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martes, septiembre 18, 2007

Secuencia Óptima

El sueño actual de cualquier político inteligente es aliarse a una comunidad económica de naciones. Las condiciones de estabilidad macroeconómica e institucionalidad general garantizan a los países asociados el libre acceso e inmediato cumplimiento de ciertos objetivos que un país por sí solo no puede lograr: los productos de cada país tienen un mercado mucho mas amplio, los recursos se destinan a posibilidades mucho mejores, las personas en general tienen muchas mas posibilidad de empleos y negocios, la abundante diversidad económica elimina gran parte de los riesgos sistémicos, los gobiernos se vuelven mucho mas disciplinados, y los ciudadanos se sientes y viven mucho mas seguros. El salto cualitativo y cuantitativo para la sociedad es enorme.

Imagine Usted las consecuencias de desarmar la actual Comunidad Económica Europea. La producción en cada país miembro se desplomaría, y todo el sistema económico mundial entraría en una clase de caos vaya a saber uno con qué consecuencias para la vida y la paz en todo el planeta. Estas consecuencias desastrosas nos hacen pensar sobre las fortalezas que sostienen a una comunidad de países y sobre sus fundamentos arraigados en lo mas íntimo de sus habitantes.

Una comunidad única de naciones es hoy difícil de conciliar. Si bien los beneficios de una unión suenan tentadores, los intereses que se tocan son también muy poderosos. La organización geopolítica del mundo actual se ha forjado sobre sucesivos privilegios ancestrales que son difíciles de erradicar, sobre todo cuando se tiene la falsa idea de que un mundo más unido y vinculado económicamente es como un juego de suma cero, en donde se gana a costa de los que pierden, donde la unidad de medida del progreso son los resultados históricos y no todo lo nuevo que una economía mundial puede ofrecer.

Es este error de cómputo político (o error político) lo que mantiene gran parte del proteccionismo económico y algunos nacionalismos fundamentalistas en el mundo actual. Es este error el responsable de postergar el progreso en muchos pueblos. De impedir el acceso a un mejor nivel de vida utilizando los mismos recursos e incluso la misma tecnología que hoy se emplea para atender los procesos productivos. Es esta pérdida de beneficio el verdadero costo para sostener aquellos privilegios.

No obstante, el atractivo que ejerce una economía integrada mundialmente es muy potente. Es irresistible. El analista económico y el analista político ya no se pregunta si vamos o no a una economía mundialmente integrada. Lo que se está preguntando hoy es: Cuál será la secuencia de acontecimientos políticos que conducirán a cada nación hacia aquel destino?. Cuan rápido será la convergencia?. Qué instrumentos permitirán materializar esa secuencia?.

Tengo una vaga idea de la secuencia y de la rapidez de convergencia. Pero si tengo una idea bien clara sobre los instrumentos y el estado final de las cosas. A mi entender los instrumentos son los acuerdos de libre comercio, las uniones aduaneras y, finalmente, las uniones monetarias y económicas. Los acuerdos de libre comercio y las uniones aduaneras dejaran en desventaja al resto de los países en tal forma que estos se verán obligados a imitarlos. eventualmente, tras la vertiginosa proliferación de tratados internacionales, una ley de economía de escala y eficiencia administrativa obligará a los países comerciantes a asociarse en una comunidad de naciones con moneda única y sistemas institucionales compatibles en donde la mayoría de los costos de transacción se reduzcan a su mínima expresión y los beneficios se distribuyan uniformemente por la comunidad de países que forman la unión.

Serán las uniones monetarias de la mayor cantidad de países posibles con instituciones plenamente compatibles la última etapa, de esa secuencia óptima, que definirá el estado en el que quedará configurado el nuevo conglomerado mundial?.

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