ARGENTINA
CAPITAL FEDERAL
HOY-ES
OtrosBlogs -
MisPapers -
MisNotas -
Vínculos -

domingo, marzo 28, 2021

Los Confinamientos son un Ataque a Occidente

La sociedad humana actual se divide en dos grandes ramas culturales: la cultura occidental y la cultura oriental. Geopolítica y culturalmente, todo el continente Americano, el sur de África, toda Europa Occidental, parte de Medio Oriente, Australia y Nueva Zelanda forman la civilización occidental. Europa Oriental, casi toda Asia y gran parte de África forman la cultura oriental. Estas culturas se desarrollan y sostienen sobre principios que resultan antagónicos entre sí. Los intentos de penetración cultural desde una civilización a la otra generan roces y colisiones inevitables derivados, todos, de la incompatibilidad irreconciliable entre ambos principios.

La cultura occidental se desarrolla y sustenta sobre principios Libertarios. La libertad de las personas es la base de esta civilización; las personas son libres, predomina el libre albedrío, la voluntad propia. Si bien sus sistemas de gobierno son intrusivos en lo social e intervencionistas en lo económico, las libertades individuales siempre constituyen un freno, una barrera, de última instancia a las pretensiones abusivas de los gobiernos en cualquier sociedad occidental. Hay un límite que los gobernantes no pueden pasar, hay un abismo donde cae toda pretensión totalitaria de la política: el completo repudio al comando-control, el completo repudio a la orden-obediencia.

Por lo contrario, la cultura oriental se sustenta y desarrolla sobre el flagelo del sometimiento humano, sobre la base del dominio-control, de la orden-obediencia. En esta cultura siempre hay alguien que lo controla todo y somete al resto, siendo esta situación ampliamente aceptada por los súbditos. No hay resistencia. Es una sociedad de amos y súbditos voluntarios; los amos dan las órdenes y los súbditos asienten incondicionalmente. Claramente, la cultura oriental rechaza los principios libertarios; el desprecio de la orden, el rechazo a la obediencia, no tiene cabida en la mente, el corazón y el espíritu oriental.

Tales sistemas culturales son esencialmente incompatibles entre sí; su convivencia es imposible: la persona es o no libre, acepta o no la obediencia. Esto lleva a concluir que los rasgos sobresalientes de ambas culturas no pueden convivir. El libre mercado de la economía occidental es inviable bajo un régimen totalitario oriental; la centralización política oriental es inviable bajo la exigencia libertaria occidental. El gobierno oriental no tolera una sociedad occidental y la sociedad occidental no tolera un gobierno oriental. Es un choque entre la economía y la política, entre la sociedad y la política. Las libertades occidentales no sobreviven bajo la política oriental; las políticas orientales son repudiadas por la libertad occidental.

Aunque su modelo político continúa hoy en día, el modelo económico oriental fracasó. El colapso económico de oriente tiene su expresión cúlmine en la caída del muro de Berlín y el fin de la guerra fría a principios de los 1990 's y con la penetración del capitalismo en la economía China desde principios de los 2000 ’s. La prosperidad económica y social es posible sólo bajo las premisas libertarias de occidente; la economía del dominio-control no funciona, es incapaz de producir satisfacción y atender las crecientes demandas impuestas por una civilización cada vez más compleja y exigente. La calamidad económica y el desorden social bajo el modelo oriental colapsó ante el riesgo de aniquilación total por la falta de alimentos. A oriente no le queda alternativa más que adoptar el modelo económico capitalista occidental. Una exigencia praxeológica para la supervivencia.

Esa penetración del capitalismo económico occidental en oriente puso en alerta a los políticos totalitarios de los países orientales. El capitalismo económico requiere libertades internas mientras que el totalitarismo político exige sometimiento y obediencia. Eso es un problema. El capitalismo bajo presiones totalitarias sobrevive en oriente sólo si mantiene firmes vínculos con el sistema occidental vía libre comercio y libre inversión. De lo contrario colapsa. Esto representa un doble desafío para la política totalitaria oriental pues recibe presiones y amenazas no solo desde los capitalistas que hacen negocios en oriente sino también por las exigencias liberales impuestas desde occidente que deja a oriente sin el control político de sus economías.

Es aquí donde aparece la geoestrategia de oriente. La doble amenaza, económica y política, percibida por los gobernantes orientales, los obliga a reaccionar por el único canal que hoy tienen disponible: la inducción política. Es inviable una guerra, es inviable la invasión, es inviable por su magro desempeño económico; sólo queda inducir un cambio político en occidente. Y no hay muchas posibilidades aquí. Su estrategia implica trasladar el esquema político desde oriente a occidente. Los gobiernos de los países orientales (como Rusia y China) en su afán por aprovechar las mieles del capitalismo occidental y evitar la caída de sus regímenes políticos totalitarios, casi con desesperación, pretenden instalar su sistema político en países occidentales. Algo que está destinado a fracasar desde su génesis, simplemente porque el totalitarismo oriental es socialmente inviable en occidente.

Oriente intenta implementar una estrategia de colonización blanda de las democracias de occidente: la colonización se logra haciendo inevitable el totalitarismo político, afirman. Si se socavan las bases más fundamentales de la sociedad occidental, entonces se podrá derrocar el imperio derivado de la iniciativa individual y así implantar el dominio y control emanado desde las élites políticas más totalitarias. Aquí una pandemia, y sus confinamientos, resultan ser el instrumento indispensable. El reino de la libertad puede ser destronado sólo si se atacan las bases de la sociedad libre: la estabilidad psicológica de las personas. Esa es la lógica geoestratégica de oriente.

Las leyes praxeológicas nos dicen que existe un ordenamiento jerárquico de requerimientos y necesidades. El bienestar derivado de la riqueza material y el confort es un prerrequisito para alcanzar la satisfacción psicológica y espiritual. El ser humano no puede pretender satisfacer sus necesidades más profundas y elevadas sin antes satisfacer sus necesidades más básicas de alimentación, vestimenta y vivienda. El capitalismo permite resolver el problema de las necesidades más básicas. Con los beneficios del capitalismo las personas pueden aspirar a atender sus demandas interiores que hacen a la psicología y la espiritualidad, en donde ni la política ni la economía tienen algo para ofrecer. Esto es lo que falla en las sociedades orientales, pues ellos pretenden abordar el problema interior sin antes resolver el problema exterior de índole estrictamente material. Este último problema es resuelto sólo por el capitalismo, en donde la economía y la política sí que son relevantes.

Como se dijo, el capitalismo es liberador en la sociedad occidental precisamente porque permite al hombre libre resolver satisfactoriamente el problema económico, exterior, lo cual habilita la atención de necesidades interiores sin mayores sobresaltos. Esta satisfacción interior retroalimenta los sentimientos de éxito que las personas le atribuyen a la libertad y así se consolida el fundamento libertario en estas sociedades. Los líderes orientales totalitarios suponen que un golpe sobre la psicología social en la sociedad occidental puede socavar los fundamentos de la libertad, afectar la autoestima de las personas y así allanar el camino para la aplicación de políticas totalitarias que contaminan y deterioran el sistema occidental.

El sentimiento de autorrealización (AR) depende de la autoestima (AE), la autoestima depende del sentido de pertenencia (SP), el sentido de pertenencia depende de la seguridad (S) y la seguridad depende del estatus psicológico (EP) de las personas en la sociedad. Esta satisfacción extramaterial (SE) depende de la satisfacción material (SM). Finalmente, todo queda amalgamado por la libertad; la libertad, como un derivado de la cooperación voluntaria, retroalimenta el esquema virtuoso de satisfacción. Así:

[(AR sóĺo si AE sólo si SP sólo si S sólo si EP) sólo si SM] sólo si LIBERTAD.

En cualquier sociedad humana, la libertad es causa, implicancia necesaria, de satisfacción. Este esquema lógico de satisfacción nos dice, por ejemplo, que un ataque al status psicológico deteriora, por efecto cascada, la autorrealización de las personas. Del mismo modo, cualquier ataque o deterioro de las libertades tendrá efectos devastadores, por retroalimentación circular, sobre la satisfacción.

La lógica geopolítica de los totalitarios orientales presupone que un desbalance psicológico en la sociedad occidental genera una pérdida de confianza en el sistema capitalista, lo cual afecta la autoestima y provoca una menor valoración de las libertades individuales. Así justifican cualquier intervención política totalitaria que destruya la satisfacción, pues las personas insatisfechas y decepcionadas pierden su interés por las libertades individuales abriendo paso a la intervención y sometimiento. Por esta vía surgen y florecen los esporádicos regímenes totalitarios autóctonos en occidente: se provoca la insatisfacción mediante pobreza e inseguridad para luego justificar la mayor intervención totalitaria en la vida económica y social de las personas. Así persisten las autocracias en Cuba, Venezuela, Nicaragua, El Salvador, Bolivia y Argentina: servidumbres programadas.

Los encierros son completamente funcionales a la lógica totalitaria. Los confinamientos son una acción directa contra las libertades individuales, pues las personas son literalmente privadas compulsiva y coercitivamente de su libertad. Los confinamientos paralizan la principal fortaleza de la sociedad occidental que es su exitoso capitalismo económico. Un deterioro sistemático de la economía, impacta directamente sobre la psicología, el estado de ánimo y el sentido de pertenencia social de las personas lo cual, a la larga, afecta la autoestima y la autorrealización. Los encierros tienen efectos psicológicos devastadores inmediatos. He aquí la gran apuesta totalitaria de Rusia y China: su guerra psicológica contra la libertad. Si ellos logran doblegar el sentimiento libertario, entonces podrán aplicar y afianzar sus políticas de dominio-control, su lógica de orden-obediencia.

No hay invasiones armadas. No hay guerras con armas, ni una guerra fría (amenaza de guerras con armas), ni mucho menos una invasión económica de oriente sobre occidente. La élite totalitaria de oriente sabe que no tiene ni potencia militar, ni potencia intelectual, ni potencia económica para doblegar las libertades de las personas en la cultura occidental. A los totalitarios de oriente, arrinconados por el capitalismo de occidente y las exigencias materiales de sus propias sociedades, sólo les queda la batalla psicológica, un manotazo a ciegas, un intento desesperado por prolongar un rato más su último aliento.

Ocurre que esta batalla psicológica es muy asimétrica. Los totalitarios, que sí están abroquelados con el monopolio compulsivo coercitivo del poder político, enfrentan un escurridizo enemigo atomizado en miles de millones de individuos que nunca dejarán de ser libres bajo presión psicológica por el simple hecho de que ni la economía ni la política tienen algo para aportar en la satisfacción de la libertad. La demanda de libertad se deriva de una necesidad interna y externa a la vez, es algo que vive, se ejerce y se alimenta desde el interior porque tiene el suficiente poder externo de constituir civilizaciones exitosas y pacíficas; ningún encierro, total o parcial, puede anular algo invariante, inmutable y absoluto, que vive en lo más profundo de millones de occidentales. Por esto, el orden social occidental es un ferviente productor de libertades. Entonces, el resultado es inmediato. Pero, más allá del previsible desenlace final, debemos recordar que, en esta batalla de la tercera guerra mundial, Los Confinamientos son un Ataque a Occidente.
Read All... Leer Todo...

viernes, marzo 19, 2021

Economía vs. Política

Capítulo I del Libro
Ascenso y Caída de la Sociedad
Por: Frank Chodorov

Hace un tiempo tuve la suerte de leer el libro: The Rise and Fall of Society, de Frank Chodorov. La versión en inglés es de lectura recomendable para todo Economista. En esta nota se reproduce el primer capítulo “Economics vs. Politics” traducido al castellano, con el énfasis agregado por mi propia cuenta. Espero que lo sepan disfrutar tanto o más de lo que yo lo hice.

Puede ser que las bestias cautelosas del bosque acepten la trampa del cazador como un concomitante necesario al obtener alimentos. En cualquier caso, el animal humano, presumiblemente racional, se ha habituado a las intervenciones políticas a tal punto que no puede pensar en la realización de una vida sin ellas; En todos sus cálculos económicos, su primera consideración es, ¿cuál es la ley en cuestión? O, más probable, ¿cómo puedo hacer uso de la ley para mejorar mi propia vida? Esto puede ser descrito como un reflejo condicionado. Difícilmente se nos ocurre que podríamos estar mejor si operamos por cuenta propia, dentro de los límites que nos pone la naturaleza y sin restricciones, controles o subvenciones políticas. Nunca entra en nuestras mentes que estas medidas de intervención se colocan en nuestro camino, como una trampa, para fines diametralmente opuestos a nuestra búsqueda de una vida mejor. Aceptamos estas interferencias políticas automáticamente como necesarias para este propósito.

Y así sucede que aquellos que escriben sobre economía comienzan con el supuesto de que la economía es una rama de la ciencia política. Nuestros libros de texto actuales, casi sin excepción, se acercan a la economía desde un punto de vista legal: ¿Cómo se ganan la vida los hombres bajo la legislación prevalecientes? Se deduce, y algunos de los libros lo admiten, que si la legislación cambia, la economía debe seguir estos cambios. Es por esa razón que la currícula universitaria se carga con una serie de cursos en economía, cada uno haciendo homenaje a la legislación que impera sobre las actividades humanas; Por lo tanto, tenemos la economía del comercio, la economía de las operaciones inmobiliarias, la economía de la banca, la economía agrícola, etc. Apenas se considera que existe una ciencia de la economía que cubre principios básicos que operan en todas nuestras ocupaciones y no tienen nada que ver con la legislación. Desde este punto de vista, sería apropiado, si la legislación sanciona la práctica, que los planes de estudio incluyan un curso sobre "la economía de la esclavitud."

Pero la economía no es política. Una es una ciencia, preocupada por las leyes inmutables y constantes de la naturaleza que determinan la producción y distribución de las riquezas; la otra es el arte de gobernar. Una es amoral, la otra es moral. Las leyes económicas son autónomas y tienen sus propias sanciones, al igual que todas las leyes naturales, mientras que la política, la legislación, trata con convenciones hechas por el hombre y manipuladas por el hombre. Como ciencia, la economía busca la comprensión de principios invariantes; mientras que la política es efímera, su tema es la relación diaria de los hombres en sociedad, sabiendo que tal relación cambia permanentemente. La economía, como la química, no tiene nada que ver con la política.

La intrusión de la política en el campo de la economía es simplemente una evidencia de ignorancia o arrogancia humana, y es tan fatua como un intento de controlar el ascenso y descenso de las mareas o ignorar la curvatura del espacio. Desde el inicio de las instituciones políticas ha habido intentos de arreglar los salarios, controlar los precios y crear capital, lo que invariablemente resulta en fracaso. Tales intervenciones deben fallar porque la única competencia de la política es obligar a los hombres a hacer lo que no quieren hacer e impedir que hagan lo que están dispuestos a hacer, mientras las leyes de la economía están fuera de su alcance. Estas leyes son impermeables a la coerción. Los salarios, los precios y la acumulación de riquezas tienen leyes propias, leyes que están más allá del alcance de la política.

El supuesto de que la economía está subordinada a la política se deriva de una falacia lógica. El hecho de que el Estado (la maquinaria de la política) puede controlar, y en efecto lo hace, el comportamiento humano, y dado que los hombres siempre están involucrados en ganarse la vida, en donde operan las leyes de la economía, parece sugerir que controlando a los hombres, el Estado también puede moldear estas leyes a su voluntad. El razonamiento es erróneo porque ignora las consecuencias. Es un principio invariable que los hombres trabajan para satisfacer sus deseos, o que el motivo para producir son las perspectivas de consumo; de hecho, una cosa no se produce hasta que llega al consumidor. Por lo tanto, cuando el estado interviene en la economía, lo cual siempre hace a modo de confiscación, dificulta (o anula) el consumo y, por lo tanto, la producción. La producción del productor está en proporción a su apropiación o ingesta. No es la obstinación lo que genera este resultado sino la operación de una ley natural inmutable. El esclavo inconscientemente se duerme trabajando; es un productor pobre porque es un consumidor pobre.

La evidencia es que la economía influye en el carácter de la política, en lugar de al revés. Un Estado comunista (que se compromete a ignorar las leyes de la economía, como si no existieran) se caracteriza por su preocupación por la fuerza; Es un Estado de miedo. La aristocrática Ciudad-Estado Griega tomó su forma de la institución de la esclavitud. En el siglo XIX, cuando el Estado, a los efectos propios, entró en asociación con la clase industrial creciente, se generó el Estado mercantilista. El Estado de Bienestar es, de hecho, una oligarquía de burócratas quienes, a cambio de gratificaciones y prestigios de la oficina, se comprometen a confiscar y redistribuir la producción de acuerdo con las fórmulas de su propia imaginación, con total desprecio del principio de que la producción debe caer en la cantidad de la confiscación. La caída en la producción es igual al tamaño de la confiscación; una sociedad donde el Estado confisca el 50% de la producción, sólo produce el 50% de su riqueza potencial. Es interesante observar que todo bienestarismo comienza con un programa de confiscación/distribución -intervención del mercado con su técnica de control de precios- y termina con intentos de gestionar toda la producción; eso es porque, contrariamente a sus expectativas, las leyes de la economía no son suspendidas por su interferencia política, los precios no responden a sus dictados, a su legislación, y en un esfuerzo por hacer que sus nociones preconcebidas funcionen, se dedican a la producción, y también ahí fallan, porque las leyes económicas que rigen la producción no son leyes legislables.

La impermeabilidad de la ley económica a la legislación política se muestra en este hecho histórico: a largo plazo, cada Estado se derrumba, con frecuencia desaparece por completo y se convierte en una curiosidad arqueológica. Cada colapso de los cuales tenemos pruebas suficientes fue precedida por el mismo curso de eventos. El Estado, en su insaciable lujuria por el poder, intensificó cada vez más sus invasiones a la economía de la nación, causando una consecuente disminución de los intereses en la producción, hasta que, a largo plazo, se alcanzó el nivel de subsistencia sin llegar a producir lo suficiente para mantener al Estado en las condiciones que estaba acostumbrado. Así el Estado no fue económicamente capaz de enfrentar ciertas circunstancias inmediatas, como las guerras, y sucumbió. Precedente a ese evento, la economía de la sociedad, sobre la cual descansa el poder estatal, se había deteriorado, y con ese deterioro devino la decepción en los valores morales y culturales; a los hombres "no les importaba" ya esos valores. Así la sociedad se derrumbó y se cargó al Estado con ella. No hay forma de que el estado evite esta consecuencia, excepto, por supuesto, abandonar sus intervenciones en la vida económica de las personas que controla, lo cual su avaricia inherente por el poder no lo dejará hacer. No hay manera de que la política se proteja de la política. El final es siempre el mismo: el Estado autodestruye su imperio y sólo deja los cadáveres arqueológicos de la civilización.

La historia del Estado Estadounidense es instructiva. Su nacimiento fue más propicio, siendo engendrado por un grupo de hombres inusualmente sabios en la historia de las instituciones políticas y especialmente comprometidos con la salvaguardia del bebé de los errores de sus predecesores. Aparentemente, ninguna de las manchas de la tradición marcó al nuevo Estado. No se cargó con la herencia de un sistema feudal o de castas -precedente. No tenía que vivir bajo la doctrina del "derecho divino", ni estaba marcado con las cicatrices de la conquista que había dificultado la infancia de otros estados. El Estado bebé fue alimentado con cosas fuertes: la doctrina de Rousseau que el gobierno deriva sus poderes del consentimiento de sus gobernados, la doctrina de la libertad de expresión y pensamiento de Voltaire, la justificación de la revolución de Locke y, sobre todo, la doctrina de los derechos inherentes. No había régimen de estatus que frenara su crecimiento. De hecho, todo fue de Novo.

Cada medida de precaución conocida por la ciencia política se tomó para evitar que el nuevo Estado Estadounidense adquiera el hábito autodestructivo de todos los estados conocidos por la historia, la de interferir con la búsqueda de la felicidad del hombre. La gente fue dejada sola, para resolver sus destinos individuales cualquiera sean las capacidades que la naturaleza les hubiera dotado. Hacia ese fin, el Estado estaba rodeado de una serie de prohibiciones y limitaciones ingeniosas. No solo sus funciones fueron claramente definidas, sino que cualquier inclinación a ir más allá de los límites fue presumiblemente restringida por una división tripartita de autoridad (federal, estatal y local), mientras que la mayoría de los poderes intervencionistas que emplea el Estado se reservaron para las autoridades más cercanas a los gobernados y, por lo tanto, más amables a la voluntad de estos. Por el principio divisivo del imperio en el imperio (o el poder en el poder o el Estado en el Estado), fue imposibilitado, presumiblemente, para siempre la posición monopólica necesaria para un Estado hegemónico. Mejor aún, el Estado fue condenado a subsistir con recursos magros; sus poderes de imposición quedaron cuidadosamente circunscritos. No parecía posible, en 1789, que el Estado Estadounidense pudiera hacer algo para interferir con la economía de la nación; estaba constitucionalmente débil y desbalanceado.

La tinta estaba apenas seca en la constitución antes de que sus autores, ahora en posición de autoridad, comenzaron a reescribirla por interpretación, hasta aflojar los nudos que ataban al Estado. La levadura del poder que está incorporada en el Estado estaba en fermentación. El proceso de interpretación judicial, permanente hasta hoy en día, fue complementado posteriormente por las enmiendas constitucionales; El efecto de casi todas las enmiendas, desde las primeras diez (que se escribieron en la constitución por presión social), fue debilitar la posición de los varios gobiernos estatales y extender el poder del gobierno central. Dado que el poder del Estado crece solo a expensas del poder social, la centralización que estuvo ocurriendo desde 1789 ha presionado a la Sociedad Estadounidense a esa condición de servidumbre que la constitución estaba destinada a prevenir.

En 1913 surgió la enmienda (decimosexta) que liberó completamente al Estado Estadounidense, ya que con los ingresos derivados de los impuestos ilimitados de la renta, él podría hacer incursiones ilimitadas en la economía de la gente. La decimosexta enmienda no solo violó el derecho del individuo al producto de sus esfuerzos, el ingrediente esencial de la libertad, sino que también le dio al Estado Estadounidense los medios para convertirse en el mayor consumidor, empleador, banquero, fabricante y dueño del capital de la nación. Ahora no hay fase de la vida económica en la que el Estado no sea un factor, no hay ninguna empresa u ocupación libre de su intervención.

La metamorfosis del Estado Estadounidense desde un Estado aparentemente inofensivo a una máquina intervencionista tan poderosa como la Roma en su momento, tuvo lugar en el siguiente siglo y medio a su creación; Los historiadores estiman que la gestación del mayor Estado de la antigüedad cubrió cuatro siglos; viajamos más rápido en estos días. Cuando la grandeza de Roma estaba en su máximo esplendor, la principal preocupación del Estado fue la confiscación de la riqueza producida por sus ciudadanos y gobernados; la confiscación se formalizó legalmente, como hoy en Estados Unidos, y aunque no estaba endulzada con moralismos o racionalizada ideológicamente, se pusieron en práctica algunas características del bienestar moderno. Roma tenía sus programas de trabajo, sus planes para desempleados y sus subsidios a la industria. Estas cosas son necesarias para hacer que la confiscación sea palatable y posible.

A los romanos de aquellos tiempos, este orden de las cosas probablemente parecía normal y adecuado como lo es hoy para los Estadounidenses. Los vivos están condenados a vivir en el presente, bajo las condiciones prevalecientes, y su preocupación por esas condiciones hace que cualquier evaluación de la tendencia histórica sea difícil y sólo académica. Los romanos apenas conocían o se preocupaban por el "declive" en el que vivían y ciertamente no se preocupaban por la "caída" al que estaba condenado su mundo. Solo desde el punto de vista histórico es posible tamizar la evidencia y encontrar una relación de causa-efecto, para hacer una estimación significativa de lo que estaba sucediendo.

Ahora sabemos que a pesar de la arrogancia del Estado, arrogancia de los hombres de Estado, estaban operando las fuerzas económicas que soportan las tendencias sociales. La producción de riqueza, las cosas y servicios de los cuales viven los hombres, disminuyeron en proporción a las confiscaciones e interferencias del Estado; junto con el deterioro económico, la preocupación general por la mera existencia sumergió cualquier interés latente en los valores culturales y morales, y el carácter de la sociedad cambió gradualmente al de una manada. Los molinos de los dioses muelen lentamente pero seguro; Dentro de un par de siglos, el deterioro de la sociedad romana fue seguido por la desintegración del Estado, de modo que éste no tuvo ni los medios ni la voluntad de soportar los vientos de la chance histórica. Cabe señalar que la sociedad, que floreció sólo bajo condiciones de libertad, se derrumbó primero; No hubo disposición para resistir las hordas invasoras.

La analogía sugiere una profecía y un jeremías. Pero eso no está dentro del alcance de este ensayo, cuya hipótesis es que la Sociedad, el Gobierno y el Estado son básicamente fenómenos económicos, que se encontrará una comprensión aceptable de estas instituciones en economía, no en la política. Esto no quiere decir que la economía pueda explicar todas las facetas de estas instituciones, más que el estudio de su anatomía revelará todos los secretos del ser humano; pero, así como no puede haber ser humano sin esqueleto, es que cualquier indagación sobre los detalles de la integración social "no" puede ignorar las leyes económicas.
Read All... Leer Todo...

lunes, marzo 01, 2021

Lógica de la Libertad

Siempre me pregunto ¿por qué es tan importante la libertad en la vida humana? ¿Es un derecho inalienable con el cual nace cada persona? ¿Es algo inherente a la naturaleza misma del ser humano? ¿Es lo que calma y, en cierta forma, enaltece el espíritu? ¿Es la libertad una causa última de la existencia, algo que trasciende la vida tal cual es? ¿Es un bien superior? ¿Es un atajo por donde la luz escapa del olvido, de la fría oscuridad del cosmos? ¿Es un orden evolutivo de la información? Hasta ahora, sólo encuentro respuestas observando algo muy terrenal e inmediato del hombre: su libertad es el mejor medio para la supervivencia humana. ¿Por qué?

El ser humano para sobrevivir debe atender sus requerimientos, satisfacer sus necesidades. Para ello debe producir, porque con lo que le viene dado por naturaleza no alcanza. Producir insume tiempo, esfuerzo y otros recursos previamente producidos; primero se debe ahorrar e invertir en producción indirecta. Es así como -requerimientos, necesidades, recursos, aptitudes, producción, ahorro, inversión, satisfacción, necesidades y requerimientos- se encierran en el ciclo interminable de la dinámica humana.

Se puede ver este ciclo como el ciclo de la civilización humana. Es lo que uno observa al estudiar y describir lo que ocurre en cualquier orden social avanzado, un orden consistente con las leyes económicas. Este ciclo funciona bien, se vuelve efectivo y exitoso, cuando las personas involucradas son libres, cuando sus acciones se enfilan detrás del libre albedrío, de la voluntad propia. Sólo bajo condiciones de libertad cada persona identifica sus necesidades más urgentes, establece y elige los fines inmediatos y luego aplica recursos y aptitudes para producir, ahorrar e invertir lo justo y así atender sus requerimientos. La libertad de cada persona, el pleno empleo de su razón, es un prerrequisito de la coordinación social para la satisfacción.

Cada eslabón del ciclo es relevante. El ciclo se rompe si se interfiere la libertad de las personas, porque la libertad da entidad al ciclo. Cada persona conoce en rigor sus necesidades y requerimientos, cada persona posee su propia escala de valoraciones para satisfacerlas. Cada persona conoce sus aptitudes y destrezas, cada una sabe lo que puede hacer y producir. Cada persona se involucra voluntariamente en el proceso cooperativo de producción indirecta, que le permite generar excedentes para ahorrar, intercambiar, invertir, satisfacer y producir nuevamente. Las ventajas del ciclo se potencian al extremo bajo condiciones de completa libertad: la producción, el ahorro, la inversión, la satisfacción se coordinan y quedan al servicio pleno de la civilización.

Una sociedad sin libertades individuales carece de la información vital para el ciclo virtuoso de la prosperidad. Necesidades, aptitudes, habilidades, inventiva y producción se desacoplan en ausencia de libertad porque sólo el hombre libre expresa y emplea esta información necesaria y suficiente, retroalimentada, al coordinar sus acciones voluntarias. Sin esta información, ningún ciclo puede ser virtuoso. Cualquier totalitarismo, estatismo, intervencionismo, socialismo o comunismo destruye las libertades y así elimina aquella información fundamental para la coordinación productiva.

Si la clave de la prosperidad es tan evidente, entonces ¿por qué la humanidad cae frecuentemente en brotes totalitarios y violentos? Esto ocurre porque cualquier ser humano sabe que tiene dos formas de sobrevivir y avanzar: el camino pacífico (del esfuerzo, la producción y el intercambio) y el camino violento (de la explotación y el saqueo). Cada persona reconoce que puede vivir de lo que produce e intercambia o vivir explotando y saqueando a los demás. Obtener riquezas de la producción y el intercambio es más dificultoso y riesgoso que hacerlo vía explotación y saqueo institucionalizados por el Estado. Explotadores y saqueadores se organizan, copan el Estado para así vivir y prosperar aplicando el monopolio de la violencia desde esa posición. El Estado garantiza el éxito del negocio de la explotación y saqueo, lo cual otorga una ventaja respecto a la producción e intercambio puro: los violentos saben que si se apoderan del Estado, su apuesta será muy jugosa y certera.

Explotadores y saqueadores, apoderados del control Estatal, usan ese monopolio para crear una casta -política- oligárquica con sintonía social y así evitar una guerra incontrolable por el poder del Estado. Un orden precario se alcanza mediante una red de privilegios distribuidos entre quienes se consideran socios de esa casta oligárquica: empresarios, poderes religiosos, organizaciones sociales, sindicatos, medios dominantes, intelectuales, médicos, educadores, universidades y burócratas1 del gobierno. Así se consolidan las sociedades del privilegio, el sometimiento, la explotación y el saqueo. Pero este negocio depredador, de la explotación y el saqueo, siempre termina mal.

Obviamente, estas sociedades depredadoras son económicamente chatas, porque amputan la prosperidad en una magnitud equivalente al tamaño del saqueo y los privilegios; todo aquello que se sustrae sale del circuito de generación de riquezas y, con el paso de las generaciones, tal amputación se vuelve insostenible porque los socios se arruinan, el Estado se queda sin socios y todo colapsa en una desintegración definitiva. Así, el Estado se vuelve un lastre, el enemigo de toda civilización. Ninguna sociedad alcanzará un ciclo de prosperidad perpetua si no puede deshacerse del Estado y sus gobiernos, si no genera un orden independiente del monopolio de la violencia. Este monopolio es la trampa.

La prosperidad perpetua ocurre sólo en ausencia del Estado. Cuando se logra la sincronía, bajo condiciones de libertad plena, en ausencia de estados y gobiernos, ocurre algo que no es mágico, sino una consecuencia de estrictas leyes económicas: esa civilización completamente libre que emerge, se vuelve completamente pacífica. La paz, como derivado del orden económico, viene a completar el papel de la libertad. La libertad le da virtuosidad al ciclo mientras que la paz lo consolida. Por ello las civilizaciones más libres y pacíficas, a pesar del Estado y sus gobernantes, son las más prósperas y fuertes. Casi invencibles. La libertad es el principal aliado de la prosperidad en una civilización.

Cuando se deteriora la libertad, se altera la paz y luego la civilización decae, se degrada y colapsa sobre sí misma. La historia está llena de cadáveres arqueológicos que atestiguan esta tragedia. Con la teoría y la evidencia empírica, es fácil predecir el destino de una sociedad con gobiernos totalitarios, comunistas o socialistas: la producción disminuye, los socios del Estado se funden, los habitantes se empobrecen, se vuelven violentos, hasta que finalmente desaparece todo vestigio de cooperación social y sólo quedan las ruinas de lo que pudo ser una civilización. El éxito de cualquier civilización, la prosperidad pacífica y duradera, requiere, como implicancia necesaria, de la plena libertad. Así es la simple Lógica de la Libertad.

(1) Los burócratas del gobierno incluyen a los empleados públicos civiles, las fuerzas armadas, las fuerzas policiales y los sistemas de inteligencia.
Read All... Leer Todo...