la catástrofe?. La respuesta a la primera interrogante no la se. Pero si puedo responder la segunda: empezar a desarmar lo antes posible la oscura trama de control de precios y permitir que las fuerzas económicas busquen un camino hacia una situación de equilibrio que sin duda terminará cuando efectivamente π0=π1=π.
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jueves, octubre 12, 2006

Globalización=Instituciones=Progreso

Hoy, quien dude de las ventajas de la globalización queda en evidente ridículo. Mirando una entrevista que CNN le hizo al presidente del Perú, A. García, a inicios de Octubre pasado, el Señor Presidente dijo:"...quien quiera hacer bien a su pueblo y quien quiera aumentar la capacidad de producción y distribución para los mas pobres tiene que apelar al libre comercio como un instrumento..." Es bueno que un presidente de un país latinoamericano lo haya recordado, aunque ya los hechos hablan por si solos, observando que varios de estos países disputan intensamente algún protagonismo en este nuevo escenario en donde el mundo se ha vuelto una fuente inagotable de progreso.

Pero la globalización no viene sola. Hay reglas de juego que la hacen viable. Y estas reglas deben respetarse. Este marco institucional es mucho más independiente de los gobiernos locales que todas las reglas internas de los países individuales. Estos países pierden poder para controlar estas reglas y por ende pierden su preciada “discrecionalidad” arbitraria. Es a esta pérdida de discrecionalidad arbitraria a la que verdaderamente le temen muchos gobiernos, y empresas asociadas, de los países latinoamericanos.

En el contexto global, en lugar de agencias de gobiernos llenas de amigos y parientes acomodados, deben quedar personas idóneas, inteligentes, bien capacitadas y rápidas en la identificación y resolución de problemas. Por ello, este botín para los amigos y parientes se ve amenazado por la inexorable globalización. La nueva institucionalidad que cobija a un país integrado bajo alguna modalidad de globalización, como una comunidad de países, un área de libre comercio, un tratado de libre comercio, un acuerdo de cooperación, etc., despeja la incertidumbre para la toma de decisiones debido precisamente a aquella pérdida de arbitrariedad de los gobiernos domésticos.

Tal pérdida se vuelve una ganancia en previsibilidad para los ciudadanos locales y aquellos del resto del mundo. Es sobre la base de esta previsibilidad que se gesta el nuevo progreso asociado a la globalización, que será, sin dudas, mucho más justo y favorecerá a los más pobres.

Afortunadamente, las naciones por sí solas ya no pueden sostenerse. Necesitan del resto del mundo para intercambiar aquellos bienes que harán posible su futuro. Para ejecutar estos intercambios se requieren nuevas reglas. Estas nuevas reglas tienen la ventaja que trascienden a la mezquina arbitrariedad local. Es así que los ciudadanos se despojan de una clase de tiranía basada en reglas locales. Es de esperar que muchas de las operaciones locales oscuras se vean superadas por la tracción de nuevas leyes, más universales, más transparentes, asociadas a la globalidad.
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