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martes, julio 23, 2024

Inferioridad Social del Colectivismo

El colectivismo humano (y todas sus variantes totalitarias) resulta ser un orden social completamente deficiente. Una sociedad con economía de mercado es infinitamente superior en sus prestaciones sociales respecto a aquella con economía colectivista. Todas las prestaciones económicas bajo condiciones de libre mercado son siempre positivas mientras que bajo el colectivismo casi todas son nulas. De aquí surge esta relación de infinitud. Para entender la idea, uno debe entender la noción de sociedad.

En la filosofía colectivista se niega la preponderancia de las partes y se pone al todo como precondición de existencia; una visión claramente miope y contradictoria que, particularmente, los colectivistas emplean para rechazar la importancia del individuo en la sociedad. Pero este enfoque se desmorona inmediatamente porque se tiene la plena certeza de que cualquier colectivo social sólo es como una clase particular de acción humana: la acción individual concertada entre personas.

En el contexto social, von Mises supera al mantra colectivista exponiendo el significado preciso de sociedad. La sociedad no es un ente, ni un contrato, ni un lugar; "la sociedad es, últimamente1, acción humana concertada, es cooperación." Es más, no cualquier cooperación es conveniente. Una sociedad colectivista es hegemonía pura, es un orden totalitario, coercitivo, violento y autista, donde siempre se impone la voluntad de alguien --un director, un jefe, un dictador, un monarca, un comité o los gobernantes-- sobre la voluntad del resto de los miembros. Una sociedad libre resulta superior ya que se caracteriza por ausencia de coerción, individualismo distribuido, iniciativa individual y autorrealización.

La versión extrema colectivista es el imaginario comunista/socialista, donde no hay propiedad privada, no hay dinero, no hay precios y el autismo económico es completo; es ausencia de mercado e intercambio interpersonal, es el reino del comando/control donde la división del trabajo y la concertación de la acción humana es coercitiva. Es el estado imponiendo todo. Es pérdida completa de libertades individuales. Es servidumbre voluntaria en su plena manifestación. El mercado es infinitamente superior porque es lo opuesto al colectivismo extremo.

El intervencionismo --abolir u obstaculizar el mercado-- es socialmente dañino porque destruye la generación, el uso y flujo de información en la sociedad, distorsiona o destruye el sistema de precios y degenera la división del trabajo y su concertación de actos humanos. El intervencionismo --el colectivismo gradual-- es la muerte lenta de las sociedades. Abolir u obstaculizar el mercado es equivalente a destruir riquezas, destruir prosperidad, es postergar la evolución humana e imponer la violencia, el conflicto, la decadencia. Es destruir civilizaciones y promover la extinción humana.

Es indiscutible que las consecuencias sociales del colectivismo son siempre desastrosas; pero su mayor problema nace de su deficiencia conceptual. Los colectivistas emplean el positivismo, el empirismo --y su inducción lógica-- como método para derivar resultados conceptuales. Sin entrar en detalles respecto a la debilidad epistemológica del método inductivo, los colectivistas no disponen de ningún caso observado que registre la supuesta superioridad del estado y del gobierno en los asuntos de política económica.

En toda la historia humana, hasta la actualidad, el intervencionismo/colectivismo siempre fue financiado de modo coercitivo. No hay ningún registro de financiamiento espontáneo masivo. Si el colectivismo pretende postularse como candidato de orden social superior, tendrá que probar que las personas eligen financiarlo espontáneamente, sin coerción, lo que significa competir en un mercado de servicios descentralizados. Sin esta evidencia, no hay inducción posible. Así, la superioridad social del colectivismo no está lógicamente probada por esta falla de homogeneidad, lo cual vuelve a sus predicados completamente débiles e injustificables.

Esto no ocurre con su contrincante lógica, la praxeología, la teoría de la acción humana. Esta teoría es la base conceptual del liberalismo económico, del libertarianismo. Los libertarios proponen un sistema de cooperación social no coercitivo, enteramente sostenido por la libertad, la ética de la propiedad privada, el libre mercado, el libre intercambio y la concertación espontánea de la acción humana. La base conceptual de este sistema social es pura a priori, dada por el axioma de la acción: "el humano actúa." Lo derivado de este axioma es completamente consistente con la irrebatible propuesta libertaria.

Si algún día el estado, el gobierno, logra obtener financiamiento competitivo, no coercitivo, entonces se tendrá un caso para reclamar las supuestas virtudes del colectivismo dada su inmediata extensión arbitraria de verdad. Hoy por hoy esa prueba no está. El financiamiento espontáneo otorgaría estatus praxeológico distinto al colectivismo, porque sería un emergente de la libre elección humana. La coerción, la ausencia de elección espontánea, es suficiente para postular la completa inferioridad social del colectivismo.


1 Énfasis no original.
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miércoles, febrero 28, 2024

La Élite Maligna

Tal como se dijo en el artículo precedente, por la ley de división del trabajo, las élites son inevitables en cada actividad humana. Siempre hay líderes que los demás tienden a seguir. Siempre hay alguien mejor preparado que el resto tiende a imitar. Cuáles son los alcances de este fenómeno de especialización? Hasta dónde llega? Existe una élite a nivel de la humanidad entera.?

La ley de división del trabajo garantiza su existencia. Entonces la pregunta relevante es si tal élite es benigna o maligna? Se sabe que tal liderazgo está por encima de todo orden político, económico, religioso o cultural dentro del planeta tierra. Deben existir ciertos líderes que observan y actúan a nivel de la humanidad toda. En correspondencia a tal liderazgo, la humanidad toda debe seguir sus ejemplos y recomendaciones.

Como todo liderazgo, el global no es ni bueno ni malo sino que responde a la misma naturaleza de la actividad subyacente. Por ejemplo el liderazgo político siempre es dañino porque la actividad política es esencialmente dañina: obtener satisfacción mediante recursos ajenos; sus líderes, los especialistas en robo, son eso, especialistas en cometer ese delito. No se le puede pedir nada bueno a los políticos! Lo mismo ocurre con el liderazgo del crimen organizado, entre los cuales el liderazgo político es uno de ellos. Dónde encuadra la actividad superior que involucra elecciones que afectan a todos los humanos.?

Si se considera que tal actividad es beneficiosa en el mundo, pues su liderazgo será beneficioso. Pero qué ocurre si la actividad es dañina? Qué ocurre si estos líderes superiores siguen un programa para dañar al ser humano? En tal caso ellos se considerarían los dueños del planeta; el planeta y todo lo que contiene es de su propiedad, por lo que ellos son quienes determinan el destino planetario que les beneficia.

Si estos líderes son los dueños de todo, pues las personas son sus súbditos. Entonces todo el orden económico, político, religioso o cultural subyacente es un orden circunstancial sólo funcional al programa superior de los líderes. Para estos líderes, que estarían operando su gran emprendimiento planetario, el planeta tierra, sus recursos y la población humana son medios para alcanzar sus propios fines.

Cuál sería el fin de estos líderes? Si ellos son dueños de todo, por qué no cierran las persianas? Por qué no aniquilan a todos los humanos y se quedan con los recursos terrestres para vivir eternamente ellos y sus generaciones futuras? La respuesta es muy simple: el planeta tierra per se no tiene escala productiva. Los dueños de la tierra necesitan acumular el suficiente conocimiento, la suficiente tecnología para hacer rentable su emprendimiento terrestre prescindiendo de los humanos. Lo que retrasa el ultimátum es la deficiencia cognitiva/tecnológica; superado este escollo, el destino de aniquilación humana estaría sellado.

Por qué sería beneficioso para el emprendedor global aniquilar a los humanos? Los humanos ocasionan muchos gastos, pues demandan alimentos, salud, educación, seguridad, esparcimiento y calidad de vida; casi que se consumen todo lo que ellos producen. Son revoltosos, violentos e impredecibles. Aunque ofrecen algo deseable. El subproducto remanente a toda la actividad humana es el conocimiento y la tecnología que se genera en el proceso de vida social. Y esto sería lo único que le interesa al emprendedor planetario.

Hoy por hoy son los humanos quienes generan esos conocimientos y esas tecnologías. Cuando estos componentes se independicen de los humanos, a juzgar por estos líderes, el recurso humano dejaría de ser necesario, por lo que su aniquilación sería no sólo posible sino algo beneficioso para la élite emprendedora. Si las hay, claro que esta es La Élite Maligna.

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lunes, febrero 05, 2024

El Origen de las Élites

La ley de hierro de las oligarquías es una teoría que viene de la política y fue propuesta por el sociólogo alemán Robert Michels a principios del siglo XX. La teoría sostiene que todas las formas de organización política, sin importar su origen, evolucionan hacia una estructura oligárquica. Es decir, el poder político siempre tiende a concentrarse en una élite. Este enunciado establecido por Michels se deriva de una ley más general que no sólo vale en la política sino en cualquier actividad emprendida por el ser humano: La Ley de la División del Trabajo.

La división del trabajo es una ley praxeológica fundamental, es la base de la cooperación, de la concertación de actos humanos. Ante la opción de cooperar y no hacerlo, a cada humano siempre le conviene concertar sus actos con otros humanos y dividir las tareas porque esto resulta mucho más productivo y eficiente que no hacerlo. La cooperación espontánea bajo la división del trabajo hace posible la especialización extrema, lo cual genera condiciones para obtener los mejores resultados y los máximos beneficios posibles en situaciones de escasez.

Bajo esta ley, cada actividad humana genera sus más diversas especialidades entre las cuales siempre aparece el liderazgo como una de ellas. El liderazgo es homnipresente. El liderazgo tiene sus especialistas, los líderes, detrás de los cuales se ordena toda la actividad subyacente. Si la actividad es espontánea y pacífica, sus líderes son pacíficos; pero si la actividad es violenta y coercitiva, sus líderes son violentos y totalitarios. Así opera la ley en la práctica.

Por ejemplo, la política, que es una rama de la acción humana, es una actividad violenta que consiste en extraer recursos de los demás de manera organizada para generar satisfacción; la política es el robo organizado mediante el estado. Es una actividad violenta y coercitiva. Por esto los líderes políticos son los más violentos y totalitarios de esa organización, y entre ellos compiten por el absoluto control de ese liderazgo que se llama monopolio de la compulsión y coerción. A partir de ese liderazgo se ordena burocrática e institucionalmente todo el proceso de extracción en tal extensión que cada persona queda inevitablemente alcanzada por la coerción y el robo.

Otro ejemplo es la guerra, otra rama concreta de la acción humana. La guerra es una actividad violenta en extremo, pues consiste en obtener recursos y riquezas anulando la vida y la propiedad de los demás. En la guerra hay dos bandos confrontados: el ganador que se queda con todo y el perdedor que lo pierde todo. La guerra es el logro de objetivos mediante la conquista o la muerte del otro. Por esto, los líderes militares no pueden ser pacíficos o contemplativos sino los más desalmados sanguinarios.

Un negocio, pacífico y espontáneo, tiene como propósito servir al otro generando satisfacción y ganando dinero. Ganar dinero satisfaciendo al otro no se logra mediante la violencia. Sus líderes no pueden ser coercitivos y violentos sino los más astutos negociantes que buscan y logran generar máxima satisfacción y máxima ganancia. Detrás de un buen líder de negocios se funda una gran empresa que hace ganar fortunas a sus dueños y a todos los que participan en esa actividad.

Así se puede enumerar ejemplos para cualquier actividad que uno imagine. Cada una de ellas, tiene liderazgos y líderes. Este universo de los líderes forman las élites. Cada actividad humana se encamina detrás de las élites. Pero las élites pueden ser beneficiosas o dañinas según la actividad sea beneficiosa o dañina en el contexto social.

El liderazgo en las organizaciones políticas1 descubierto por Michels es un liderazgo malo, un liderazgo totalitario, un liderazgo para el dominio y el sometimiento del hombre en sociedad. Los líderes políticos son líderes inmorales por el simple hecho de que cualquier organización política es inmoral, es éticamente injustificable. En la política como proceso, el político siempre busca extraer coercitivamente recursos del otro en beneficio propio. Esto conlleva a destruir la propiedad. La destrucción de la propiedad es inmoral, nada la justifica.

Cualquier violación a la propiedad, a aquello que puede lograr espontáneamente un hombre libre durante su vida en sociedad, es siempre injustificable. Si se admite esta violación, entonces se anula el derecho absoluto que posee una persona sobre su cuerpo y su mente. Este dominio es inapelable, nadie lo puede vulnerar. Por ello, es injustificable la violación de todo aquello que una persona puede derivar desde este dominio fundamental. Una sociedad en donde se respeta este principio praxeológico, es una sociedad pacífica y próspera.

En la práctica, las sociedades están atravesadas por actividades malignas. La política y la guerra son dos ejemplos de ello. En rigor, los líderes no son ni buenos ni malos, sino el fiel reflejo de lo que su propia actividad expresa en el contexto social. Una actividad organizada para robar o matar no puede generar líderes honestos o pacíficos; sus líderes serán ladrones o sanguinarios, respectivamente. Así lo fija la ley que determina el origen de las élites.


1La organización geopolítica es una de ellas.
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jueves, enero 25, 2024

Finanzas Libertarias

Una de las principales ventajas de vivir en libertad es que cada persona tiene la posibilidad de administrar sus propias finanzas. En una sociedad libre nadie está obligado a ceder, ante la coerción de un tercero, al elegir su camino económico. La sociedad libre se caracteriza por ausencia de coerción. A esto se le llama: respeto al proyecto de vida del prójimo. Esto lo distingue del modelo alternativo de sociedad, el colectivismo, en sus distintas variantes como socialismo, comunismo, estatismo, intervencionismo o totalitarismo, en donde se anulan la libertad y la iniciativa individual. Una sociedad libre es infinitamente superior a una sociedad colectivista; esto pasa, en alguna medida, porque las personas libres toman el control de sus propias finanzas personales.

En una sociedad colectivistas, predominan las finanzas del estado impuestas por la autoridad de gobierno; el gobernante determina un destino ruinoso para cada persona, anulando su protagonismo y libertades. Sólo los hombres de estado y sus socios totalitarios pueden imponer y administrar jugosos proyectos de explotación que los vuelve inmensamente ricos a cuenta del robo y la explotación humana. El colectivista se sirve a sí mismo explotando al otro. Este es el modelo de sociedad hoy impulsado por lo que se llama agenda 2030.

Pero en una sociedad libre siempre se desarrolla el mercado como el mejor sistema para ordenar la acción humana concertada. En el mercado el libertario se sirve a sí mismo sirviendo al otro. Ahí surge espontáneamente la mejor posibilidad para cada miembro de la sociedad; ahí se alcanza la mejor satisfacción de necesidades; ahí se obtiene el mejor resultado de la cooperación social; ahí se genera riqueza y prosperidad permanente; es ahí donde abundan las finanzas personales. En la práctica, ningún otro orden social supera al generado en el mercado. Por eso el mercado resiste todos los embates ideológicos, políticos y filosóficos.

La política, la extracción organizada de recursos ajenos para subsistir y prosperar a expensas de otros, se sostiene con las mieles derivadas del mercado. Sin la fuente de riquezas y prosperidad generadas en el mercado, no existiría ni la política ni los políticos ni los gobernantes. Por esto el político, el gobernante, se ha vuelto un parásito astuto que vive de la extracción de recursos que los demás generan en el mercado. La política es el robo organizado mediante el estado y los políticos/gobernantes son los ladrones de estado. Pero a la larga, el robo sistemático habilitado por el colectivismo estatal destruye las finanzas personales y degrada el desempeño del mercado.

El mercado genera un orden superior donde florecen las finanzas personales y se vuelve atractiva la vida en libertad, donde cada persona crea su propio destino. Cada proyecto de vida libre puede ser interpretado como un gran emprendimiento personal que beneficia tanto al emprendedor como a los demás y termina cuando el emprendedor lo decide o cuando otras circunstancias así lo determinan. Al finalizar el emprendimiento, se liquida todo su activo, se liquida el resto de lo acumulando a lo largo de su vida. El emprendimiento genera, además de beneficios al prójimo, la secuencia de activos que permite sostener los gastos del emprendedor.

En este sentido, un emprendimiento puede ser visto como una secuencia de activos (o capital) que en cada periodo resulta de agregar su rendimiento y descontar el gasto del emprendedor. Por ejemplo suponga que el emprendedor posee un activo original equivalente a 100 que rinde 15% y un gasto de 10 con inflación del 10%. Al final del primer periodo el emprendedor tendrá 115 de activo y 11 de gasto, por lo que el activo resultante será de 115-11=104. En este ejemplo se aprecia que el activo crece porque es elevado en relación al gasto y el rendimiento le gana a la inflación. ¿Bajo esta dinámica, sin otras contingencias, la vida útil del emprendimiento es infinita?. Veremos que no.

Si el activo disminuye desde el principio, puede ocurrir que el emprendimiento siga siendo la única posibilidad para el emprendedor. Por ejemplo si la inflación se desboca en un 60%, el activo al final del primer periodo queda 115-16=99 y el emprendimiento se autoliquida en 4 periodos, porque en ese tiempo se consume todo su capital. Generalmente, los emprendedores no tienen alternativa alguna mientras un proceso inflacionario o híper-inflacionario sin control aniquila los emprendimientos.

Un panorama general puede mostrarse permitiendo cambios en el capital inicial y el gasto inicial del emprendedor. En el siguiente cuadro se computa la duración del emprendimiento para distintos niveles de capital inicial y gasto inicial.

En la tabla1 el capital de partida es 100 y el gasto de partida es 10, el rendimiento del capital es 15% y la inflación del 10%. Se permiten incrementos sucesivos de 5% en capital y 4.5% en gasto; con esto se calculan los periodos correspondientes. Con el capital y el gasto de partida, la duración del emprendimiento es de 13 periodos. Si el capital aumenta un 20% y el gasto un 27% respecto a valores iniciales, entonces el emprendimiento dura 12 periodos; pero si el gasto no aumenta, entonces el emprendimiento dura 17 periodos.

Veamos un caso más real de un emprendedor argentino viviendo en libertad hoy en día. Suponga que el emprendedor dispone de un capital de partida de 7 millones de pesos, un gasto mensual de partida de 400 mil pesos, un emprendimiento que rinde en promedio un 10% mensual y una inflación mensual promedio de 5%.

En la tabla2 se muestra que, con los valores de partida, el capital se agota en 38 meses (unos 3 años); pero si el capital inicial sube un 15% (a $8.050.000), éste se agota en 5 años y medio. Aún más, si el gasto sube un 9% (a $436 mil), el capital nunca se agota (inf) al aumentarlo en o más un 35% (≥$9.450.000), lo cual bien equivale a un plan de retiro. Obviamente, esto puede ocurrir sólo en una situación libertaria de libre mercado. Bajo intervencionismo estatal colectivista, este cómputo libertario carece de significancia.

El resultado de infinitud (inf) se alcanza sólo si el rendimiento del proyecto supera a la tasa de inflación. Siempre que la inflación supera al rendimiento, la duración es finita; mientras que un proceso híper-inflacionario aniquila rápidamente cualquier emprendimiento.

Dado que la inflación crónica y la híper-inflación sólo ocurren por emisión monetaria y sabiendo que quienes emiten dinero falso son los gobernantes, entonces se concluye que los gobiernos son enemigos del emprendedor, los únicos aniquiladores de emprendimientos, el principal obstáculo para generar riqueza en sociedad. Los gobernantes y su colectivismo degradan cualquier sociedad.

En resumen, el mercado da soporte operativo a las finanzas del emprendedor. En general, la competencia permite filtrar emprendimientos productivos y mantener a raya los gastos. Un inversor invertirá sus ahorros en aquellas opciones de mayor rendimiento mientras sus gastos permanecen más o menos estables con precios competitivos. Es así como más y más emprendimientos se vuelven beneficiosos y duraderos. Es así como se genera y acumula riqueza y prosperidad en una sociedad libre.

Los valores de las tablas precedentes se computan mediante un algoritmo, que desarrollé ad hoc, denominado Algoritmo Libertarian. Con este algoritmo se puede computar la duración de cualquier emprendimiento y evaluar el desempeño general del mismo. Los resultados obtenidos con el algoritmo permiten resaltar la potencia de las Finanzas Libertarias.

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domingo, diciembre 17, 2023

Prosperidad y Libertad

El ser humano es un animal social. Para Ludwig von Mises, la sociedad humana es cooperación, es acción humana concertada. Mises sostiene que el ser humano se libera en sociedad porque fuera de ella le espera la impotencia de la insuficiencia física, la antinomia de la competencia biológica y la aniquilación de humanos contra humanos. Le espera la extinción. La concertación espontánea de actos humanos es la respuesta consciente que permite al hombre, por ahora, superar el trágico destino de la extinción. Pero la vida social humana no es un paraíso. En sociedad puede surgir la libertad pero también la esclavitud.

En sociedad, el humano se libera de ciertas fuerzas naturales pero se somete a leyes praxeológicas. ¿Esto qué significa? Según Mises, para ser socialmente exitoso, el hombre está obligado a observar y actuar en base a las leyes de la cooperación humana espontánea1

Por ejemplo la ley de la división del trabajo sostiene que “en general las acciones concertadas entre individuos que cooperan bajo la división del trabajo son más eficientes, más productivas que las acciones aisladas de individuos autosuficientes.” Mises agrega que “...la existencia de este hecho natural y el reconocimiento de su verdad es el fundamento de cualquier sociedad...” Cualquier intento de violar esta ley praxeológica fundamental tiene consecuencias negativas en los resultados derivados de la cooperación en sociedad. Pero no todo esfuerzo compartido es justificable! Hay más leyes a observar.

Otra ley praxeológica fundamental está dada por la ética de la propiedad privada. Hans-Hermann Hoppe sostiene que la única ética justificable del humano viviendo en sociedad es la ética de la propiedad privada. La ética de la propiedad privada se basa en tres principios fundamentales: el principio de fines universales, el principio de primera apropiación y el principio de no agresión.

La universalidad dice que un fin es socialmente justificable sólo si es universalmente válido para todos los miembros de la sociedad. La primera apropiación dice que aquello apropiado inicialmente (sea por fortuna o por esfuerzo) es de absoluto dominio del apropiador. El principio de no agresión dice que ninguna persona tiene el derecho de interferir el dominio del cuerpo, mente y bienes de los demás; cada persona tiene el dominio completo sobre su cuerpo, mente y bienes que posee. Cualquier intento de violar estos principio es injustificable y genera una cooperación defectuosa.

Por ejemplo, los intercambios, esa manifestación de la propiedad en sociedad, son la forma primaria de cooperación social. Toda interferencia a los libres intercambios anula la propiedad privada por lo que genera pérdidas sociales. Cualquier agresión sobre el dominio de los bienes de alguien es socialmente perjudicial.

La división del trabajo y la ética de la propiedad son los dos pilares formidables que sostienen todo el edificio del sistema de concertación de actos humanos. El deterioro de estos pilares significa un deterioro del desempeño social del hombre. Cualquier civilización deposita sus logros sobre este sostén praxeológio. El ser humano puede intentar violar sus leyes praxeológicas pero sólo a costa de degradación social. Una sociedad en donde sus miembros observan y respetan estas leyes es una sociedad próspera, justa y pacífica. De lo contrario, la sociedad se vuelve decadente, injusta y violenta. ¿De dónde proviene el impulso anti-praxeológico.?

La predisposición social del hombre tiene dos lados antagónicos. Un lado iluminado y un lado oscuro. La luz de la conciencia le revela al individuo que la cooperación autónoma, no coercitiva, entre personas es el camino hacia la prosperidad y la superación, hacia la liberación y la paz; el libre capitalismo, el libre mercado es el orden espontáneo final que emerge de esa luz; nada más eficiente ha creado o descubierto el humano para liberarse de las tiranas naturales y humanas. Con el capitalismo, con el libre mercado, el humano se vuelve libre, próspero y pacífico.

Al mismo tiempo, la oscuridad pavimenta un camino social tenebroso; el hombre de mente oscura recurre al sometimiento, a la esclavitud, a la explotación, al totalitarismo, a la tiranía, a la violencia y al robo como fuente y medio de supervivencia; la oscuridad genera un orden social forzado por la coerción; es cooperación bajo persecución y castigo; es acción humana concertada bajo amenaza de muerte. Nada bueno puede surgir de la cooperación bajo coerción.

El comunismo, el socialismo y toda clase de colectivismo son ejemplos de cooperación coercitiva extrema. La esclavitud es su resultado final. En una tiranía, el individuo es despojado de sus bienes y libertades y obligado a actuar en contra de su elección primaria. Bajo amenaza de muerte, su inclinación invariable por la existencia lo deja ante su última elección posible: continuar o no con vida. El orden social que surge bajo coerción no puede ser espontáneo sino forzado, artificialmente impuesto por una élite totalitaria. Es el frágil orden al servicio de ladrones y explotadores.

En la actualidad, no existen sociedades verdaderamente libres, no existe un orden social espontáneo puro. Incluso hasta las más modernas democracias son órdenes sociales coercitivos. En un orden espontáneo puro, la prosperidad es el reino de la propiedad privada y la propiedad privada es el reino de la libertad. Sin libertad no hay propiedad privada y sin propiedad no hay prosperidad. En las sociedades actuales ha proliferado el odio hacia la propiedad y la libertad. Este odio es el instrumento cultural del comunismo/socialismo/colectivismo con el que se busca generar un humor social anticapitalista, antimercado.

En la práctica democrática, es el estado, el gobierno y sus gobernantes, la principal amenaza a la propiedad privada. Los gobernantes siempre utilizan cualquier excusa para interferir y agredir la propiedad privada. Las sucesivas intervenciones generan más y más problemas, que se emplean como excusa para justificar más y más intervenciones. Un ejemplo muy contundente es el caso de la agenda 2030, donde los políticos del mundo acordaron los problemas y soluciones que permiten justificar su mega intervencionismo.

Cualquier intervencionismo siempre anula la propiedad privada. Cualquier impedimento a ejercer la elección no coercitiva, cualquier interferencia de la libertad, cualquier obstáculo a disponer de lo propio, cualquier interferencia al intercambio es equivalente a destruir propiedad privada que se puede crear mediante el acto que fue interferido. Esa violencia, ese robo, es ejercido en democracia por ejércitos de interventores que imponen su voluntad asistidos por mandato de votaciones democráticas. Las democracias actuales se han vuelto un instrumento eficiente para destruir prosperidad.

En un orden espontáneo, en el capitalismo, en el libre mercado, la obligación social de empresarios y emprendedores, su principal compromiso, es ganar dinero, ganar mucho dinero. Si ellos ganan mucho dinero pues eso impulsa la competencia, lo cual mejora la diversidad, la cantidad, la calidad y los precios de los bienes que se ofrecen a los consumidores; así se manufactura el bienestar en la sociedad libre. Pero los gobiernos se oponen a esto. El gobernante se declara abiertamente como un confiscador de ganancias. Las ganancias son el botín del gobierno. Los gobernantes demonizan a los ganadores para así legitimar la persecución y el robo de la ganancia.

Al confiscar la ganancia se usa como excusa la justicia social. Un supuesto de igualdad aberrante y autodestructivo. Confiscar ganancias a un ganador para dárselas a un perdedor no puede hacer otra cosa más que eliminar el incentivo de ganar. ¿Qué sentido tiene ganar si eso que se gana no te pertenece? Entonces no se gana! Se inicia una espiral de calamidad social que finalmente destruye toda la sociedad. Desaparece el sentido de cooperar para generar prosperidad. Así se desmoronan civilizaciones enteras.

Cuando se desplaza a los ganadores, aparece el estado intentando producir. Pero el estado no tiene incentivos para ganar, y tiene permito perder. El problema es que la ganancia sólo la genera el que tiene espíritu ganador, no el perdedor. La pueden generar aquellos que con sus actos tienen la capacidad y habilidad para resolver problemas que aquejan a los demás. Ese es el verdadero sentido de la cooperación, de la concertación de actos humanos. La ganancia es eso: resolver problemas del prójimo. En un sistema social en donde eso desaparece, deja de tener sentido la cooperación. Por esto fracasa el comunismo/socialismo/colectivismo, porque anulan a los ganadores y engendran perdedores. Es imposible constituir una sociedad sobre la base de pérdidas. De ahí el fracaso.

El minarquismo, el gobierno mínimo, es la respuesta minimalista de los defensores del estado. Esta forma de gobierno fue propuesta por von Mises como una consecuencia (non sequitur) para alcanzar la paz y evitar la violencia de todos contra todos. El minarquismo consiste en el monopolio de la violencia para disuadir y detener a los violentos y así evitar el caos social. Pero este sistema de gobierno falla porque, como nadie controla al monopolista, finalmente el monopolista, aunque pequeño, se vuelve arbitrario y tirano. Cualquier sistema de control social jerárquico últimamente fracasa porque es imposible controlar al controlador.

El único sistema de control que resulta socialmente efectivo es el esquema distribuido, descentralizado. El capitalismo, el libre mercado, constituye un ejemplo muy evidente de ello. Todo aquello que los seres humanos producen concertadamente se autocontrola descentralizadamente, de manera autónoma. En el libre mercado, ninguna persona controla la concertación de la acción humana. Es la satisfacción y la resolución de problemas del prójimo, la mejor forma de controlar el sistema de concertación. Los incentivos para generar satisfacción y cumplir los compromisos se distribuyen correctamente si no hay interferencia centralizada en la acción humana. Así surge el orden espontáneo, en donde algo extremadamente complejo se ordena por sí solo.

En un sistema minárquico, con gobierno mínimo, la obligación social de los gobernantes es cuidar la vida, los bienes y la libertad de las personas. Pero no logra este cometido porque el gobierno es capturado por aquellos violentos que se busca anular. La competencia política es eso: una batalla campal entre violentos por adueñarse del monopolio del estado y aplicar su violencia desde esa posición. La política es lo que los políticos hacen para saquear y vivir de lo ajeno, es el oficio social del ladrón.

El mercado libre es el mejor instrumento para la concertación plena de la acción humana. Es la libertad puesta al servicio de la libertad. La mejor manera de cuidad la libertad es que la libertad se cuide a sí misma. Los hombres de estado, los supuestos garantes de la libertad son sus verdugos, los impulsores de la esclavitud. Bajo cualquier sistema de gobierno centralizado, las personas se vuelven esclavas y son explotadas por sus gobernante. Por ello la descentralización puede ser un camino hacia la liberación plena. La liberación plena cobra justificación social por el inquebrantable vínculo entre prosperidad y libertad.


1Expresíon y énfasis agregado por el autor de esta nota.

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lunes, septiembre 25, 2023

Metateoría de la Acción Humana

Si fuéramos meros observadores de las teorías hoy disponibles sobre la acción humana, encontraríamos no más de cuatro teorías praxeológicas desarrolladas, con cada una de ellas estudiando un aspecto particular del orden social: la economía, la política, la guerra y la ética. Las demás publicaciones y libros escritos hasta la fecha abordan otros aspectos de la acción humana, tales como los juegos y las votaciones, mediante enfoques teóricos incompletos. Todo este fenómeno teórico, incluido lo aún no descubierto, es lo que podría denominarse [el] fenómeno praxeológico humano.

Como meros observadores científicos del fenómeno, primero trataríamos de encontrar un rasgo común que distinga y represente al menos las teorías ya desarrolladas. Luego intentaríamos elaborar un modelo que de alguna manera permita, haciendo ciertos ajustes, reproducir los resultados observados en cada una de estas teorías en particular. Finalmente ejecutaríamos repetidamente el modelo para ajustar sus parámetros siguiendo las coincidencias entre las salidas obtenidas y los resultados teóricos observdos. El modelo así calibrado sería un metamodelo sobre las teorías de la acción humana. Se dice un metamodelo porque el metamodelo definitivo no podría obtenerse sólo con datos generados por humanos.

¿Qué características generales debería reunir un metamodelo que permita registrar aquellos aspectos más relevantes del fenómeno praxeológico bajo observación?

Una de las metateorías hoy disponibles podría ser la derivada del axioma de la acción de Mises. Esta, al ser una teoría lógica proposicional, es semánticamente completa pues todas sus verdades lógicas son teoremas del sistema, aunque es sintácticamente incompleta. Además, esta teoría es consistente, decidible y compacta. Esta versión axiomática, al ser una teoría general de la elección humana, es una teoría lógica imprecisa en el sentido de que los teoremas de las teorías particulares sólo se derivan al agregar condiciones especiales de la acción humana. Más allá de los detalles de esta metateoría, el axioma de la acción no puede funcionar como un metamodelo de la metateoría porque en sí no es un modelo sino un axioma.

Un metamodelo tendrá que rescatar al menos algún rasgo universal del fenómeno praxoelógico. La acción humana es un fenómeno caracterizado por relaciones complejas entre las personas viviendo en sociedad. En su nivel superficial, esta complejidad parece dominada por relaciones de recreación, de producción y de comercio. Aunque en un nivel más profundo y menos evidente, todas ellas expresan intrincadas relaciones de intercambio.

Los humanos se relacionan para intercambiar y éste parece ser un rasgo distintivo. Los intercambios hacen de la vida humana una experiencia más llevadera y satisfactoria. Por ejemplo, en la recreación abundan los intercambios ocio/producción, en la producción abundan los intercambios productos/medios de producción y en el comercio de bienes abundan los intercambios medios de producción/medios de satisfacción.

Cuanto más y más personas se involucran en relaciones con otras personas, lo que últimamente hacen es intensificar y extender sus intercambios beneficiosos. Así, por ejemplo, los intercambios espontáneos generan condiciones ideales para crear riqueza y prosperidad. Impulsados por la ley de ventajas comparativas, las personas eligen concertar sus actos voluntaria y pacíficamente intensificando y extendiendo todas sus relaciones de intercambio hasta alcanzar una configuración de cooperación social de pleno desempeño y máximo beneficio. La evolución de las relaciones de intercambio y las leyes que las rigen, da origen a lo que se llama cataláxia que, a fines prácticos, puede considerarse equivalente al fenómeno económico de mercado.

Pero, siempre que un grupo de personas se involucran y se organizan entorno a complejas y beneficiosas relaciones de intercambio, por esa misma ley de ventajas comparativas derivada de la distribución desigual de aptitudes y dotaciones, surgirá un subgrupo de ellos que intentará aprovechar esa situación para extraer beneficio simplemente controlando e imponiendo reglas sobre esos intercambios. De este hecho se derivan el estado (el monopolio institucionalizado de coerción), la política (la aplicación de coerción unilateral dentro de la sociedad) y la guerra (la competencia extrema por el monopolio de coerción), todos ellos aglutinados como una estrategia para organizar la coerción.

En un razonamiento lógico en lenguaje natural, el establecimiento definitivo de relaciones sociales violentas puede enunciarse en forma de un teorema: en cada orden social, siempre surge un pequeño grupo muy competitivo aplicando coerción, aplicando violencia, la cual se organiza y emplea como medio para extraer recursos de los demás. Este grupo impone aquellas reglas de relaciones sociales que provocan el máximo drenaje de riquezas desde el sistema de cooperación. Los agentes de la coerción se llaman políticos, o gobernantes, y sus actos forman la acción política.

La política como proceso, es la obtención de recursos por medios violentos. Con la acción política se crea un nuevo tipo de relaciones de intercambio, dentro de la sociedad, donde un reducido grupo socialmente improductivo (los políticos), con el único propósito de extraer recursos ajenos, imparte coerción sobre el resto de personas que cooperan en sectores productivos generadores de riqueza y prosperidad. Políticos y gobernantes consumen prosperidad humana que es robada al resto de los involucrados que la generan.

La guerra es prima-hermana de la política. Políticos y gobernantes son los hacedores de la guerra. Son los gerentes de su manufactura. Para hacer la guerra se usa exactamente el mismo ingrediente empleado para hacer la política: la coerción organizada. Durante la guerra, políticos y gobernantes intensifican y extienden las relaciones coercitivas al extremo de condicionar casi toda acción humana interna a las exigencias de la guerra. La producción, la logística, el financiamiento, la moneda, el comercio, la energía, los negocios, la seguridad, la salud, la educación y demás, todo, se ordena al servicio de la guerra. Políticos y gobernantes se vuelven súper-poderosos mientras el sistema de cooperación completo queda tutelado por esos superpoderes. Durante la guerra, políticos y gobernantes llevan la coerción al extremo con el afán de extender sus dominios sobre otras sociedades.

La ética, es la hermana gemela de la economía. Tienen el mismo germen, la misma génesis. Las relaciones de intercambio éticas están sustentadas en los mismos principios voluntarios y pacíficos de la economía: las ventajas comparativas, la no agresión y la propiedad privada. Las relaciones estudiadas y promovidas por la ética son opuestas a las relaciones impulsadas por la acción política y la acción de guerra. Las relaciones coercitivas y violentas no pueden ser éticamente justificables.

El rasgo más sobresaliente de la teoría ética es que logra demostrar que la única regla ética justificable es aquella de la propiedad privada basada en los principios de universalidad, de no agresión y de primera apropiación. Toda regla ética que intente crear nuevas relaciones de intercambio entre las personas debe respetar estos principios. Las relaciones de intercambio sujetas a reglas éticas y económicas son las más fructíferas de la cooperación social. Una economía funcionando con la regla ética de la propiedad privada tiene el potencial de generar prosperidad perpetua.

Las relaciones de intercambio constituyen una característica fundamental de nuestro fenómeno. Entonces, un modelo de él tendrá que reunir en su estructura aquellos elementos que las crean, preservan y transforman. Un metamodelo tendría la forma de un complejo de reglas que al ser aplicadas sobre las relaciones de intercambio tienen la propiedad de crear, preservar y transformar dichas relaciones. Este metamodelo, no puede ser un modelo metamatemático ya que el fenómeno observado no es el fenómeno matemático. Pero sí puede tener un aspecto simbólico, pues en sentido abstracto general con el modelo se intenta obtener algo al aplicar algo sobre algo. Bajo esta consigna, el metamodelo se puede expresar como una regla de transformación:

{R}({r})—>{R, r}

donde R y r son metavariables que representan reglas y relaciones, respectivamente.

Esta primera aproximación al modelo del fenómeno praxeológico dice que, a juzgar por lo que se observa de sus teorías, un proceso praxeológico se puede expresar como una colección de reglas que aplicadas sobre una colección de relaciones de intercambio estaría generando una colección de reglas y relaciones siendo estas últimas, las reglas y relaciones a ser empleadas en el paso siguiente del proceso. Un sistema que aplica reglas sobre relaciones y que genera nuevas reglas y relaciones. Entonces, conocidas las reglas y relaciones iniciales en una sociedad, la ejecución del proceso representado por el metamodelo permitiría conocer la evolución de la configuración del sistema social considerado.

Una simple ojeada induce a reflexionar sobre el vasto e inexplorado campo de estudio que podría surgir al especificar distintas aplicaciones que tienen la estructura del metamodelo propuesto. En principio las posibilidades son interminables. Imagine otros metamodelos, con estructuras distintas. Imagine la complejidad que podría surgir en el proceso luego de billones de billones de iteraciones, aunque la regla, el metamodelo, resalta por su trivial simplicidad! Así puede quedar caracterizada una metateoría de la acción humana.

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jueves, diciembre 15, 2022

Ausencia de Coerción

El ser humano es libre si desarrolla su vida, sus actos humanos, en ausencia de coerción. La vida en ausencia de coerción puede transcurrir bajo dos condiciones contrapuestas: viviendo en autarquía o viviendo en sociedad. Bajo condiciones de autarquía, la ausencia de coerción es inmediata porque las personas no mantienen vínculos sociales, no hay acción concertada. Pero la vida en sociedad es distinta, porque al concertar acciones surge la posibilidad de coerción y violencia de unos contra otros.

Vivir bajo autarquía es como vivir en las cavernas. En principio no hay coerción ni violencia pero se anula toda posibilidad de prosperidad y evolución. Cuando estos humanos primitivos se cruzan, se desatan eventos agresivos. Así se instala la violencia permanente y el caos que aniquilan a la especie. Bajo estas condiciones primitivas pudo ocurrir la extinción de algunas estirpes prehumanas. La autarquía es un enemigo para la sociedad en una especie consciente, como la humana.

Para prosperar y evolucionar, el ser humano debe cooperar, debe concertar sus actos, debe vivir en sociedad. Pero la vida en sociedad trae consigo la posibilidad de coerción y violencia. Para evitar esto, el humano tendrá que seguir ciertas reglas exigidas para una cooperación exitosa y beneficiosa. Estas reglas sociales se llaman leyes praxeológicas. Estas leyes son reglas prácticas, no creadas por el hombre, que las personas deben observar y cumplir si pretenden actuar de manera pacífica en sociedad.

La agresión, la violencia y las guerras son una constante en la vida social del ser humano. Es como que siempre que surge una sociedad, también surge la violencia. No hay excepción ni en la historia ni en el mundo. No se tiene registro de una civilización no violenta. En principio, sólo en principio, las mieles de lo que puede ser una sociedad pacífica siempre terminan en un caldo para cultivar violentos.

Si la receta para prosperar y evolucionar es tán simple, tan evidente, ¿por qué el hombre no la aplica? ¿Por qué el humano es un ser agresivo y violento? ¿Es inevitable la violencia en sociedad?

La observancia de leyes praxeológicas es el prerrequisito del hombre libre. El humano que actúa fuera de estas leyes provoca agresión y daño en el proceso de cooperación voluntaria, destruye la libertad. Destruir la libertad es equivalente a destruir la propiedad, todo aquello que un ser libre puede crear y lograr. Este fenómeno social destructivo de la propiedad detiene la prosperidad y evolución humana. Al final de cuentas, si el hombre sometido y esclavo fuera tan productivo como el hombre libre pues entonces la coerción no tendría efectos sociales negativos y, dado esto, toda civilización pujante sería una tiranía absoluta.

El hombre sabe, por las leyes praxeológicas, que la libertad y la coerción son antagónicas, sabe que la coerción destruye la libertad. El ser humano aprende estas leyes no de la lectura, sino de la lógica de la acción humana. La concertación de sus actos, la cooperación, le muestra los límites dentro de los cuales él se vuelve socialmente libre, en donde esos actos son beneficiosos a tal extremo que cada persona puede distinguir esos beneficios sin ambigüedades. Así nace el intercambio, el comercio, los contratos, las organizaciones productivas, las asociaciones, las ciudades, la industria, etc. Bajo la tutela de estas reglas praxeológicas germina cualquier civilización.

Pero este germen civilizador significa riquezas, beneficios, satisfacción. Y si un humano no alcanza estos logros integrándose a la civilización pues entonces los intentará obtener atacando la concertación voluntaria del acto humano. Aquí irrumpe la coerción y el robo. La coerción es el instrumento para la apropiación violenta del logro ajeno, para la transferencia violenta de aquella propiedad alcanzada por el ejercicio de la libertad. El sistema totalitario de mando-obediencia justifica la coerción, simplemente porque este sistema no funciona sin ella. Pero en una sociedad libre la coerción siempre es dañina e injustificable.

La injustificabilidad lógica de la coerción lleva a la organización de la violencia. Los violentos saben que su violencia aislada y espontánea es impracticable, pues a la larga se los descubre y castiga. La única posibilidad para aplicar violencia sistemática en una sociedad es mediante un súper aparato coercitivo, mediante la institucionalización monopólica de la coerción: a través del estado. Esta institución monopólica es la razón de ser del estado. El estado es una creación de los violentos para aplicar su violencia.

El extremo de la coerción se da cuando se anulan por completo la libertad y la propiedad privada, lo cual ocurre en el comunismo/socialismo. En esta situación, una élite totalitaria se apropia de todos los logros, de toda la vida de las personas. Esta servidumbre total jamás puede alcanzarse sin un monopolio de la coerción y por esto todo político, todo totalitario, es estatista y nunca libertario. Por esto mismo, ningún libertario es estatista.

Hoy en día, las sociedades del mundo transitan una encrucijada, un cruce entre el camino de la esclavitud y la explotación y el camino de la libertad. Le toca a la democracia ser el campo donde se libra una batalla encarnizada entre el totalitarismo y la libertad, entre el sometimiento y la liberación. Las democracias del mundo, lejos de fomentar la libertad y el libre capitalismo, son un fertilizante donde germina y se desarrolla el totalitarismo comunista/socialita, son el abono de la coerción y la violencia. Los gobernantes atrapan a las masas con su estructura clientelista, las seducen con falsos privilegios hasta que cada persona se vuelve dependiente de la servidumbre estatal. La democracia es completamente funcional a esta estrategia totalitaria. Todos sabemos el final de esta historia: decadencia, miseria, guerras y atrocidades humanas.

Pero cada hombre, cada ser humano que integra las masas, es consciente de sus actos. Ellos se dejan seducir y atrapar por falsos profetas de la prosperidad, ellos adoran a sus propios verdugos, a sus propios explotadores. Ellos saben que al final del camino totalitario su descendencia será esclavizada, explotada y aniquilada. Ese es el destino final del totalitarismo: se lleva puesta civilizaciones enteras. Esta es una excusa más que suficiente para educar y vivir bajo los principios de la libertad.

El faro que hoy ilumina la ruta de la libertad tendrá que brillar con más potencia para despejar las dudas en las mentes y corazones de aquellos que deben elegir el camino a seguir. Las opciones son muy claras: libertad o explotación. La gran batalla, la última tarea del libertario, es mostrar al mundo entero que el camino de la libertad es la mejor opción y que la única forma de transitarlo exitosamente es bajo ausencia de coerción.
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martes, noviembre 22, 2022

Probar con la Libertad

Una persona es libre si actúa en ausencia de coerción sea esta sistematizada o aislada. La noción de libertad adquiere significado en el contexto social; la libertad de cada miembro implica, requiere de, la libertad de los demás. La coerción sistemática es ordenada y ejercida desde el estado, desde el monopolio de compulsión y coerción; la coerción aislada es eventual y ejercida desde fuera del estado. La coerción estatal es perenne mientras que la eventual es efímera. La coerción elimina la libertad y, al hacerlo, destruye la propiedad, destruye la capacidad para generar y acumular riquezas y prosperidad. Con el paso del tiempo, la coerción destruye civilizaciones enteras porque elimina todo incentivo para producir y prosperar.

¿Por qué impedir que las personas resuelvan sus problemas económicos en el mercado, sabiendo que el mercado fue inventado para eso? ¿Por qué impedir que cada demanda se acomode a una nueva oferta? ¿Por qué impedir que la libre oferta responda a nuevas demandas? ¿Por qué impedir que nuevos emprendedores anticipen necesidades e inversiones para atender esas demandas? ¿Por qué impedir que las personas elijan aquellos emprendedores que mejor atienden sus nuevos requerimientos? ¿Por qué impedir que el éxito/fracaso, el premio/castigo, dirijan la libre concertación de actos humanos? La respuesta a estas interrogantes es: por el saqueo y la explotación.

Desde los estados, los gobiernos se empeñan en obstaculizar y anular el mercado. La compulsión y coerción estatal pone en los gobernantes la permanente tarea de apropiarse y vivir de lo ajeno, de obtener satisfacción robando medios y recursos de otras personas. Cualquier gobierno es un lastre social, un parásito que vive del esfuerzo del otro. De todo aquello que Usted habitualmente utiliza y vive, pregúntese ¿qué viene del estado?; siempre llegará a la misma conclusión miserable: absolutamente nada. Todo lo que a Usted le da satisfacción última proviene del libre esfuerzo y la libre concertación humana.

En un estado absolutamente totalitario, en el comunismo/socialismo, no existe propiedad privada, no existe libertad ni existe mercado. La ausencia de mercado provoca el colapso de cualquier sociedad. La coerción es, literalmente, el enemigo de la cooperación voluntaria, el enemigo de la sociedad. El estado instituye a los gobiernos como un enemigo social, como un instrumento para saquear y explotar a las personas que habitan un territorio. Ese saqueo es compulsivo/coercitivo. El estado es la gran manufactura de saqueo y explotación. Por simple deducción, una sociedad bajo el dominio del estado nunca es una sociedad libre y siempre es una sociedad autodestructiva.

¿Por qué el humano persiste en este desafío autodestructivo? Simplemente porque la libertad lo hace posible. El impulso a ser libre, a la concertación voluntaria de sus actos, tiene que ser dominante en el humano. De otro modo la especie humana se extinguiría. La libertad es como una cualidad pura de la mente humana porque vive en su voluntad. La voluntad, junto con la razón y la lógica, generan la conciencia del ser libre. Tal cualidad no se puede borrar ni anular porque está impresa en la mente de cada persona. Por esto la libertad domina y permite a los humanos encontrar la vuelta para superar cualquier obstáculo interpuesto desde la coerción, especialmente desde la coerción estatal.

Más allá de las supuestas buenas intenciones bajo las cuales el estado se logra instituir, el monopolio de la coerción lo vuelve autodestructivo porque la pretensión de vivir de lo ajeno, de vivir sin el esfuerzo propio, queda garantizada bajo este monopolio. Aquí surgen los socios, tanto incondicionales como oportunistas, del estado. El estado, coerción de por medio, les garantiza sustento y algo de prestigio a cambio de lealtad y obediencia. La lealtad y obediencia son tan importantes en los sistemas de gobierno, que en política aparecen como palabras clave: en escuelas, colegios y universidades se enseña que los desleales al gobierno y al estado, los desobedientes, son traidores a la patria.

Pero, en este contexto , tanto desleales como desobedientes son la última esperanza para la humanidad; sin su coraje, sin su decisión y buen juicio, la humanidad toda estaría perdida y empobrecida al extremo. A pesar de la coerción, el humano se las ingenia para crear bolsones libertarios y, desde esa posición, generar riquezas y prosperidad. El mundo libre, la cooperación voluntaria, es el único medio humano para subsistir y evolucionar, es el único atajo para sortear el tenebroso destino asociado a la coerción. Cuando una sociedad queda estrangulada bajo el yugo lacerante de la coerción, es oportuno recordarle a los humanos que siempre vale la pena Probar con la Libertad.
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miércoles, noviembre 02, 2022

Omnipresencia de la Moneda

La moneda o dinero1 es algo omnipresente en la vida cotidiana de cada ser humano. La sociedad, la acción concertada, es inviable sin moneda. Cualquier acto concertado entre humanos involucra intercambios (de recursos, de materiales, de cosas, de tiempo, de servicios, de medios, etc). Sin intercambios no hay sociedad posible. Un intercambio entre partes es una manifestación, un evento, de doble coincidencia, en donde ambas partes aceptan entregar y recibir algo a cambio. El dinero es el instrumento que permite universalizar la doble coincidencia: los miembros de la sociedad siempre aceptan dinero a cambio de lo que entregan. Pero cuidado, lo que en la sociedad contemporánea se impone como moneda, no es una moneda.

La moneda no surge del acuerdo o contrato entre partes. No se crea por decreto del autócrata, ni resolución del burócrata. No surge de la política, del gobierno o la religión. No es un instrumento de fé. El dinero fue inventado, objetivamente, por las personas cooperando en el proceso de mercado. El dinero es un sofisticado elemento cataláctico. La moneda fue catalácticamente creada al facilitar la concertación de actos humanos voluntarios.

En el proceso de mercado, en el proceso de concertación de acción humana para atender insatisfacciones, algunos de los medios que los humanos intercambian se vuelven más demandados que otros no para producir ni para consumir ni para atesorar, sino para ser intercambiados en el mercado, para ser usados como medio de pago. Con el paso del tiempo, uno de estos medios queda como el más demandado por sus sobresalientes cualidades de cambio, dando lugar a lo que se denomina moneda. Así surgieron el oro y la plata como las únicas monedas que hoy dispone la humanidad.

Toda otra cosa a la cual se le llama moneda, no lo es. El papel fiduciario y cualquier otro instrumento fiduciario que hoy imponen los gobiernos como moneda de curso legal (legal tender), NO es moneda. No es dinero.

El papel fiduciario es un fraude, una estafa piramidal perfecta. Una estafa piramidal perfecta es aquella avalada e impuesta mediante dictados y decretos del gobernante. El gobierno declara como moneda al papel o instrumento fiduciario que él mismo impone por decreto, cuya emisión nadie controla y por cuyos abusos nadie juzga. ¿Quién está por encima de una legislación como para juzgar las tropelías que se cometen bajo el amparo de tal legislación?. Nadie. Una estafa perfecta!.

El papel fiduciario es una estafa porque el gobernante te obliga a emplear como moneda algo que él emite y dice tener un determinado valor que él mismo se encarga de destruir con subsecuentes emisiones de ese algo. Una trampa mortal!. Es piramidal porque los de arriba, los gobernantes que emiten, se benefician en el primer intercambio, mientras toda la base de una pirámide social se perjudica en intercambios posteriores.

El papel fiduciario es la pseudo moneda que los gobernantes imponen en todo el mundo. La humanidad toda quedó presa en esta jaula. ¿Cómo se cae en esta desgracia?.

El dinero fiduciario es, para los gobiernos, la gallina de los huevos de oro. Lo único que precisan para apropiarse del dinero es el monopolio de la violencia, el monopolio de compulsión y coerción. Desde esa posición de poder absoluto, los gobernantes imponen e imprimen todo el dinero necesario para financiar sus emprendimientos. En el interín permiten la generación de riquezas privadas que luego sustraen vía imposición y emisión. Cualquier sociedad que se organiza en torno a un gobierno queda condenada a esta expoliación fiduciaria, salvo que el proceso cataláctico encuentre una moneda sustituta.

Con la ayuda tecnológica, ese sustituto ya apareció: las criptomonedas. Su tecnología se llama blockchain. Las criptomonedas pueden funcionar perfectamente como medio de pago privado, no coercitivo. El proceso cataláctico de las criptomonedas opera al margen de la contaminación gubernamental. Los gobernantes no pueden apropiarse de un medio de pago que funciona de manera autónoma y descentralizada. Una persona puede generar semillas criptográficas para encriptar su billetera electrónica, memorizar esas semillas en su mente, eliminar la billetera, moverse por todo el mundo y activar el acceso a su dinero regenerando su billetera desde las semillas memorizadas. Una forma muy creativa de mover la riqueza y neutralizar el olfato de los sabuesos del gobierno.

El sistema bancario, el hermano gemelo del sistema fiduciario del gobierno, no puede visualizar, ni registrar, ni impedir ni interferir criptopagos. El fenómeno es estrictamente privado; el gobierno sólo puede competir con él. Es cuestión de tiempo, de algunas generaciones, para que la sociedad transite el camino completo desde el sistema de pagos con dinero falso al sistema de criptopagos.

Este cambio significará el ocaso, la eliminación de todo esquema social compulsivo coercitivo. Surgirá un nuevo orden social voluntario con su sistema productivo completamente privado. En este contexto, la producción y administración monetaria ocurrirá en el ámbito de privacidad estricta. En esta nueva etapa de la organización social, la humanidad toda recuperará esa tan beneficiosa Omnipresencia de la Moneda.


1 Moneda y dinero son términos generalmente empleados para referirse a lo mismo: un medio de pago voluntariamente aceptado en el mercado.
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viernes, octubre 21, 2022

Génesis Praxeológica

Al emprender una investigación sobre un campo particular de la praxeología se procede al estudio teórico de la conducta humana, los actos humanos, bajo ciertas condiciones especiales. Desde la perspectiva teórica, estudiar la conducta humana quiere decir distinguir aquellas implicancias lógicas (necesarias) derivadas del axioma de la acción al presuponer que las personas actúan bajo esas condiciones inicialmente especificadas. Esas condiciones iniciales tienen la función concreta de definir un campo de la teoría de la acción humana sabiendo que sus campos en sí tienen un germen común: el humano actúa.

Por ejemplo en economía, en teoría económica, se estudia la acción humana y la cooperación social bajo condiciones de cálculo económico o cálculo monetario. La situación canónica, el caso puro, es la acción individual y la cooperación social irrestricta con moneda, algo que se conoce como la teoría del libre mercado. Al mismo tiempo, también se requiere estudiar el caso donde no hay cooperación social (Robinson Crusoe o individuo autárquico); el caso de cooperación voluntaria sin moneda (trueque); el caso de cooperación social compulsiva sin moneda (socialismo); y el caso de cooperación social intervenida por los gobiernos (intervencionismo). En general, el estudio teórico de la acción humana bajo situaciones donde hay intercambio forman el gran subcampo de la teoría económica denominado catalaxia: la teoría del intercambio (de la cooperación) con y sin moneda.

Las implicancias lógicas obtenidas al aplicar el axioma de la acción a cada una de estas situaciones económicas permiten elaborar las leyes praxeológicas para la economía. Elaborar estas leyes fue el gran logro de Ludwig von Mises al desarrollar la praxeología y su hija primigenia, la economía. Las leyes económicas exponen al caso canónico como el único praxeológicamente consistente con la preservación de la vida y la evolución humana; las personas actuando bajo condiciones de libre mercado siempre observan las leyes praxeológicas; mientras que el resto de las opciones ofrecen prestaciones económicas mucho menos beneficiosas para la vida social de las personas, situaciones estas que conducen al caos, al colapso de la acción concertada. El sistema de cooperación voluntaria bajo ausencia de violencia es el único económicamente exitoso; su lógica lo garantiza, y los resultados consecuentes así lo confirman.

¿Qué ocurre cuando las personas actúan e intentan cooperar bajo condiciones de violencia unilateral, bajo condiciones en donde un poder asimétrico somete a los demás? ¿Qué consecuencias lógicas se podrán anticipar al aplicar el axioma de la acción a una situación social donde un grupo de personas organiza la cooperación social para vivir y prosperar empleando los recursos de otros humanos? El conocimiento de aquí obtenido es lo que determina la teoría praxeológica de la política. La elaboración de esta teoría es el gran aporte de Matei A. Apăvăloaei. Para Apăvăloaei la acción política es una acción extractiva, un saqueo, una partida de suma cero, que resulta cuando un grupo ejerce violencia unilateral sobre otro. La política establece, desde su génesis, el germen de la destrucción social. El axioma de la acción predice el colapso social definitivo luego de que generaciones y generaciones de humanos se han sacrificado a tal extremo que un último evento destructivo termina con esa civilización fallida constituida sobre una base de violencia y saqueos. Así caen los imperios y así se observa en sus ruinas cadavéricas. El aparato extractivo se vuelve tan costoso, tan oneroso y contraproducente, que al final lo aniquila todo.

¿Qué ocurre cuando las personas intentan cooperar bajo el dominio de fines arbitrariamente establecidos, los cuales se imponen desde centros de poder organizados? Al aplicar el axioma de la acción bajo estas condiciones para actuar y cooperar, uno puede derivar aquellas consecuencias lógicas asociadas a dicha arbitrariedad. En estas circunstancias aparece la necesidad de considerar una situación canónica en la cual los fines últimos para cooperar queden determinados y justificados praxeológicamente, como enunciados apriori, por la intervención de la razón. El desarrollo de esta situación es el gran desafío y, a la vez, el gran logro de Hans Hermann Hoppe. Hoppe desarrolló la ética praxeológica, logrando establecer las leyes de la moral como juicios apriori justificados por su validez racional. Para Hoppe, la única ética justificable es la ética libertaria. Cualquier ética no libertaria es no justificable mediante la razón; adicionalmente, Hoppe establece que el desempeño de la vida social humana bajo la ética libertaria no puede ser superado por ninguna otra combinación de supuestas leyes morales. Bajo condiciones libertarias, la ética económica es la ética de la propiedad privada de los medios de subsistencia siendo esta ética la justificación última del libre mercado.

Del mismo modo en que se especifican las condiciones iniciales para el estudio de la acción humana por parte de la economía, la política y la ética, es posible especificar las condiciones y evaluar los derivados al aplicar el axioma de la acción cuando se elaboran las teorías praxeológicas de los juegos, de la guerra, de las votaciones o de cualquier otro aspecto especial de la vida social del ser humano. Este método, ordenado y sistemático, permite abordar el estudio teórico en distintos campos de la acción humana y constituye uno de los elementos fundamentales de la génesis praxeológica.
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miércoles, agosto 10, 2022

Atraso Argentino

La sociedad Argentina actual se ve como transportada al pasado. Se ve como observada desde una distancia mayor a 200 años luz. Este retroceso se trata de un fenómeno social y viene ocurriendo con la nueva democracia, la cual se sostiene con el aval de mayorías sociales. Algo ocurrió en la sociedad Argentina que degradó las perspectivas de vida de sus habitantes a estándares previos al siglo XIX. Un retroceso, traído por la democracia, que hoy persiste en el seno del supuesto sistema de cooperación social. Leer Todo.

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viernes, julio 15, 2022

El Problema Económico

El individuo, cada ser humano, se encuentra en un estado invariante de insatisfacción. Esta es la condición permanente de cada persona. El estado de saciedad es sólo una construcción imaginaria que sirve como referencia para representar un estado de cosas que se pretende alcanzar. La escasez de medios, de recursos, disponibles para atender insatisfacciones junto a la persistente voluntad por subsistir y evolucionar lleva a cada ser humano a generar infinidad de estados subjetivos de insatisfacción.

Por la escasez e insatisfacciones, el humano se involucra en el desafío permanente de utilizar los medios lo mejor posible al atender insatisfacciones. Al involucrarse en este desafío, el problema permanente que cada ser humano está obligado a abordar es el de no atender sus necesidades más urgentes porque emplea sus medios, escasos, para atender necesidades menos urgentes. Este es el problema económico.

El problema económico no se reduce estrictamente a usar medios para producir bienes finales e intercambiar y usar estos bienes para satisfacer necesidades. Esta es la etapa final del problema. El núcleo del problema es obtener, intercambiar y emplear más y más medios para producir más y más medios e intercambiar y emplear estos medios para generar más y mejor satisfacción final. El núcleo del problema es un fenómeno de intensa industrialización expansiva de medios de producción, un problema de generación de riqueza. Este problema es de simple resolución a nivel individual, a nivel microeconómico, pues la persona conoce sus necesidades más urgentes y sus medios al momento de involucrarse en el desafío de producir medios para producir otros bienes. La aritmetización, el cálculo monetario, es la única herramienta que asiste a cada individuo al abordar exitosamente la resolución de su problema microeconómico.

La vida social le ofrece a cada ser humano mejores alternativas para abordar su problema económico. En sociedad surgen más y mejores posibilidades de resolución porque se pueden producir y emplear más y mejores medios, las personas tienen más oportunidades para interactuar y para atender sus insatisfacciones. La vida en sociedad, la acción concertada bajo la división del trabajo, se vuelve una fuente de nuevas posibilidades que están ausentes en la situación autista y endogámica. Pero no cualquier esfuerzo compartido es mejor. Las nuevas posibilidades surgen en sociedad siempre que cada persona atienda voluntariamente sus insatisfacciones atendiendo lo mejor posible las insatisfacciones de los demás. Este sistema de satisfacción interpersonal voluntaria generalizada se logra mediante vínculos contractuales entre los individuos.

Atender lo mejor posible las necesidades de los demás se vuelve de interés supremo para cada persona en sociedad. En tal caso, cada persona valora subjetivamente como satisfactoria, o no, la contribución que los demás hacen al concertar sus acciones e intercambiar medios, ya sea medios que producen medios o medios que producen fines. Estas tasas de cambio expresadas en términos monetarios forman el sistema de precios. Este sistema de precios es la base de la aritmetización que permite encaminar el esfuerzo concertado, bajo la división del trabajo, dirigido hacia aquel objetivo de mejor satisfacción interpersonal.

El libre mercado, la libre concertación de acciones de personas que producen e intercambian bienes entre ellos, no sólo genera esas condiciones para la mejor contribución sino que, con el sistema de precios, también se indica permanentemente a cada individuo sobre la significancia de su contribución. El mercado no dirige la acción humana emitiendo órdenes o decretos. El sistema de precios (la tasa de cambio de lo que se compra y vende) del proceso de mercado reúne y libera permanentemente la suficiente cantidad de información que permite a cada miembro de la sociedad ajustar sus acciones a los requerimientos de la cooperación social. El mercado, el sistema de precios monetarios, simplifica enormemente el cálculo y el problema económico, lo cual vuelve inigualablemente exitosa la concertación anónima de la acción humana.

En cualquier desafío colectivista, contrario al proceso de mercado, la forzada unicidad e indivisibilidad del problema económico lo vuelve extremadamente rígido, complejo e irresoluble. Es precisamente su atomicidad y divisibilidad en el mercado, lo que lo simplifica y lo hace abordable y resoluble desde la perspectiva de la acción humana concertada bajo la división del trabajo. La cooperación no sirve para resolver problemas económicos forzosamente unificados e indivisibles. Los infinitos ajustes, en la coordinación productiva y comercial necesarios para sostener e impulsar la permanente industrialización de los medios, requiere de completa flexibilidad.

Sólo las personas conocen sus insatisfacciones y posibilidades. Los problemas económicos (de usar medios incorrecta e inoportunamente) se vuelven resolubles cuanto más y más cerca de su origen se encuentran. Los problemas económicos se complican enormemente, sus soluciones desaparecen, cuando se agregan arbitrariamente. En el contexto del libre mercado, con precios monetarios, siempre es factible coordinar la resolución de infinitos problemas atomizados. El sistema de precios los coordina. Pero resulta imposible resolver problemas económicos que se vuelven infinitamente complejos por su agregación. En el contexto del libre mercado, con plena distribución y atomización de la acción humana, la coordinación en la resolución de problemas económicos atomizados resulta tán efectiva como exitosa.

Unos de los efectos más sobresalientes del libre mercado, de la acción humana aritméticamente concertada, es la abrupta disminución del riesgo de fracaso. Los fines de la acción humana siempre se dirigen a atender insatisfacciones futuras, algo que todavía no ocurrió. Siempre existe la posibilidad de fracaso, de que el plan sea incorrecto, de que cambien las condiciones de insatisfacción o que simplemente las supuestas insatisfacciones no existan. El plan del director de una aventura colectivista siempre tiene una probabilidad de fracaso. Pero esta probabilidad se desploma casi a cero si el problema económico se fracciona a nivel individual. En este último caso, que es el caso del libre mercado, cada individuo tiene una probabilidad de fracaso, pero la probabilidad de que todos fracasen, la productoria de las probabilidades de los fracasos individuales, se hace cero dada la multiplicidad de problemas que se abordan a nivel individual. Este es el efecto certeza del mercado.

Hay diversas maneras de entorpecer o anular el proceso de mercado. Por ejemplo, las acciones políticas y las votaciones son instrumentos operativos para el sometimiento y dominación social por parte del estado y sus gobernantes. Las votaciones, la elección de jefes y autoridades, suele ser la única acción concertada entre personas de una sociedad dominada por la hegemonía del aparato compulsivo coercitivo del estado, el gobierno. Bajo la hegemonía del gobierno, el resto de las acciones no son concertadas sino elegidas y ejecutadas por jefes y autoridades, quienes emiten órdenes a ser incondicionalmente obedecidas por los súbditos, las demás personas de la sociedad. En un sistema social con vínculos hegemónicos, de órden-obediencia, los subordinados no actúan, sino que reaccionan mecánicamente bajo amenazas de sanciones y castigos.

Bajo el dominio de la acción política, se deteriora el mercado, el sistema de precios se contamina con la arbitrariedad de los gobernantes y se deterioran las prestaciones de la cooperación social. El problema económico se centraliza por la acción política y su resolución se vuelve imposible. Lo que finalmente prevalece es la voluntad del jefe, del gobernante. Él elige los fines y ordena aplicar medios para alcanzar sus fines. En este sistema social, la acción humana no se ordena para atender las insatisfacciones de las personas sino atendiendo los caprichos arbitrarios de la voluntad del gobernante. Claramente con este sistema social no es posible resolver el problema económico.
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domingo, marzo 28, 2021

Los Confinamientos son un Ataque a Occidente

La sociedad humana actual se divide en dos grandes ramas culturales: la cultura occidental y la cultura oriental. Geopolítica y culturalmente, todo el continente Americano, el sur de África, toda Europa Occidental, parte de Medio Oriente, Australia y Nueva Zelanda forman la civilización occidental. Europa Oriental, casi toda Asia y gran parte de África forman la cultura oriental. Estas culturas se desarrollan y sostienen sobre principios que resultan antagónicos entre sí. Los intentos de penetración cultural desde una civilización a la otra generan roces y colisiones inevitables derivados, todos, de la incompatibilidad irreconciliable entre ambos principios.

La cultura occidental se desarrolla y sustenta sobre principios Libertarios. La libertad de las personas es la base de esta civilización; las personas son libres, predomina el libre albedrío, la voluntad propia. Si bien sus sistemas de gobierno son intrusivos en lo social e intervencionistas en lo económico, las libertades individuales siempre constituyen un freno, una barrera, de última instancia a las pretensiones abusivas de los gobiernos en cualquier sociedad occidental. Hay un límite que los gobernantes no pueden pasar, hay un abismo donde cae toda pretensión totalitaria de la política: el completo repudio al comando-control, el completo repudio a la orden-obediencia.

Por lo contrario, la cultura oriental se sustenta y desarrolla sobre el flagelo del sometimiento humano, sobre la base del dominio-control, de la orden-obediencia. En esta cultura siempre hay alguien que lo controla todo y somete al resto, siendo esta situación ampliamente aceptada por los súbditos. No hay resistencia. Es una sociedad de amos y súbditos voluntarios; los amos dan las órdenes y los súbditos asienten incondicionalmente. Claramente, la cultura oriental rechaza los principios libertarios; el desprecio de la orden, el rechazo a la obediencia, no tiene cabida en la mente, el corazón y el espíritu oriental.

Tales sistemas culturales son esencialmente incompatibles entre sí; su convivencia es imposible: la persona es o no libre, acepta o no la obediencia. Esto lleva a concluir que los rasgos sobresalientes de ambas culturas no pueden convivir. El libre mercado de la economía occidental es inviable bajo un régimen totalitario oriental; la centralización política oriental es inviable bajo la exigencia libertaria occidental. El gobierno oriental no tolera una sociedad occidental y la sociedad occidental no tolera un gobierno oriental. Es un choque entre la economía y la política, entre la sociedad y la política. Las libertades occidentales no sobreviven bajo la política oriental; las políticas orientales son repudiadas por la libertad occidental.

Aunque su modelo político continúa hoy en día, el modelo económico oriental fracasó. El colapso económico de oriente tiene su expresión cúlmine en la caída del muro de Berlín y el fin de la guerra fría a principios de los 1990 's y con la penetración del capitalismo en la economía China desde principios de los 2000 ’s. La prosperidad económica y social es posible sólo bajo las premisas libertarias de occidente; la economía del dominio-control no funciona, es incapaz de producir satisfacción y atender las crecientes demandas impuestas por una civilización cada vez más compleja y exigente. La calamidad económica y el desorden social bajo el modelo oriental colapsó ante el riesgo de aniquilación total por la falta de alimentos. A oriente no le queda alternativa más que adoptar el modelo económico capitalista occidental. Una exigencia praxeológica para la supervivencia.

Esa penetración del capitalismo económico occidental en oriente puso en alerta a los políticos totalitarios de los países orientales. El capitalismo económico requiere libertades internas mientras que el totalitarismo político exige sometimiento y obediencia. Eso es un problema. El capitalismo bajo presiones totalitarias sobrevive en oriente sólo si mantiene firmes vínculos con el sistema occidental vía libre comercio y libre inversión. De lo contrario colapsa. Esto representa un doble desafío para la política totalitaria oriental pues recibe presiones y amenazas no solo desde los capitalistas que hacen negocios en oriente sino también por las exigencias liberales impuestas desde occidente que deja a oriente sin el control político de sus economías.

Es aquí donde aparece la geoestrategia de oriente. La doble amenaza, económica y política, percibida por los gobernantes orientales, los obliga a reaccionar por el único canal que hoy tienen disponible: la inducción política. Es inviable una guerra, es inviable la invasión, es inviable por su magro desempeño económico; sólo queda inducir un cambio político en occidente. Y no hay muchas posibilidades aquí. Su estrategia implica trasladar el esquema político desde oriente a occidente. Los gobiernos de los países orientales (como Rusia y China) en su afán por aprovechar las mieles del capitalismo occidental y evitar la caída de sus regímenes políticos totalitarios, casi con desesperación, pretenden instalar su sistema político en países occidentales. Algo que está destinado a fracasar desde su génesis, simplemente porque el totalitarismo oriental es socialmente inviable en occidente.

Oriente intenta implementar una estrategia de colonización blanda de las democracias de occidente: la colonización se logra haciendo inevitable el totalitarismo político, afirman. Si se socavan las bases más fundamentales de la sociedad occidental, entonces se podrá derrocar el imperio derivado de la iniciativa individual y así implantar el dominio y control emanado desde las élites políticas más totalitarias. Aquí una pandemia, y sus confinamientos, resultan ser el instrumento indispensable. El reino de la libertad puede ser destronado sólo si se atacan las bases de la sociedad libre: la estabilidad psicológica de las personas. Esa es la lógica geoestratégica de oriente.

Las leyes praxeológicas nos dicen que existe un ordenamiento jerárquico de requerimientos y necesidades. El bienestar derivado de la riqueza material y el confort es un prerrequisito para alcanzar la satisfacción psicológica y espiritual. El ser humano no puede pretender satisfacer sus necesidades más profundas y elevadas sin antes satisfacer sus necesidades más básicas de alimentación, vestimenta y vivienda. El capitalismo permite resolver el problema de las necesidades más básicas. Con los beneficios del capitalismo las personas pueden aspirar a atender sus demandas interiores que hacen a la psicología y la espiritualidad, en donde ni la política ni la economía tienen algo para ofrecer. Esto es lo que falla en las sociedades orientales, pues ellos pretenden abordar el problema interior sin antes resolver el problema exterior de índole estrictamente material. Este último problema es resuelto sólo por el capitalismo, en donde la economía y la política sí que son relevantes.

Como se dijo, el capitalismo es liberador en la sociedad occidental precisamente porque permite al hombre libre resolver satisfactoriamente el problema económico, exterior, lo cual habilita la atención de necesidades interiores sin mayores sobresaltos. Esta satisfacción interior retroalimenta los sentimientos de éxito que las personas le atribuyen a la libertad y así se consolida el fundamento libertario en estas sociedades. Los líderes orientales totalitarios suponen que un golpe sobre la psicología social en la sociedad occidental puede socavar los fundamentos de la libertad, afectar la autoestima de las personas y así allanar el camino para la aplicación de políticas totalitarias que contaminan y deterioran el sistema occidental.

El sentimiento de autorrealización (AR) depende de la autoestima (AE), la autoestima depende del sentido de pertenencia (SP), el sentido de pertenencia depende de la seguridad (S) y la seguridad depende del estatus psicológico (EP) de las personas en la sociedad. Esta satisfacción extramaterial (SE) depende de la satisfacción material (SM). Finalmente, todo queda amalgamado por la libertad; la libertad, como un derivado de la cooperación voluntaria, retroalimenta el esquema virtuoso de satisfacción. Así:

[(AR sóĺo si AE sólo si SP sólo si S sólo si EP) sólo si SM] sólo si LIBERTAD.

En cualquier sociedad humana, la libertad es causa, implicancia necesaria, de satisfacción. Este esquema lógico de satisfacción nos dice, por ejemplo, que un ataque al status psicológico deteriora, por efecto cascada, la autorrealización de las personas. Del mismo modo, cualquier ataque o deterioro de las libertades tendrá efectos devastadores, por retroalimentación circular, sobre la satisfacción.

La lógica geopolítica de los totalitarios orientales presupone que un desbalance psicológico en la sociedad occidental genera una pérdida de confianza en el sistema capitalista, lo cual afecta la autoestima y provoca una menor valoración de las libertades individuales. Así justifican cualquier intervención política totalitaria que destruya la satisfacción, pues las personas insatisfechas y decepcionadas pierden su interés por las libertades individuales abriendo paso a la intervención y sometimiento. Por esta vía surgen y florecen los esporádicos regímenes totalitarios autóctonos en occidente: se provoca la insatisfacción mediante pobreza e inseguridad para luego justificar la mayor intervención totalitaria en la vida económica y social de las personas. Así persisten las autocracias en Cuba, Venezuela, Nicaragua, El Salvador, Bolivia y Argentina: servidumbres programadas.

Los encierros son completamente funcionales a la lógica totalitaria. Los confinamientos son una acción directa contra las libertades individuales, pues las personas son literalmente privadas compulsiva y coercitivamente de su libertad. Los confinamientos paralizan la principal fortaleza de la sociedad occidental que es su exitoso capitalismo económico. Un deterioro sistemático de la economía, impacta directamente sobre la psicología, el estado de ánimo y el sentido de pertenencia social de las personas lo cual, a la larga, afecta la autoestima y la autorrealización. Los encierros tienen efectos psicológicos devastadores inmediatos. He aquí la gran apuesta totalitaria de Rusia y China: su guerra psicológica contra la libertad. Si ellos logran doblegar el sentimiento libertario, entonces podrán aplicar y afianzar sus políticas de dominio-control, su lógica de orden-obediencia.

No hay invasiones armadas. No hay guerras con armas, ni una guerra fría (amenaza de guerras con armas), ni mucho menos una invasión económica de oriente sobre occidente. La élite totalitaria de oriente sabe que no tiene ni potencia militar, ni potencia intelectual, ni potencia económica para doblegar las libertades de las personas en la cultura occidental. A los totalitarios de oriente, arrinconados por el capitalismo de occidente y las exigencias materiales de sus propias sociedades, sólo les queda la batalla psicológica, un manotazo a ciegas, un intento desesperado por prolongar un rato más su último aliento.

Ocurre que esta batalla psicológica es muy asimétrica. Los totalitarios, que sí están abroquelados con el monopolio compulsivo coercitivo del poder político, enfrentan un escurridizo enemigo atomizado en miles de millones de individuos que nunca dejarán de ser libres bajo presión psicológica por el simple hecho de que ni la economía ni la política tienen algo para aportar en la satisfacción de la libertad. La demanda de libertad se deriva de una necesidad interna y externa a la vez, es algo que vive, se ejerce y se alimenta desde el interior porque tiene el suficiente poder externo de constituir civilizaciones exitosas y pacíficas; ningún encierro, total o parcial, puede anular algo invariante, inmutable y absoluto, que vive en lo más profundo de millones de occidentales. Por esto, el orden social occidental es un ferviente productor de libertades. Entonces, el resultado es inmediato. Pero, más allá del previsible desenlace final, debemos recordar que, en esta batalla de la tercera guerra mundial, Los Confinamientos son un Ataque a Occidente.
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