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miércoles, noviembre 01, 2006

Dólar Alto=Corrupción=Pobreza Perpetua

La filosofía devaluacionista que prevalece aún hoy en varios países de América Latina ha contribuido a perpetuar la corrupción y la extrema pobreza en la región. En varios de estos países, entre ellos la Argentina, se ha mantenido en promedio el ingreso per cápita en los últimos 50 años, en donde a cada intervalo de ascenso le siguen caídas abruptas de este indicador siempre asociadas a devaluaciones masivas en las monedas. Un ejemplo lo es la devaluación del peso Argentino en el año 2002 que provocó una caída del PBI/cápita desde un orden de casi cuatro dígitos exponenciales (9x10^3u$s/cápita) hasta casi dos dígitos exponenciales (2x10^3u$s/cápita). Obviamente, los casi 7000u$s/cápita perdidos han sido sustraído del bolsillo de ciudadanos argentinos y eso no puede tener otro efecto menos devastador que fabricar millones de pobres.

Muchos gobiernos democráticos en la zona han sido funcionales a esta filosofía fabricando pobres para luego, como broche de oro de esa tragedia, explotar los votos de esos mismos pobres. Una de las sofisticadas estrategias usadas por los gurúes que motorizan las devaluaciones ha sido confundir a la sociedad sobre el verdadero significado de su competitividad. Ellos enarbolan consignas exportacionistas fomentando medidas seudo-proteccionistas que restringen la entrada de bienes externos.

Esta idea, de impulsar exportaciones, es el caballito de batalla para ligar perversamente la competitividad de la economía con una tasa de cambio nominal (y real) alta cosa que es completamente falsa: en la Argentina se ha derrumbado la competitividad con tasa de cambio alta, ha caído 15 puestos el último año, y esto queda evidente en varios informes de estudios serios sobre la competitividad en las economías del mundo. Pasa que la competitividad de una economía queda determinada por otros factores como su productividad, la competencia, el respeto a la propiedad y la consolidación de las instituciones. Nada aporta la tasa de cambio en este sentido.

Esta filosofía devaluacionista fundada sobre una moral proteccionista tiene unos pocos privilegiados ganadores. Hay quienes ganan mucho dinero con las cíclicas devaluaciones de modo que el abultado rendimiento de sus proyectos centenarios descansa sobre las crisis que terminan en devaluaciones, seguido de intervenciones económicas y control generalizado en el sistema de precios.

La tasa real de cambio se expresa como π=rPT/PN, donde r es la tasa nominal de cambio (en pesos por dólar), PT es el precio promedio de los bienes transables (en dólares) y PN es el precio promedio de los bienes no transables (en pesos). De esta expresión es evidente que una tasa real de cambio alta garantiza precios domésticos altos para productores de bienes transables y desencadena una tendencia a controlar el precio de los bienes no transables para mantener esa ventaja. De ese modo los proyectos devaluacionistas no solo ganan porque r es alto sino porque los factores de producción tienen precios PN bajos.

Esto se ha vuelto una fuente crónica de corrupción. Muchos políticos, maestros en la materia, llegado el momento de eventual crisis y devaluación coimean a los lobistas devaluacionistas y se asocian con ellos, medidas políticas mediante, para así beneficiarse con las ganancias de sus proyectos y hundir en la pobreza al resto de los habitantes. El corolario de esta equivalencia cíclica devaluación=corrupción es la extrema pobreza permanente. Se impiden: la competencia, la modernización, la adecuada asignación de los recursos y el sano valor de la moneda. Cada tanto, estos regímenes desencadenan feroces procesos inflacionarios, por el seguro fracaso de los controles de precios, lo cual termina reforzando el ciclo de empobrecimiento.

¿Habrá llegado la hora de que las sociedades de esta región reflexionen sobre los efectos de estos proyectos devaluacionistas centenarios y le pongan un freno en pos del sano progreso? Creo que si. Y el mejor instrumento para hacerlo es la globalización. Por ello es que lobistas esclavizadores, y gobiernos corruptos subordinados, oponen tanta resistencia a un Área de Libre Comercio de las Américas.

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