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martes, octubre 07, 2008

¿Y Si No Funciona?

He observado con plena atención el correr de los acontecimiento en el sistema financiero internacional que son de público conocimiento en estos días. En principio una buena cantidad de bancos importantes, compañías financieras y casas de seguros, principalmente en los Estados Unidos, enfrentan no solo problemas de liquidez sino también problemas de solvencia por lo que el valor presente de su cash flows se les ha vuelto irreversiblemente negativo. Uno de los resultados previsibles de esta crisis es la quiebra inminente de todas estas compañías involucradas. Les propongo revisar una interpretación particular de estos hechos.

En el medio de este trágico final aparecen tres agentes importantes. Por un lado están los inversores que se puede decir son victimas indiscutibles del colapso pues ellos confiaron en sus bancos que los terminaron estafando. También están los gobiernos que, desorientados y dando manotones de ahogado, intentan intervenir para evitar una generalización de la crisis al resto de sus economías. Finalmente están los contribuyentes o pagadores de impuestos sobre cuya espalda caerá finalmente la carga de un eventual rescate que los gobiernos intenten hacer en esta situación.

Se escuchan rumores de todo tipo sobre esta crisis. Los hay desde los mas descabellados provenientes de quienes afirman que se aproxima el fin del capitalismo. Obviamente para esta cofradía cualquier cosa es el fin del capitalismo como por ejemplo lo fue el triunfo de Evo en Bolivia sabiendo que el PBI de ese país es superado por las ventas que se generan en una famosa esquina de Nueva York. Resulta gratificante que la opinión de esta secta no deba inquietarnos.

En otro extremo están quienes sugieren, según su propia interpretación de la doctrina del laissez-faire, dejar que la sangre corra para así, al finalizar los eventos críticos, alcanzar un sistema financiero purificado y libre de agentes contaminantes. Ignoran estos fervientes doctrinarios que el laissez-faire no fue la regla que llevó al estado actual de las cosas. Fue precisamente una incontable secuencia de trabas al laissez-faire el principal obstáculo al limpio desempeño del sistema económico. Entonces aplicar esta doctrina al final, cuando la crisis cobra víctimas, parece por lo menos claramente injusto.

También hay quienes afirman que los gobiernos deben intervenir y tomar control total del sistema financiero para, usando la prodigiosa y sagrada mano del estado todopoderoso, mantener a salvo el sistema financiero internacional y evitar que la crisis se difunda al resto de los sectores de la economía. Obviamente, tal intervención de los gobiernos es inconsistente con el moderno capitalismo y una eventual aplicación de estas recetas no hará otra cosa que empeorar la crisis y profundizar los daños sobre la economía y la sociedad.

¿Qué hacer, entonces?. Solo Dios conoce el mejor camino. Seguro que ni la mas pura ortodoxia ni el mas estricto estatismo conducirán hacia un final feliz. Personalmente prefiero dar una explicación alternativa a las clásicas hoy escuchadas y difundidas por los medios de comunicación masiva. Me gusta mirar este fenómeno particular, y las crisis en general, en términos de los ciclos.

El fenómeno actual coincide con la concurrencia de dos ciclos, el político y el económico, de la usina política y económica mas importante del mundo. Tal convergencia se nutre de una democracia bipartidistas con reelección presidencial. Es natural que los ciclos se asocien pues sus horizontes de previsibilidad razonable se vuelven coincidentes en unos 8 a 10 años. Al final del primer periodo presidencial el ciclo económico está en expansión al igual que el político pues hay cierta certidumbre institucional de reelección. Pero a medida que se aproxima el final del segundo periodo presidencial aparece muy probable la posibilidad de un nuevo ciclo político por lo que también es muy probable la posibilidad de que el manejo de los principales negocios cambie de manos.

¿Debe ser tal coincidencia en los ciclos inevitablemente destructiva?. Bajo un esquema racional se podría pensar que no. Si los buenos fundamentos institucionales de un país no cambian entonces no hay razones para que los agentes se autodestruyan por el solo hecho de que el poder, político y económico, cambie de manos. Entonces ¿qué está pasando?. Está pasando que hay reacciones exageradamente infundadas. Al final tales reacciones serán solo pasajeras y, ocurrido el recambio o confirmada la continuidad, el temblor pasará, los ánimos se calmarán y los ciclos retomarán su trayectoria natural.

Hasta ahora la onda sísmica con epicentro en el sistema financiero de los Estados Unidos ha alcanzado a casi todos los países del mundo y se ha evidenciado mediante bruscas oscilaciones en los mercados de capitales. Este fenómeno vibratorio amenaza con difundirse hacia el interior de la estructura económica de los países afectados. Aunque parece que no hay tiempo suficiente para que esto suceda finalmente. Las sucesivas réplicas que se observan en las quiebras del sistema bancario no alcanzarán para resonar y amplificarse en el resto del sistema económico. Subyace la idea de que el poder abrumador de un nuevo ciclo terminará ganando la pulseada.

El problema que enfrentan los gobiernos es administrar la actual crisis hasta que se acomode el recambio presidencial en los Estados Unidos. Al administrar la crisis ellos deben estar dispuesto a ser flexibles. O sea tomar medidas flexibles que pueden cambiar y acomodarse para ir acompañando los hechos en pos de la normalidad. La rigidez doctrinaria o ideológica no sirve en estos casos. Al haber un desacople entre lo que se percibe que puede pasar y lo que podría pasar, cualquier postura inflexible de un agente poderoso, como un gobierno o un banco central, podría conducir a profundizar aún mas la crisis.

Queda pendiente descubrir el rezago o retardo de acoplamiento entre los ciclos. Algunos mas pesimistas argumentan que la crisis económica vino para quedarse un largo tiempo (dos o tres años). Ellos ilustran esta idea diciendo que se vienen tiempos de vacas flacas. Yo espero, y deseo, que el rezago no dure mas de 1 año. Mi argumento es que todo depende de la respuesta implementada por los gobiernos. Si los gobiernos cierran, aíslan e intervienen sus economías obviamente la crisis se prolongará. Si gobiernos inteligentes responden con más libertad, mas comercio, mas intercambio y mejores instituciones entonces el retardo durará algunos meses. Por ello a mi juicio la pregunta relevante y permanente que los gobernantes deben hacerse al diseñar e implementar medidas de política anticrisis es: ¿y si no funciona?.

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