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sábado, noviembre 06, 2010

Democracia Vs Tiranía

Por unos tres meses, desde principios de Julio pasado, me he mantenido expectante -a la espera- del devenir de los acontecimientos. En el medio ocurrieron varios eventos agradables. Por ejemplo he observado con agrado la caída del poder de Barack Obama que predije en este mismo espacio, la pérdida de popularidad del dictador H. Chávez en Venezuela cuyo poder tendrá que sucumbir estrepitosamente en las próximas elecciones de ese país, y la crisis del intervencionismo keynesiano como estándar económico en las economías del mundo. Un hecho especial me inunda de satisfacción: el derrumbe del populismo fascista en América Latina, especialmente en Argentina. Es sumamente gratificante observar que varios proyectos totalitarios, canalizados por dinastías tiranas, comienzan a expirar. Print pdf.

Una tiranía es un régimen de poder absoluto instalado y controlado por un único individuo: el tirano. Con frecuencia un tirano llega al poder con el apoyo popular aprovechando una gran revuelta social o algún otro desequilibrio interno que lo vuelve respetado, aceptado, y hasta aclamado con fervor. El tirano para instalarse y consolidar su poder utiliza como práctica política la demagogia y el populismo. Como instrumentos de la demagogia emplea la calumnia y la confrontación, y como instrumentos del populismo emplea la dádiva y la prebenda. Para operar exitosamente el tirano necesita anular al individuo. Veámoslo con cuidado.

El tirano, no es una entidad benevolente. Más temprano que tarde revela su ira, toda esa furia que lo impulsa a apropiarse deliberadamente del poder absoluto. Cuando ese poder queda bajo su pleno control no tiene mas que ejercerlo, pues ¿para qué otro propósito algún ser humano desearía apropiarse de tal cosa?. Apropiarse del poder absoluto quiere decir ni más ni menos que abolir la voluntad de los individuos, de sus libertades, de sus derechos y propiedades, privándolos así de lo más natural y anulándolo por completo. Apropiarse de ese poder quiere decir embrutecer y fanatizar a esos individuos que han quedado atrapados en un limbo absurdo bajo una noción de colectividad inexistente, que sirve al único propósito del tirano: adueñarse de la vida y la voluntad de esos individuos.

Si no se hace la voluntad del tirano entonces sus fuerzas operan y llegan hasta el final. De ser necesario hasta privará de la vida a quienes se atrevan a desafiarlo. Justo aquí, casi demasiado tarde, toda la sociedad se descubre sometida a los designios del tirano, cuando hasta sus seguidores perciben que su suerte queda a merced de una entidad perversa de personalidad enferma y maniática, una clase de loco muy peligroso, es ese momento en el cual casi no hay vuelta a tras.

Pero, por fortuna, la caída del tirano deviene repentinamente. Aunque su puesta en escena deja toda una sociedad devastada, retrasada, dividida y fragmentada, sumamente vulnerable a todo tipo de amenazas. La sociedad ha retrocedido y derrochado un valioso tiempo de prosperidad. El único consuelo social es que el tirano ha expirado, al fin.

Resulta curioso que este juego perverso del tirano transcurra en democracia cuando ésta debería poseer antídotos disuasivos, sabiendo que un tirano siempre percibe las debilidades sociales y entra en acción. Los tiranos son especialmente oportunistas, y así sobreviven a lo largo de la historia.

Los primeros registros de gobiernos tiranos hacen referencia a la Grecia antigua. Aristóteles señala que la tiranía es el peor de los regímenes de gobierno, el que más se aleja de una sana constitución; y le sigue en orden menos malo la oligarquía, luego la aristocracia y, al final, la democracia. Para Aristóteles la tiranía y la democracia son regímenes de gobierno que se ubican en extremos opuestos.

Se puede entender que un tirano emerja desde una monarquía, una oligarquía, o luego de una invasión territorial. Pero ¿la democracia permite el avance de una tiranía?. Resulta impensable que un tirano conquiste el poder en una democracia madura como aquella de los países hoy desarrollados, ya que estas democracias mantienen un apego efectivo a la sana constitución en donde ciertas instituciones reinan por encima de cualquier gobernante. El tirano no podrá acceder a este reino.

Pero tal estándar institucional no rige en democracias degradadas como aquellas de varios países latinoamericanos. La hegemonía arbitraria que impone un dictador como H. Chávez en Venezuela para nada refleja un apego a la sana constitución. Otro tanto puede decirse de la Bolivia de E. Morales, el Ecuador de R. Correa, y la Argentina del ideario Kirchnerista. En estos casos las instituciones no predominan sobre sus gobernantes, sino que ocurre todo lo contrario.

En estas protodemocracias degradadas se generan ciertas condiciones para sembrar y cultivar la tiranía mientras los tiranos recurren al respaldo popular. Respaldo popular que es, paradójicamente , obtenido perpetuando las crisis económicas y las miserias de los individuos. Las sucesivas crisis económicas y la degradación de los individuos es el fertilizante perfecto que abona a las tiranías. Por ello, el verdadero individualismo es un problema sólo para los tiranos.

¿Serán finalmente estas débiles democracias latinoamericanas un terreno fértil para el cultivo exitoso de tiranías electorales?. En principio, no. El impulso democrático del hombre es dominante. Un último vestigio del individuo siempre sobrevive y la democracia lo expresa. Así la democracia se vuelve al fin inconsistente con la tiranía y coloca demasiadas cosas fuera del alcance del tirano.

Lo esencial en la vida de los individuos resulta desconocido, y de esto emergen instituciones cuya base más fundamental es precisamente este vacío cognitivo. La ignorancia es su razón de ser. El tirano se topa con una barrera infranqueable: por fortuna lo fundamental está a salvo, no se ve, y nunca se verá. Este principio de ignorancia termina con las aspiraciones de cualquier tirano.

Contrastante aparece tal exitosa experiencia en estas jóvenes e inexpertas protodemocracias latinoamericanas. De allí deviene lo gratificante del evento. Un casi inesperado y gran triunfo del individuo en democracia. Una batalla ganada. Pero atención: a veces es mejor prevenir que curar. Los tiranos saben que el gran enemigo a vencer es la democracia. Los demócratas de este mundo, la gran mayoría de sus individuos, tendrán que prepararse para repeler eventuales amenazas porque valdrá la pena defender la democracia en futuras contiendas entre Democracia Vs Tiranía.

Atte.
Juan Carlos Vera. Buenos Aires, Argentina.

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